. Tiempo después, cuando
reparas que algo no funciona como debiera, relés el articulado y
compruebas lo complicado y difícil que es el intentar establecer normas
éticas, de debido cumplimiento, para garantizar, de forma equitativa,
los derechos y deberes más esenciales de todos los españoles y su
convivencia democrática.
Cuando te detienes en alguno de los enunciados que recoge el documento
magno, observas los ribetes demagógicos que contiene el articulado de la
Constitución. Son numerosos los ejemplos que así lo avalan, pero como
simple muestra me centraré en los más destacados.
- El artículo 14 señala que: “Todos los españoles son iguales ante la
ley….”. Esto no es siempre verdad y, por tanto, resulta demagógico. Si
eres político, perteneces a la casta dirigente y rezumas aromas de
posibles trapicheos fraudulentos, los comportamientos jurídicos y
fiscales no son los mismos, ni mucho menos, que con los currantea de a
pié o de oposición. Los ejemplos queman.
- Hasta la saciedad se
incumple el artículo 15 que, entre otras cosas, dice: “Todos tienen
derecho a la vida y a la integridad física….”. Más de lo mismo.
Demagogia pura y fría. El aborto es la herramienta ‘social’ que impide
el derecho a la vida agrediendo la integridad física del individuo
gestado.
-El artículo 35 dice: “Todos los españoles tienen el deber de
trabajar y el derecho al trabajo”. Pura demagogia ya que, en realidad,
trabaja quien puede y no quien quiere. Si este artículo se cumpliría con
fidelidad, las cosas no estarían en la situación de caos que padecemos.
-Otro artículo, el 39,
dice: “Los poderes públicos aseguran la protección social, económica y
jurídica de la familia”. Si esto se cumpliría literalmente no existirían
miles familias viviendo en el olvido y en la indigencia. - La
Constitución fija en su artículo 47 lo siguiente: “Todos los españoles
tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”. Aquí la
carga demagógica se hace utopía. Cuando sus señorías, los padres de la
patria, llegaron a esta conclusión, se les olvidó añadir que, para que
el ciudadano normal pueda disfrutar de una vivienda digna o posible,
tiene que poder pagarla, tiene que tener trabajo y, fundamentalmente, se
tiene que hipotecar de por vida con un banco. Y si por cualquier
adversidad de la vida no puedes cumplir los compromisos bancarios, pues
no te quedará otra que vivir bajo el cielo y arruinado. - El
artículo 117 señala que: “La justicia emana del pueblo y se administra
en nombre del Rey por Jueces y Magistrados integrantes del Poder
Judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos
únicamente al imperio de la ley”. Pues eso. Ya nos gustaría a todos que
este capítulo se cumpliera con la independencia aconsejada y, de forma
fulminante, las mediaciones políticas quedarían anuladas. Como se
ve y se constata, los guiños demagógicos van en paralelo con las normas
éticas y derechos fundamentales para la convivencia de los españoles
que recoge la Constitución de 1978. Quizás es hora de revisarla.