Fauna Periodística (VI). El Alfa y la Omega

En el mundo del periodismo siempre ha habido un sistema de castas, una organización que nadie debe ignorar y que (parece) no puede cambiarse bajo ningún concepto. Dejando fuera a directores de medios, que más que periodistas son ya meros gestores económicos y políticos, bajo sus pies se mueve toda una organización que sobrevive, respira y avanza con unos principios casi siempre universales: para subir, hay que pisar; para bajar, basta con un ligero empujón.

 

. Dejando fuera a directores de medios, que más que periodistas son ya meros gestores económicos y políticos, bajo sus pies se mueve toda una organización que sobrevive, respira y avanza con unos principios casi siempre universales: para subir, hay que pisar; para bajar, basta con un ligero empujón.

En medio de esa vorágine mediática, los hay que se adivinan una aureola sobre sus cabezas. Rara vez acuden a ruedas de prensa porque saben que no es allí donde se cuece la verdadera información. Prefieren jugar a ser detectives, algo para lo que muy pocos están llamados. Su palabra favorita es “exclusiva” y viven pendientes del móvil, devorando presupuestos y baterías al mismo ritmo. No se dejan aconsejar sobre periodismo porque ellos son el periodismo hecho verbo y carne, y reparten lecciones en la redacción hilados finamente con una ironía que no hace sino esconder prepotencia y soberbia a partes iguales. Se inventan normas absurdas, juegan a ser periodistas de película y se perpetúan en su sillón o micrófono sin dejarse calar por nada ni por nadie.

Pocas veces bajan al ruedo informativo, pero cuando lo hacen, parecen levitar sobre ese suelo que el resto de plumillas pisa. No son habituales en las salas de prensa, pero si van, se cuidan mucho de dejarse ver, dejarse oír y a veces hasta dejarse tocar. Es el precio del poder, de ser más que los demás, de ser mejores.

Forman parte de ese sistema de castas que te dice que si eres mujer, no puedes ser periodista deportivo; si eres joven, no debes opinar de política, y si sabes más que ellos, es mejor que te calles. Porque ignoran que desconocen algo, porque lo que ellos no dominan, no existe.

Pero en el fondo viven atemorizados por las hordas de jóvenes y talentosos periodistas que llegan año tras año a la redacción, a su territorio; conviven con el temor de que alguien invada su espacio, el que tanto esfuerzo les costó conquistar en el pasado, y que ahora, por su altanería, temen no saber defender. Ven en el nuevo periodista alguien sin valor y, lo que es peor, suelen despreciar su trabajo, sobre todo si es superior al suyo. Afortunadamente, el sistema de castas evoluciona, se regenera y esas generaciones de periodistas cuasi intocables deberán plegar velas y rendirse a la realidad: hay sitio para todos, pero para ellos cada vez menos.

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales