Sonrisas y lágrimas

Hace unos días dio la vuelta al mundo la imagen de la ministra de trabajo italiana, Elsa Fornero, llorando al anunciar los recortes que hacía su Ejecutivo. Bien, ya sabemos que los tecnócratas tienen sentimientos pero ¿nos sirve de algo más? Sí, nos sirve para desviar la atención y no hablar de los sacrificios concretos que tendrá que hacer la sociedad para sacar al país adelante. Es una pena que esas lágrimas no fueran porque ella haya renunciado a su sueldo. Que no lo ha hecho. O por imponer el impuesto de bienes a la Iglesia con el que el país recaudaría 2.500 millones de euros,  que tampoco lo ha hecho.

 

. Bien, ya sabemos que los tecnócratas tienen sentimientos pero ¿nos sirve de algo más? Sí, nos sirve para desviar la atención y no hablar de los sacrificios concretos que tendrá que hacer la sociedad para sacar al país adelante. Es una pena que esas lágrimas no fueran porque ella haya renunciado a su sueldo. Que no lo ha hecho. O por imponer el impuesto de bienes a la Iglesia con el que el país recaudaría 2.500 millones de euros,  que tampoco lo ha hecho.
Es curiosa la política italiana, ha pasado de la superficialidad del bunga-bunga y la sonrisa constante de Berlusconi al sentimentalismo más profundo y la lágrima fácil. Y, en el medio, encontramos al sufrido pueblo italiano que aún no sabe demasiado bien qué le espera pero, está claro, que nada bueno.

De momento los italianos han salido a la calle tras el anuncio de recortes, cosa que aquí no ha pasado. El 15-M mantiene sus reivindicaciones pero ha perdido fuelle. En nuestro país los recortes se están asumiendo con una sonrisa y un “es lo que hay que hacer”, “debemos hacer sacrificios” y “somos un gran país”. Frases vacías con las que se intenta convencer a la sociedad de que hemos de pagar dos veces por servicios que ya mantenemos con nuestros impuestos y de que si todos sacrificamos parte de nuestros beneficios saldremos ganando. Todo falacias. Lo que debería pasar es que quien más tiene pague más, que los servicios públicos mejoren su inversión y que la negociación colectiva no la domine la CEOE.  

Pero esto es demasiado pedir a un gobierno del que no conocemos su programa electoral ni las medidas con las que pretende sacarnos de la crisis. De hecho, por no tener la sociedad española no tiene ni el gusto de ver cómo Rajoy suelta una lagrimita. Aunque no hemos de perder la esperanza porque quizás más adelante las lagrimitas las soltemos todos por los recortes sociales… para entonces ya tendremos nuestras sonrisas y nuestras lágrimas.

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales