Chile en Vigilia

Chile: en gigantesca vigilia.

 

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El próximo mes de septiembre, en un plebiscito con voto obligatorio, 15.173.857 ciudadanos habilitados deberán pronunciarse por el Apruebo o Rechazo de la Propuesta de Constitución Política del Estado de Chile, que ha sido redactada por 154 convencionales constituyentes y que se entregó el 4 de julio al Presidente de la República, quien firmó, en la misma ceremonia, el Decreto que ha convocado al Plebiscito de Salida para el 4 de septiembre de 2022.

Por primera vez, en los más de 200 años de vida independiente de la República de Chile, una Constitución Política es fruto de un proceso pacífico, democrático, paritario, con escaños reservados para las primeras naciones, desmontando una Constitución impuesta en dictadura, que ancló el modelo neoliberal por más de 40 años.

Los convencionales constituyentes fueron elegidos por una abrumadora mayoría de un 80% de quienes concurrieron al Plebiscito de Entrada y allí, los independientes tuvieron una participación relevante, mientras que la derecha, que se jugó por el Rechazo, no alcanzó el tercio que necesitaba para bloquear los acuerdos y, pese a las dificultades, antes que venciera el plazo fatal de un año, se tuvo un texto armonizado que se someterá a la decisión ciudadana en menos de 50 días.

El precedente de este proceso ha sido la explosión social de Octubre de 2019, a la cual confluyeron 30 años de descontento, abusos, exclusiones, demandas que jamás fueron oídas, en una expresión gigantesca y espontánea de la voluntad popular, exigiendo cambios de fondo al modelo impuesto en dictadura y que fuera administrado a través de una transición opaca, que encandiló con un exitismo consumista, normalizando un placebo de democracia, con un tercio imponiéndose siempre por sobre los dos tercios, profundizando una desigualdad profunda en la sociedad chilena, que estalló porque se hizo insoportable.

Chile encauzó esta energía social hacia un Acuerdo por la Paz, el cual estuvo llenos de vallas, que sabiamente se fueron saltando, tal como los estudiantes saltaron los torniquetes del Metro, encendiendo la chispa del estallido, con una dimensión inusitada. En este derrotero hubo cerca de 400 mutilados en sus ojos, marcharon en todas las comunas de Chile más de 5 millones de personas. En una consulta municipal realizada en 225 comunas, se pudo conocer las demandas prioritarias de esa explosión social. Un dato duro que marcó las prioridades: Seguridad Social, Salud, Educación y Salarios. Las élites políticas no lo vieron venir o no quisieron verlo. El punto es que la conmoción social se encaminó hacia el proceso constituyente, con la derecha confiando en alcanzar el tercio que le permitiera morigerar las demandas populares. Los resultados del Apruebo fueron impensados. Un 80% decidió que quería una Convención Constitucional con la totalidad de convencionales electos, lo que expresó la profunda desconfianza en los partidos políticos. Hoy, en el recuento, se honra en la Memoria de quienes hicieron esto posible. Porque en el intertanto, durante los años 2020 y 2021, se vivió la trágica pandemia, en confinamiento y un interminable toque de queda, que permitió al fallido gobierno de Sebastián Piñera, llegar al fin de su período, afirmándose en los estados de excepción.

Ahora estamos en los umbrales del término del proceso, en la culminación de una epopeya ciudadana, bregando contra la reacción de los poderes fácticos, que dominan los medios de comunicación social, resistiendo con los dientes apretados, en una no violencia activa que marcará este momento histórico, en una vigilia en la cual se van uniendo las mujeres y hombres del pueblo sencillo, leyendo, comentando, preguntando sobre el texto constitucional que fue redactado por otras mujeres y hombres sencillos, donde hubo desde pobladores a científicos, abogados, periodistas, médicos y maestros, una representación heterogénea de lo que es Chile. Hoy las radios comunitarias, el periodismo digital, se convocan al unísono para explicar de primera fuente el texto fidedigno de la propuesta, eludiendo la mentira normalizada por la televisión abierta y por los medios escritos, todos de propiedad y bajo control de los grupos económicos que buscan mantener la constitución de Pinochet.

