La guerra final del régimen

Un régimen decadente afina su ¨olfato¨ y a fuerza de maña, intenta impedir su natural desplazamiento del poder. 

 


 Johan Rodríguez Perozo (*) 

 Hugo Chávez y sus conmilitones, en el esfuerzo por impedir su desplazamiento del manejo del poder, aplican la máxima atribuida a Von Clausewitz según la cual, ¨la guerra es la continuación de la política por otros medios¨ . El signo militar ha sido la marca de fábrica del régimen desde sus inicios. Nada cambia, quizás la diferencia más notoria sea, que los principales laboratorios de donde surge su estrategia política, han sido mudados a los cuarteles ubicados en La Habana. 

Por otra parte, de manera impúdica, el régimen mantiene su esquema de uso y abuso de los poderes públicos, a los efectos de completar las maniobras concebidas en el laboratorio habanero. No resulta muy complicado concluir, que la lectura hecha por el régimen de la evolución de la situación política y electoral venezolana, coincide, al menos en el análisis, con las que hacen los sectores opuestos a su dinámica. 

La maniobra contra Leopoldo López, surgida del laboratorio antes mencionado y ejecutada obedientemente por Luisa Estela Morales, Presidenta del máximo tribunal de la República, el TSJ, va dirigida certeramente al cerebro del ¨animus colectivo¨, en una acción que busca inhibir a buena parte del liderazgo político opositor, así como a la amplia masa de electores que les acompaña. La artera movida ejecutada por Morales, sirve además, para ver claramente las costuras de una jugada, cuyo objetivo fundamental consiste en intentar anular la candidatura que más daño le hace de cara a la confrontación de octubre de 2012, la de Leopoldo López. De otra manera no se explica, que habiendo permanecido Leopoldo en el ostracismo de un juicio, por unos tres años, aún mantenga los niveles de respaldo popular señalados por los estudios de opinión pública realizados hasta ahora. La expectativa en torno a la posibilidad de ser o no candidato formal a las elecciones primarias y luego a la elección presidencial, se ha mantenido de manera incólume en torno a su figura, sin que la maniobra gubernamental haya hecho mella en la opinión de la ciudadanía. 

Tanto es así, que una vez conocida la decisión de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), la cual debió haber sido ejecutada y aceptada de inmediato por el Consejo Nacional Electoral (CNE), tal como fue el mandato derivado de la decisión, sin embargo, el gobierno se tomó su tiempo para crear la sombra de duda en torno a la misma, con la finalidad de disminuir el impacto generado en el entorno nacional. La sombra de duda lanzada magistralmente por Morales, aceptación del mandato de la CIDH mediante, sólo tiene ese objetivo, hacer ver que el régimen y especialmente el TSJ sería el gran decisor, acerca de si le entregan o no el poder a López, en el caso de resultar elegido como Presidente de la república. Ejecutada la maniobra, pues, toca ahora descifrar si la misma ha logrado su cometido. 

El régimen ha victimizado a otras personas antes que a López, con resultados negativos para sus designios. El país opuesto a Chávez y su régimen, ha consolidado su opinión de manera temprana y con mucha madurez, acerca de quién ha de ser el candidato a enfrentarlo. López, Capriles y Pérez (el orden es nuestra modesta apreciación), representan la selección adelantada de la sociedad que aspira a un cambio de régimen. En este marco de referencia, no existe duda acerca de la potencialidad de una eventual candidatura de Leopoldo López, en representación del mundo opositor. La maniobra del régimen intentando anularlo, así lo pone en evidencia, a la vez que plantea un reto interesante, en el plano de la construcción del discurso, capaz de conectar emocionalmente con la gente, a los efectos de despejar la duda tendida sobre su caso particular. La maniobra es aviesa además, porque busca descalificar de antemano a alguien eventualmente investido para el ejercicio de un cargo obtenido por el respaldo popular. Busca la entente chavista, hacer creer al colectivo nacional, que sólo ellos y más nadie, poseen la capacidad decisora acerca de quien debe conducir los destinos del país. 

Ya antes, uno de los ¨próceres militares¨, del régimen, el gral. Rangel Silva, alertó acerca de su disposición de no entregar el poder a alguien distinto a Chávez que obtuviera el triunfo electoral. Prueba adicional, de que la amenaza contra López no es más que una variante de las ya proferidas contra cualquier candidato presidencia distinto a Chávez, que ose conquistar el favor popular para obtener el triunfo que tal apoyo otorga. Leopoldo López no se ha arredrado ante la amenaza proferida por Chávez, a través de la sra. Morales. Se sabe protegido por la fuerza de la razón y de la Constitución Nacional. La justicia bregada y obtenida en el foro internacional, ratificada por el CNE, organismo obligado por la CIDH a ejecutar el mandato que lo reivindica, como obviamente lo hizo al eliminar el nombre de Leopoldo del famoso código 8, ha reafirmado su intención de competir, primero por la candidatura y luego por la Presidencia de la República, inspirado en la convicción que le da el respaldo en aumento de la población. La conquista de sus derechos políticos, simbolizan en buena forma la reivindicación de un pueblo cansado de tanto abuso. 

Siendo el mejor exponente del proceso de cambios que exige la sociedad actual, completará la jornada presentando su nombre formalmente ante la instancia que le permitirá cumplir su cometido. Finalmente, será la soberanía popular y una recia y acertada conducción política, insuflada por la fuerza de la UNIDAD del pueblo venezolano, la que dictará el veredicto final sellado por la soberanía popular. Contra esa fuerza telúrica, no hay maniobra posible capaz de detener el firme deseo de cambio albergado en el sentimiento colectivo de los venezolanos. 

(*) @johanperozo

UNETE



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