“Sin voces no hay agua: participación inclusiva y género para gobernar

En la gestión del agua, para pasar de administrar turnos a gobernar el recurso, hay dos llaves que no podemos seguir dejando en el cajón: participación inclusiva e igualdad de género.

 

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Bajo esa premisa, la participación inclusiva no es “invitar a todos a la foto”. En mi opinión, es reconocer que mujeres, jóvenes, pueblos indígenas, usuarios sin licencia, personas con discapacidad y pequeños productores no enfrentan las mismas condiciones ni disponen del mismo tiempo, información o acceso físico para estar en la mesa. La realidad ya nos lo dijo: baja coordinación, conflictos por la distribución del agua y brechas de capacidades. ¿La respuesta? Dejar de hablar en abstracto y poner nombres, números y responsabilidades.

La Ley de Consulta Previa (Ley 29785) y el artículo 2 de la Constitución no son adornos legales: son mandatos. Cumplirlos empieza por montar un sistema de indicadores que mida asistencia real, diversidad en comités y resolución de quejas; depurar el padrón con variables sociales (sexo, edad, tipo de tenencia, vulnerabilidad); e implementar comités rotativos, canales de mediación y materiales accesibles. No es “más burocracia”: es la única manera de que la participación deje de ser decorativa y se convierta en cogobernanza.

Igualdad de género: la brecha que todos ven y nadie mide. El eje social del plan ni siquiera la menciona de frente. Mientras tanto, la Ley 28983 obliga a garantizar igualdad de oportunidades. ¿Cómo materializarlo? Con metas claras: porcentaje de mujeres en órganos y brigadas; co-titularidad de licencias para que tengan voz y voto; formación con módulos sobre derechos y liderazgo; horarios que no choquen con la carga de cuidados; y un protocolo serio contra la discriminación y el acoso. Sin indicadores sobre mujeres en cargos, brecha de asistencia y presupuesto con enfoque de género, todo queda en buenas intenciones.

Esto no es “agenda social”, es gestión inteligente. Con datos desagregados reduces conflictos, legitimas decisiones de caudal, priorizas obras donde más impactan y hasta abres puertas de financiamiento (PSI, GORE, cooperación) que exigen evidencias de participación e inclusión. Con reglas claras, se acortan trámites y se acaba la negociación eterna en los pasillos.

En conclusión, sin participación inclusiva y sin igualdad de género, las organizaciones seguirán administrando agua con el piloto automático.

UNETE



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