El marxista ya no usa traje, tampoco corbata de seda, mucho menos zapatos italianos, ya no es burgués ni vive con el dinero de otros, como lo hacía Marx. El marxismo ha muerto y huele a naftalina pero la modernidad y la posmodernidad se han encargado de erigir a un nuevo “intelectual” un nuevo “preceptor” de las nuevas generaciones, listo para adoctrinar y acallar a los disidentes. Hoy lo llamamos neo marxista, él usa playeras de algodón o de algún tipo de material reciclado, zapatillas de las grandes corporaciones con fábricas en China, un país que salvaguarda por supuesto la integridad de todo disidente, lleva anteojos muy extravagantes, y el pelo alborotado evocando el look de guerrillero comunista.




