. El agua no solo circula por canales y tuberías; fluye también por los bosques, humedales, páramos y glaciares. Estos ecosistemas son verdaderas fábricas naturales de agua, y su degradación compromete gravemente la seguridad hídrica de millones de personas. Lamentablemente, la deforestación, el avance de la frontera agrícola y la contaminación han alterado los ciclos naturales, reduciendo la capacidad del suelo para infiltrar y almacenar agua.
Por otro lado, el cambio climático ha transformado el comportamiento de las lluvias, intensificando sequías, acortando las estaciones húmedas y generando fenómenos extremos como inundaciones. Ante ello, se requiere una gestión del agua que no solo reaccione ante emergencias, sino que integre principios de sostenibilidad y resiliencia. Las soluciones basadas en la naturaleza, como la reforestación de cuencas, la restauración de humedales y la cosecha de agua de lluvia, deben ganar protagonismo frente a una infraestructura tradicional que muchas veces ha ignorado la dinámica de los ecosistemas.Gestionar el agua desde una perspectiva ambiental significa también reconocer los límites del territorio. No podemos seguir extrayendo más agua de la que los ecosistemas pueden reponer. La sostenibilidad del recurso hídrico, en este eje, no se logra únicamente con obras hidráulicas, sino con decisiones políticas que protejan los paisajes que hacen posible su existencia.