Lo que se vive en Chile es épico. La pandemia fortaleció y recuperó tejido social, la desprotección y tardanza de la ayuda gubernamental en su momento, significó que las organizaciones sociales llevaran la batuta, en la sobrevivencia y en la discusiones ciudadanas, nutriendo a los constituyentes, en una manifestación maravillosa de solidaridad y sororidad, con un protagonismo de las mujeres, que han sido síntesis de las aspiraciones de alcanzar un país más humano, en armonía y respeto con la naturaleza. La relación activa y permanente de la población con sus representantes convencionales, es algo que se siente desde la base social, neutralizando la influencia de los medios tradicionales, ya que actúa como un aparato circulatorio por donde ha fluido la esperanza y la legitimidad genuina de los nuevos actores que recibieron el mandato soberano.

En este período final, el pueblo de Chile, integrado por sus diversas naciones y estamentos, simbólicamente ha apagado la televisión abierta. Se han reiniciado los cabildos, los conversatorios, hoy se viven conversaciones con el texto en la mano, en un trabajo de voz en voz, para explicar, aclarar dudas, desmantelar las mentiras grotescas que se esparcen a diario por los bots de las redes sociales. Los chilenos estamos en nuestros hogares, en nuestros barrios, sindicatos, agrupaciones vecinales, sociales, profesionales, leyendo, comentando cada capítulo de la Nueva Constitución, entendiendo cómo ella rediseña la distribución del poder, como descentraliza el país con un Estado Regional, cómo se consagra el derecho al agua como bien común de uso público inapropiable, cómo se establece que la prioridad de uso será la vida humana y los ecosistemas. Apreciar que los principios del nuevo pacto social son de profundo sentido común, tal como lo es condenar la corrupción pública o privada, con la inhabilitación de los corruptos para ser elegidos o ejercer cargos públicos, Una nueva institucionalidad para la defensa efectiva de los DDHH, la Niñez y la Naturaleza, con Defensorías Autónomas, Fiscalizadoras, que actuarán vigilantes frente a los demás poderes del Estado. Entender que recuperaremos un Estado Responsable, un Estado Social de Derecho, que asegura los Derechos Sociales, que incorpora el Derechos a la Vivienda, a los Cuidados, a la Conectividad. En pinceladas gruesas, Chile, por la vía democrática se está sacudiendo la opresión de una Constitución instaurada por la fuerza de las armas, en una sangrienta dictadura.

Chile, en vigilia, hoy conversa, no se desgasta en desmentidos, prefiere invertir su fuerza ética para recorrer presencialmente la vecindad, esa ruralidad campesina que ahora se reconoce, esas comunidades indígenas que a partir de ahora se respetará. Ese país soñado, sin más zonas de sacrificio, donde los inversionistas deberán cumplir estándares éticos y ambientales como en cualquier país decente. Todo esto es lo que cruza el Chile de a pie, ese país real, que busca dignidad y respeto mutuo, que confía en la razón y el sentido común, que no comulga con ruedas de carreta ni con campañas del terror.

Chile está, por último, rememorando sus luchas históricas, recordando con respeto aquellas primeras palabras del obrero metalúrgico, del calderero trazador, el minero, el pescador, el carpintero, el campesino; del sindicalista, el profesor normalista, el funcionario fiscalizador, el trabajador de la salud heroico, forjando todas y todos el alma de un Chile más fraterno, para una navegación de audacia, temple, persistencia, ética, en pos del bien común.

Hoy, hasta el 4 de septiembre, estamos en vigilia, para volver a mirar la primavera como símbolo multicolor que nos hermana, que proyecta el abrazo que se nos quiere negar. Cuidándonos con responsabilidad, con el deber de sobrevivir, entonando de memoria y en un murmullo susurrado esa canción de reconquista, el derecho a vivir en paz.

Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, 14 de julio, 2022

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