Caracas, una ciudad hostigada

De Caracas se podría decir, que se parece a Tombstone, Arizona, el pueblo de la vieja historia que, según dicen, se negó a morir.

 

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Johan Rodríguez Perozo (*)

Tres calamidades, una natural y dos pre concebidas por la ignominia, la incompetencia y la mala fé, han azotado a la ciudad de los caballeros los últimos días. Las lluvias cada vez más frecuentes y potentes caídas sobre la ciudad, son siempre preludio de caos y tragedia. En la llamada ciudad de arriba -los barrios populares, los construidos de manera irregular-, suelen producirse, como consecuencia de los fuertes aguaceros, las tragedias más calamitosas conocidas hasta hoy. Decenas de familias damnificadas, como consecuencia de derrumbes recurrentes, surgen como potenciales víctimas de los torrenciales aguaceros. Bien conocida es la tragedia sufrida por las decenas de familias ¨arrumbadas¨ en los llamados refugios, donde sólo consiguen prolongar la agonía que, por azar de la vida, les ha correspondido. Sin solución inmediata posible, por parte del régimen de turno, miles de venezolanos, esperan resignadamente la oportuna y definitiva, en materia de albergue digno donde vivir. 

Otra calamidad, no atribuible a la naturaleza, es la consecuencia de la incapacidad de quienes, habiendo recibido un mandato popular para regir los destinos de la ciudad, se muestran m.as bien como una horda de incompetentes, al parecer programados para provocar su destrucción. Varios son los períodos bajo los cuales  se ha conducido, por partidarios del régimen, los destinos de los organismos directamente vinculados con el tema de la ciudad. Principalmente y en la actualidad, la Alcaldía del Municipio Libertador, en manos oficiales desde hace ya dos lustros y por otra parte, la usurpadora figura del mal llamado Gobierno del Distrito Capital. Resulta vergonzante, por decir lo menos, la manera como la alta jerarquía que ocupa las posiciones cimeras de ambas instancias, se muestran absolutamente indolentes con una ciudad, cuyo clamor por atención debida es cada vez mayor.

Bajo una campaña mentirosa que busca reivindicar, mediante la masiva colocación de pendones en los postes de la ciudad, la solidaridad y el compartir de las viejas tradiciones, apoyados en este caso por el máximo organismo petrolero del país, se intenta hacer ver (en tiempos de navidad), que esta es la ciudad con mejores condiciones de vida del continente. La frecuente noticia recogida por diferentes medios de comunicación, cuyo origen mayoritario lo es la denuncia de las comunidades que conforman la geografía ciudadana, reportan a diario toda clase de situaciones irregulares relacionadas con los servicios públicos. Toneladas de basura sin recoger, cantidades exorbitantes de calles rotas e intransitables, caos vehicular por la falta de control de los ¨todo poderosos¨ gremios de motorizados, taxistas y autobusetes, convertidos en iconos negativos de una ciudad que se niega a morir, son el mayor mentís a la burda campaña ciudadana antes mencionada.

La otra tragedia, quizás la más resaltante por su capacidad de maldad para con la ciudad y sus habitantes, es la actuación del alto régimen que, movido por la megalomanía de su máximo exponente, de manera ocurrente convoca a una de las tan vituperadas cumbres presidenciales, para revestir a la ciudad de un remozamiento del cual hace ya unos años, nos disfrutábamos los caraqueños. Como parte del mentiroso guión que signa los actos del régimen, de la noche a la mañana, Caracas es convertida en la ciudad más limpia, segura y transitable, que alguna vez la historia del país haya conocido. Bueno sería, que alguno de estos ilustres visitantes, principalmente algunos de los conmilitones del llamado socialismo del siglo XXI, se dignara quedarse unos días mas en la ciudad, para que pudiera observar de manera vergonzante, como con el dinero que se resta a los venezolanos para mejorar sus condiciones de vida, muchos de ellos pueden mostrar su rostro de aprovechador ante su propia gente. Se podría afirmar, sin temor a equívoco alguno, que con los recursos aportados por Chávez para la reelección de Daniel Ortega, ya se hubiese solucionado buena parte de la tragedia de las miles de familias que hoy viven en refugios. Con el dinero regalado a Bolivia o Ecuador, bien se habría podido aumentar la capacidad de solución a la infernal tragedia en que se ha convertido el Metro de Caracas, otrora símbolo de progreso de la ciudad. Con el dinero gastado en armamento en Rusia y otros países ¨amigos¨, Muchos de nuestros colegios estarían debidamente equipados, para proveer a nuestros niños de una educación de calidad. 

Ni hablar de la posibilidad de mejoramiento de la calidad de vida de nuestros trabajadores, a quienes se les ha conculcado el derecho a la contratación colectiva y por ende, al mejoramiento de sus míseros salarios. Habría que agregar además, la posibilidad de arreglar, utilizando el dinero regalado a los cubanos, nuestra destruida vialidad nacional y la posibilidad de propiciar el impulso de una verdadera industria nacional. No sabemos si la satisfacción personal que sentirá Hugo Chávez, al término de la cumbre presidencial, por cierto, confiscada para los medios de comunicación no gubernamentales, encierro en Fuerte Tiuna mediante, será la misma que sientan los caraqueños. Lo que si podemos afirmar una vez concluido el evento y despedidos cordialmente los ilustres visitantes, es que los caraqueños y todos quienes sufren las vicisitudes ocurridas diariamente en la ciudad, nos quedaremos añorando un nuevo evento, aunque sea para conformarnos con las migajas que nos dejan los verdaderos beneficiarios del erario público nacional.

(*) @johanperozo 

UNETE



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