. Las
protestas antes de las elecciones de hoy en Egipto; los resultados de las
elecciones legislativas de Marruecos, marcadas por la baja participación y la
victoria de los islamistas del PJD; y las manifestaciones (con la consecuente
represión) en Yemen y Bahrein. Pero la situación de Siria me llama
especialmente la atención hoy. En los últimos días ha llegado la noticia de un
encuentro “secreto” mantenido en Turquía (en presencia de representantes del
gobierno turco) entre algunas autoridades de la Libia post-Gaddafi y varios
rebeldes sirios, del que el diario The Telegraph fue el primero en informar.
Durante este encuentro, los representantes libios habrían asegurado su apoyo a
los rebeldes contra el régimen sirio, garantizando el envío de armas en
abundancia y hasta de combatientes libios voluntarios.
Mientras
Bashar Al Assad sigue ignorando las sanciones y las condenas que recibe por
múltiples frentes, y dando a entender que no tiene ninguna intención de dejar
el poder, esta noticia refuerza la perspectiva de una resistencia armada y más
organizada frente a la opresión del régimen sirio. Lo cual no tendría
consecuencias solo a nivel nacional, pues todo lo que ocurre en Siria tiene
repercusiones regionales.
Y es
que el desenlace de la situación en Siria, para la comunidad internacional,
tendrá una enorme influencia sobre la hegemonía regional de Irán en Oriente
Medio. No está en juego solo Damasco, sino también Irak (de mayoría chíi y que,
sobre todo con la salida progresiva de buena parte de las tropas
norteamericanas, entra en la esfera de poder iraní) y Líbano, siempre muy
expuesto a todo lo que acontece en Siria. Una de las consecuencias que tendría
el derrocamiento del régimen de Al Assad, por ejemplo, sería una significativa
pérdida de poder del partido libanés Hezbollah, tanto desde el punto de vista
político como militar (casi todas las armas que recibe pasan por la frontera
con Siria). De este modo, Israel también se quitaría una piedra muy molesta del
zapato. Pero Irán sabe que hay mucho en juego. Seguirá haciendo todo lo posible
para asegurar la supervivencia de su aliado Bashar Al Assad, y venderá muy cara
la piel.
Así
que el escenario que parece estar tomando cada vez más forma es el de un
conflicto internacionalizado en Siria, en el que se diputaría la supervivencia
de una u otra hegemonía en Oriente Medio. Una región que se vería gravemente
desestabilizada. Naturalmente estas son solo unas pinceladas, la cuestión es
muchísimo más amplia y seguramente habrá que seguir desarrollándola porque cada
momento que pasa es más probable que terminemos viendo a la población civil
siria sufriendo por un conflicto armado entre el régimen y la oposición, con
las evidentes consecuencias que esto tendría, y que serían extremadamente
graves, tanto a nivel interno como regional.