. No se puede planificar dónde construir una ciudad, una carretera o una zona agrícola sin considerar la disponibilidad y calidad del recurso hídrico. Lamentablemente, en muchas regiones del Perú se ha priorizado el crecimiento desordenado, lo que ha llevado a la sobreexplotación de fuentes de agua, a la contaminación de ríos y a conflictos entre usuarios. El desarrollo sostenible requiere una planificación territorial que integre al agua como un componente central, no como un dato accesorio.
Ordenar el territorio con enfoque hídrico implica proteger las zonas de recarga, respetar los caudales ecológicos, evitar asentamientos humanos en áreas de riesgo y promover un uso eficiente en todos los sectores. Esto no solo previene conflictos, sino que mejora la calidad de vida y la sostenibilidad de las actividades productivas.Asimismo, la descentralización juega un papel clave. Las regiones y municipios están más cerca de las realidades locales y pueden liderar procesos de gestión del agua desde el enfoque de cuenca. Pero para ello necesitan capacidades técnicas, presupuesto y acceso a información oportuna. No se trata solo de transferir competencias, sino de construir autonomía hídrica con responsabilidad. El desarrollo equilibrado del país depende, en buena parte, de cómo organizamos nuestro territorio en función del agua disponible y de los riesgos climáticos que enfrentamos.