la felicidad paradojica

LA FELICIDAD PARADOJICA

 

. La felicidad paradójica es un ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo, con este neologismo Lipovetsky se refiere a los fenómenos que engloban la etapa actual del capitalismo. En esta obra crítica, el autor plantea que ya hemos superado aquella etapa de consumidores pasivos sometidos a la seducción del mercado. Tanto para el sociólogo de profesión como para el neófito en las ciencias humanas “La felicidad paradójica” del filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky causara una profunda y agradable sorpresa. Los críticos le han denominado un autor ineludible, esto por su visión actual y su excelente manejo de la información, sus matices ensayísticos, la diversidad de análisis y de temas tratados. Sin dudas, un autor totalmente recomendable.No obstante, como telón de fondo a esta faceta amigable de hiperconsumismo, existen una serie de contradicciones insalvables, hechos sociales que tropiezan con el imaginario de sociedades plenas y felices. La paradoja aparece en las nuevas formas de exclusión, en las frustraciones provocadas por la publicidad, en la pérdida de la identidad central de individuos y sociedades, en el abuso de drogas validado por la búsqueda del placer, etc. He aquí la paradoja del hiperconsumo que, como fenómeno social y dinámico, se ha emancipado del mero mercado y ha permeado todas las demás esferas del ser y el hacer humano. En el siglo XXI mediante el individuo se apropia de la información, paulatinamente desarrolla nuevos hábitos de consumo. El hiperconsumista ha personalizado y psicologizado su consumo, reflexiona activamente frente al producto, elige con conciencia ecológica, social, económica, política, etc. Este “consumismo profesional” es generado por las condiciones económicas de las sociedades democráticas avanzadas Educación, manejo libre de información, nuevas tecnologías, etcGilles Lipovetsky desde hace años analiza lo que se ha considerado la sociedad “post moderna”, con temas recurrentes como el consumo, el individualismo contemporáneo, la cultura de masas, el hedonismo, la moda y lo efímero, los mass media, el culto al ocio, la cultura como mercancía, el ecologismo como disfraz y pose social, etc. En este nuevo libro, afirma que ha nacido una nueva modernidad que coincide con la civilización del deseo que se construyó durante la segunda mitad del siglo XX.Esta nueva modernidad ha trastocado los estilos de vida y las costumbres, ha puesto en marcha una nueva jerarquía de objetivos y una nueva forma de relacionarse con las cosas y con el tiempo, con uno mismo y con los demás. La vida en presente ha reemplazado a las expectativas del futuro histórico y el hedonismo a las militancias políticas; la fiebre del confort ha sustituido a las pasiones nacionalistas y las diversiones a la revolución. Se ha puesto en marcha una nueva fase del capitalismo de consumo, la sociedad de hiperconsumo. Su funcionamiento y su impacto en la vida son el tema de este libro.La civilización consumista se distingue por el lugar central que ocupan los deseos de bienestar y la búsqueda de una vida mejor para uno mismo y los suyos. La gente se declara mayoritariamente feliz pero las inquietudes, las decepciones, las inseguridades sociales y personales aumentan. Son estos aspectos los que convierten la sociedad de hiperconsumo en la civilización de la felicidad paradójica.Como dice Sophie Péters, en Les Echos, “lejos de ser la fuente de todos nuestros males, la sociedad de consumo sería más bien la consecuencia de nuestras decepciones… Somos cada día más felices y tenemos todo lo que necesitamos, pero cada vez estamos menos satisfechos de nuestras vidas. ¡Busquen el error!”.El vivir mejor se ha convertido en una pasión de masas. Hemos entrado en una nueva etapa del capitalismo: hemos entrado en la sociedad de hiperconsumo. Nace un Homo consumericus de tercer tipo, un turboconsumidor desatado, con gustos imprevisibles, al acecho de experiencias emocionales nuevas y de mayor bienestar, de calidad de vida y de salud, de marcas y de autenticidad, de inmediatez y de comunicación. El espíritu de consumo ha conseguido infiltrarse hasta las relaciones con la familia y la religión, con la cultura y el tiempo disponible. Pero estos placeres privados descubren una felicidad herida: jamás el El capitalismo de consumo ha ocupado el lugar de las economías de producción. La vida en presente ha reemplazado a las expectativas del futuro histórico y el hedonismo a las militancias políticas; la fiebre del confort ha sustituido a las pasiones nacionalistas y las diversiones a la revolución. El vivir mejor se ha convertido en una pasión de masas, en el objetivo supremo de las sociedades democráticas, en un ideal proclamado a los cuatro vientoso contemporáneo ha alcanzado tal grado de desamparo. Hemos pasado de una economía orientada hacia la oferta a una economía orientada hacia la demanda. Política de marca, “creación de valor para el cliente”, sistemas de fidelización, presión de la segmentación y la comunicación: hay en marcha una revolución copernicana que reemplaza la empresa “orientada al producto” por la empresa orientada al mercado y al consumidor. La inmensa mayoría se declara feliz, a pesar de lo cual la tristeza y la tensión, las depresiones y la ansiedad forman un río que crece de manera inquietante. Nuestras sociedades son cada vez más ricas, pero un número creciente de personas vive en la precariedad y debe economizar en todas las partidas del presupuesto, ya que la falta de dinero se ha vuelto un problema cada vez más acuciante. Nos curan cada vez mejor, pero eso no impide que el individuo se esté convirtiendo en una especie de hipocondríaco crónico. Los cuerpos son libres, la infelicidad sexual persiste. Las incitaciones al hedonismo están por todas partes: las inquietudes, las decepciones, las inseguridades sociales y personales aumentan. Son estos aspectos los que hacen de la sociedad de hiperconsumo la civilización de la felicidad paradójica. . El consumismo se transformó en la filosofía oficial de nuestra sociedad. La vida de consumo nos exige “ser alguien más” (más novedoso y por tanto deseable en cuanto producto) ya que en esta forma de vida todos somos productos en una temporalidad que encierra la irritante tendencia a convertirse en pasado. ¿Qué nos puede salvar de este nuevo malestar de la cultura? Entre muchas soluciones al problema, el autor plantea que, estimular la creatividad (poesis) puede liberar a las sociedades futuras del mundo de las compras.

 

UNETE



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