Inhóspito

El otro día fuimos con unos amigos a comer al campo. Nosotros llevamos una tortilla y unos pimientos verdes fritos, mientras que nuestros amigos llevarían una ensalada y algo de embutido. La tortilla era con cebolla, por supuesto, ¿por quién nos han tomado? Y la comida estuvo fenomenal, un exitazo rotundo. Ahora bien, a la hora de la siesta, mi amigo, que nunca se echa después de comer, decidió que era el momento de salir a dar un paseo. Íbamos andando en el frescor de la umbría del campo cerca de la ribera de un río cuando mi amigo decidió que fuésemos a un lugar más apartado ya que había escuchado que había unas ruinas antiquísimas en los alrededores. Así que nos pusimos a caminar esquivando todo tipo de obstáculos. Desde ramas de setos, piedras sueltas que rodaban por el suelo y raíces que sobresalían del suelo y que, al estar cubiertas de humedad y musgo, estaban muy resbaladizas, con el riesgo  que todo ello conllevaba.

 

. Nosotros llevamos una tortilla y unos pimientos verdes fritos, mientras que nuestros amigos llevarían una ensalada y algo de embutido. La tortilla era con cebolla, por supuesto, ¿por quién nos han tomado? Y la comida estuvo fenomenal, un exitazo rotundo. Ahora bien, a la hora de la siesta, mi amigo, que nunca se echa después de comer, decidió que era el momento de salir a dar un paseo. Íbamos andando en el frescor de la umbría del campo cerca de la ribera de un río cuando mi amigo decidió que fuésemos a un lugar más apartado ya que había escuchado que había unas ruinas antiquísimas en los alrededores. Así que nos pusimos a caminar esquivando todo tipo de obstáculos. Desde ramas de setos, piedras sueltas que rodaban por el suelo y raíces que sobresalían del suelo y que, al estar cubiertas de humedad y musgo, estaban muy resbaladizas, con el riesgo  que todo ello conllevaba.
 

Yo iba con mi bastón atómico apartando las ramas, comprobando cada piedra antes de pisarla e intentando no pisar las raíces húmedas. Lo cierto es que el dolor de espalda comenzó a hacer de las suyas y decidí quedarme sentado en un tocón de madera mientras los demás se iban caminando y se perdían absorbidos por el verdor del campo. Estuve esperando un buen rato y comencé a escribir las notas que se me iban ocurriendo en mi móvil. Notas que luego serán poemas chuscos o facilones, relatos torpes o quizá novelas. Así estuve un buen rato esperando que regresaran del paseo campestre mi mujer, mi hijo y los amigos. Al cabo de un buen rato se escuchaban las voces a lo lejos. En la lejanía del campo, el sonido se escucha a distancias sorprendentes. De modo que me levanté y paseé arriba y abajo esperando que llegasen. El primero en aparecer por el verdor fue mi hijo que vino corriendo a abrazarme y nos reímos juntos.

 

¿Dónde habéis estado, hijo?, le pregunté riéndome mientras nos hacíamos cosquillas. Pues me ha dicho Javi que en un lugar jinóspito. La risa brotó con total naturalidad, pero el niño me miró con cara extraña. Sentía que me estaba riendo de él y, en cierto modo, así era. Tras él aparecieron los demás, riéndose y jugando o contando chistes y chismes. Javi, tío, ¿qué le has dicho a mi hijo?, le pregunté cuando llegó a mi altura. ¿El qué? No lo sé. Me respondió extrañado. Es que le he preguntado que dónde habéis ido y me ha dicho que a un sitio jinóspito, me reí. Él me miró con una seriedad rayana la altivez, y me respondió que se decía así. No, hombre, es inhóspito, le dije. Así con hache intercalada. I, ene, hache, o, ese, pe, i, te y o: inhóspito. Entonces, él me miró muy serio y me dijo que, ya que era tan listo, si sabía decirle qué quería decir esa palabra. Siempre estamos así. Otro día fue con la palabra hato, con hache, que es lo que llevaba al hombro Calimero y el paquete con comida que dejaban colgado en un árbol los trabajadores del campo. 

 

Entonces me dio por pensar en la palabreja de turno. Podía escuchar cómo los resortes de mi prodigioso cerebro comenzaban a funcionar chirriando con un ruido ensordecedor. Inhóspito me repetía una y otra vez. Recurrí a mis conocimientos sublimes en etimología. Unos conocimientos obtenidos gracias a años y años de lecturas buenas, malas y regulares, que de todas se aprende, y a la atención y el interés que me producían desde niño las palabras. Unas palabras que me han llevado de viaje a los lugares más inhóspitos de nuestro universo. Je, he vuelto a repetir la palabreja, por cierto, cuyo significado tenía que ser el resultado de unir el prefijo “In”, que significa “sin” o “ausencia de” y la palabra “hóspito” que, como su nombre indica, significa hospital. Que es un sanatorio muy grande en el que ingresan a los enfermos para curarles de múltiples dolencias. Así que le dije muy ufano a mi amigo: Inhóspito, Javi, significa campo. Me miró extrañado y le expliqué: a ver, tío, lógicamente significa campo porque el campo es un lugar en el que no hay hospitales. 

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales