La amistad

La amistad casi siempre se traduce en una conversación interesante, unas cañas en un bar o un café con alguien que te importa, o al que importas, para saber de tus, o de sus, problemas. Para ponerte al día como se suele decir. La amistad es el pegamento que une distintas personalidades y las entrelaza. Más allá de creencias y filosofías. Más allá de ideas, prejuicios y valores. Pero no sólo, porque también (y quizá en mayor medida) es honor y lealtad. Pero también son pecadillos comunes, secretos corales y múltiples compllcidades. Es el reconocimiento a tu postura aún sin ser solicitado que puedes encontrar en la mirada amiga. Es saber qué siente el otro con un furtivo vistazo. Como también es la luz en tu magra oscuridad con un simple mensaje o una certera llamada. 

 

. Para ponerte al día como se suele decir. La amistad es el pegamento que une distintas personalidades y las entrelaza. Más allá de creencias y filosofías. Más allá de ideas, prejuicios y valores. Pero no sólo, porque también (y quizá en mayor medida) es honor y lealtad. Pero también son pecadillos comunes, secretos corales y múltiples compllcidades. Es el reconocimiento a tu postura aún sin ser solicitado que puedes encontrar en la mirada amiga. Es saber qué siente el otro con un furtivo vistazo. Como también es la luz en tu magra oscuridad con un simple mensaje o una certera llamada. 
 

Pero la amistad es también un perdón no pedido ante una torpeza efectuada. Es una risa compartida cuando nos recordamos ese tropiezo absurdo. Una broma privada que se va convirtiendo de a pocos en una nueva complicidad. La amistad son incontenibles risotadas conjuntas en conversaciones de lo más mundanas. Es compartir y repartirnos; es darnos y tomar comprensiones y afectos. También es un conocimiento profundo de la otra persona. Ese conocimiento nos enseña mucho sobre nosotros mismos. Porque somos en gran medida lo que nuestros amigos representan. Igual que nosotros representamos algo muy importante en sus propias personalidades. 

 

La amistad no es compartir una copa o una cerveza, no nos equivoquemos. Pero al compartir esas cervezas y esas copas puede que nazca una bonita amistad. Aquí o en Casablanca, por supuesto. Primero hay un acercamiento, que se puede dar por uno u otro motivo, dependiendo de la edad en que se produzca. El paso siguiente es, normal y precisamente, compartir esas cervezas, copas, cenas o lo que se tercie. Allí, entre disensos, risas, bromas y veras, se va conociendo en mayor medida a la otra u otras personas. Cuando esas sesiones se van multiplicando en el tiempo, llega un momento en que se hacen imprescindibles y necesarias. Es en ese momento cuando, casi sin darnos cuenta, hemos conformado un grupo de amigos.

 

A veces ocurre que hay grandes conocidos que comparten copas y no quieren profundizar mucho más en esa relación por recelo o porque son conformistas con su día a día, o quizá muy celosos de sí mismos. A mi juicio son grandes equivocados. Confunden amistad con coleguillas “tomacopas” y de esos hay muchos, no son ni dos ni tres. A poco que cerremos los ojos a todos nos vendrán unos cuantos a la cabeza. Normalmente son gente que le da más importancia a su propia comodidad que a las personas que los rodean. Así tendrás muchos conocidos, pero amigos lo que se dice amigos, serán mucho menos de los que se piensa. Además, de siempre me ha ocurrido que tengo el olfato muy fino para encontrar ese tipo de amigos de disfraz y, cuando me los he cruzado, me he intentado ir sin aspavientos o haciendo el menor ruido posible. 

 

Pero, eso sí, ese olfato también hace que cuando encuentro a un amigo de verdad suelo darme a tope a ellos. No pongo freno de mano a la relación y siempre quiero estar disponible para cualquier ocasión que requiera la otra persona. Voy aumentando así mi familia. Porque para mi los amigos, esos que digo que van sin disfraz a mi juicio, son de mi propia familia. Son personas a las que puedo estar sin ver durante semanas o meses y en una llamada o una pequeña conversación nos ponemos mutuamente al día. En tres frases, o cuatro a lo sumo, nos encontraremos en la misma tesitura que cuando nos despedimos la última vez. Entonces las risas sobrevolarán nuestra conversación y las bromas y veras lo inundarán todo. Hablaremos de lo divino y de lo humano, solucionándonos los problemas los unos a los otros. O simplemente para escucharnos que, a veces, tan sólo con eso es suficiente.

 

Aunque la palabra suficiente se quede corta, pues una charla con un amigo es necesaria y en muchas ocasiones, curativa. Porque perderte en la profundidad de la mirada de un amigo es caminar por una senda que ayuda a encontrarse con uno mismo. Cuando se siente la comprensión de tu amigo en lo que estás diciéndole te sientes escuchado, atendido, querido y ayudado. Además, el bagaje comprensivo que tu amigo tiene de ti te otorga la posibilidad de que llegue al quid de la cuestión y te pueda ofrecer una visión más realista de la situación, porque te conoce tanto que sabe perfectamente los valores que siempre te han caracterizado. Unos valores que igual has dejado de lado en los últimos tiempos por las circunstancias que sean pero tu amigo del alma te los recordará de inmediato. 

 

La conclusión a todo esto es que conocer gente es necesario e incluso gratificante. Porque somos seres sociales y, por lo tanto, estamos diseñados para relacionarnos con otros seres. Su necesidad es, pues, indiscutible. Pero tener amigos no es que sea necesario, es que es indispensable para ser tú mismo. Porque te define, te baja a tierra y te hace ver las cosas con la lógica que siempre usaste. Somos, por lo tanto, seres racionales y sociales que tenemos la necesidad de estar a gusto y de sabernos a salvo y, por lo tanto, queridos. Sentir que estamos delante de una persona que nos comprende, que nos quiere, que nos conoce y que sabe interpretar lo que necesitamos. Eso es un amigo de los de verdad. Uno sin disfraz. Lo que nos indica que los conocidos son contingentes, pero los amigos son necesarios.

UNETE



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