Portales

Por las dimensiones circulares o elípticas del universo, la vida se desencadena como una precisa conjunción de la energía inagotable.

 

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 Fluyen las moléculas en un orden complejo, hilando vida en estadios infinitos, en diversidad y equilibrio. Y el asombro frente a la sabiduría perfecta de la naturaleza, nos remece de luz inusitada, la emoción abraza la esencia de lo intuido, porque sólo a través de la emotividad podemos conocer las maravillas del saber, sólo abierto el corazón, como niño que se nutre del amor materno, se puede sentir y comprender el tráfago de esa partícula finita que somos.

Entender esos propósitos que nos acercan a lo sustantivo de la existencia; entender ese instante, precario como suspiro, en el que somos una raya en el universo, en los acantilados sin término, en cada minúscula partícula, pretendiendo posteridad, intrascendente organismo en las constelaciones del no tiempo.

Buscando con curiosidad los portales que nos transporten a nuevas laderas, futuras convocatorias a compartir los frutos de la tierra, declinando nuestra soberbia antropocéntrica. aprendiendo de las vertientes que labran precipicios, explorando esos territorios donde nacen los ríos y donde se elevan los ritos en humildad, para entregar al universo cada minuto de aire y esperanza, convirtiéndonos en sueños colectivos, que atraviesan las barreras del tiempo para vibrar como hilado vital de las civilizaciones.

La racionalidad es débil, los sentimientos son el lenguaje de armonía para erradicar la desidia que, desde la ignorancia, nos ha convertido en un flagelo depredador de la madre que nos cobija y soporta, para alcanzar la magia de sobrevivir más allá de nuestra feble materialidad, en algún portal cercano, que recién entenderemos cuando seamos invitados a un juego desconocido.

UNETE



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