El Presidente de Colombia está demostrando que tiene agallas.
Por: Gonzalo Andrés Muñoz.
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Juan Manuel Santos,
así sea a medias y con precauciones oratorias, se ha atrevido a pronunciar la
palabra tabú de la legalización, que es algo que no han hecho ni los más
directos adversarios de los gobiernos norteamericanos.
Juan
Manuel Santos es el primer gobernante en ejercicio, y hasta ahora el único, que
se ha atrevido a plantear la legalización de las drogas prohibidas por los
gobiernos de los Estados Unidos. No a proponerla: dice que, si lo hiciera, lo
crucificarían. Pero por lo menos a plantearla. Y lo ha hecho repetidamente: en
entrevistas de prensa, en discursos en universidades.Aunque
no como hubiera podido con mayor resonancia ante la Asamblea General de las
Naciones Unidas en Nueva York, en septiembre pasado. Allí no se atrevió a decir
que la creciente legalización en la práctica: a través del consumo para uso
médico en muchos estados de los Estados Unidos (empezando por California), y la
descriminalización en varios países de la Unión Europea (Portugal, Holanda),
son medidas hipócritas que ponen todo el peso de la guerra contra las drogas en
los hombros de los países productores, que se destruyen en ella. Ahora, con
motivo de su visita a Londres, el presidente ha sido más directo, declarando a
The Observer y The Guardian que "si el mundo piensa que la legalización es
la solución, le daré la bienvenida. No estoy en contra".Muchos
han sido -hemos sido: los proponentes de la legalización como única y obvia
receta para que a los daños que causan las drogas en el terreno de la salud
pública no se sumen los estragos que provoca la prohibición, de los cuales los
más graves vienen del poderío creciente de las mafias. Muchos hemos sido, pero
gente sin peso: académicos, médicos, economistas, periodistas. O gente con
peso, pero sin agallas: expresidentes latinoamericanos, ex altos funcionarios
internacionales, que nunca se atrevieron a decir nada contra la prohibición
cuando tenían el poder para hacerlo, pero en su retiro vienen a descubrir que
es perjudicial. Especialmente patético es el caso de Ernesto Samper, que dice
ahora haberse dado cuenta ahora de que esa guerra es contraproducente y solo
sirve para justificar a quienes la manejan; pero cuando era presidente de
Colombia (cargo al que llegó gracias a que la prohibición era tan buen negocio
que les permitía a los carteles mafiosos financiar campañas presidenciales a
espaldas de los favorecidos) aseguraba muy serio que su lucha contra las drogas
era fruto "de la convicción, y no de la coacción" ejercida sobre él
por los norteamericanos. Samper no temía que bombardearan Bogotá, como habían
hecho con Ciudad de Panamá unos pocos años antes: pero le aterraba que le
fueran a quitar la visa norteamericana.Y entre
la gente con peso, pero sin agallas, hay que citar también al presidente de los
Estados Unidos, Barack Obama. Cuando era precandidato, consideraba dañina la
prohibición de las drogas. Desde que es presidente, nada al respecto. (Como en
tantas otras cosas: las guerras del Medio Oriente, la reforma de la sanidad, el
cierre de la cárcel de Guantánamo).Santos,
así sea apenas a medias y con precauciones oratorias, se ha atrevido a poner en
discusión el tema. Y el hecho es más sorprendente por cuanto en todos los demás
asuntos es el más sumiso siervo de los Estados Unidos de entre todos los
gobernantes del mundo: las bases militares, el conflicto entre Israel y los
palestinos, el Tratado de Libre Comercio. Se ha atrevido, sin embargo, a
pronunciar la palabra tabú de legalización, que es algo que no han hecho ni los
más directos adversarios de los gobiernos norteamericanos: ni los ayatolas de
Irán, en donde el tráfico de drogas se castiga con la horca; ni los chinos, que
prefieren el fusilamiento; ni el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que
expulsó a la DEA pero insiste en mantener la guerra contra el narcotráfico.
Repito: Santos es el único gobernante en ejercicio que ha desafiado a los
Estados Unidos (verbalmente al menos) en la guerra contra las drogas. Y en eso
tiene, además de agallas, peso específico. Porque en el único terreno en el que
Colombia es una potencia mundial no es el de la moral, como se ha dicho desde
hace tantos años en contra de toda evidencia; sino el de la producción y
tráfico de drogas prohibidas. No es que tenga en consecuencia "autoridad
moral" para opinar al respecto, como afirma el propio Santos. Tal vez
tiene menos autoridad moral que los demás, siendo, como es, una narcocracia.
Pero tiene más experiencia que nadie.Sobre la
posición de los países consumidores frente al debate que se produzca respecto a
la posible legalización de la droga, deben
tener valentía y dignidad.
Luego del silencio que ha mantenido Colombia sobre
este tema, es importante que se abra un debate público y abierto, me parece que ya lo inició el presidente Juan
Manuel Santos, con lo que ha dicho.Para Santos felicitaciones y ojalá no se
eche atrás también en esto.