La seguridad personal y colectiva en espacios públicos y privados se ha vuelto tan importante a día de hoy, que ya no nos resulta extraño ver, por ejemplo, el cartel que avisa de la presencia de una cámara en las zonas comunes de un edificio de viviendas. Por poner solo un ejemplo de muchos. De hecho, nosotros y nosotras podemos acabar por necesitar, en un momento dado, adquirir cámaras de vigilancia analógicas. Ello puede ocurrir si, por ejemplo, decidimos abrir un negocio familiar en un local del barrio, en cuyo caso es posible que nos baste con la adquisición de una sola cámara. Por otro lado, las cámaras pueden ser muy útiles también en el entorno del hogar; por ejemplo, si queremos vigilar las veinticuatro horas del día a un recién nacido, o si nos vamos un mes de vacaciones y queremos asegurar a fondo nuestra vivienda frente a cualquier tipo de allanamiento.




