La pobreza enriquece día a día a los burócratas e intermediarios que supuestamente luchan por erradicarla. La aparición de Ministerios de Bienestar Social, de Agencias internacionales, de mil programas para estudiarla y cientos de miles de especialistas que viven de las políticas públicas para terminar con ella, evidencian que si se quiere enmendar rumbos habrá que remover pesados intereses soterrados, que están insertos en lo público y lo privado.




