Finalmente, ninguna estrategia de gestión del agua será viable si no se basa en instituciones sólidas y en una ciudadanía activa. En muchas regiones del país, la debilidad institucional ha permitido el uso inadecuado del recurso, la contaminación sin sanción y la toma de decisiones sin consulta previa. Esto no solo genera ineficiencia, sino también desconfianza y conflicto social.



