..De pronto terminó septiembre y ya estábamos pisando los días de octubre. Cruzando como bengala y a la velocidad de un rayo entre la recóndita noche las fiestas patrias acabaron, y así tan rápido como eso, ya está llegando noviembre casi a la vuelta de la esquina. No sé si los días realmente estén escurriéndose tan rápido como el agua entre las rejillas de la alcantarilla, o si los días están siendo relativos a la prisa que advierto por concluir el año. Como si los efectos de un final de año, sucumbieran ante los inicios añorados.Octubre llegó para arrasar con todo, hasta con lo que no, como si viviéramos entre jardines y los podaran casi en su totalidad y despiadadamente. En realidad, así ha sido para muchos este 2024, si yo pudiera nombrar el año de alguna manera, lo llamaría otoño. No fue un año bondadoso como la primavera, ni doloroso como el invierno, mucho menos apasionante como el verano, más bien, creo que fue incómodo. Nos dejó y nos sigue dejando al descubierto.Lo que me hace pensar que vivíamos entre maleza, entre pura mala hierba, y lo que nos ha sido arrebatado han sido puros malos hábitos, puras creencias erróneas sobre el “como sí” o el “porque no”, mucho cúmulo de basura al final. Y en este año tan seco, tan otoñal, mi sobrina decidió venir a formarse en este mundo para nacer el siguiente. Todavía no nace y ya considero que es una bebé sabia, haber elegido venirse a encarnar en un tiempo de cierres, de poda, de soltar para renacer, ha sido un acto casi de magia, pues nace y se dará a conocer el siguiente año, el año en el que muchos comenzamos a considerar que será el año de la luz.Y todo lo anterior me hace preguntarme ¿Qué tan grande tendrá que ser Dios para escabullirnos a todos cuando llegue el final del otoño y evitar el invierno? O es que cuando termine la poda ¿vendrá la resistencia? De ser así, será entonces cuando lo desvanecido quedará en el olvido y los inicios no sucumbirán pues estarán forjados sobre roca. O será que lograremos pasar inadvertidos por el invierno para adentrarnos de lleno a una primavera tibia que nos devuelva los escrúpulos y la neutralidad.Pese al resultado que se haga acompañar al finalizar este otoño, puedo decir que añoro y lloro eso que se fue y extraño. Pero que al tiempo clamo y bendigo la lluvia, la poda, que me colocó en mi sitio y avivo mis raíces funestas, que vinieron a nacer en la Luz.