. Tajamar / 174
pp.
Por
Marcelo Beltrand Opazo
Juan Emar, es el seudónimo de Álvaro Yáñez Bianchi, hijo de Eleodoro
Yáñez. Es de esos escritores nacionales que están en nuestra memoria colectiva,
pero del que no se sabe mucho. Y al leerlo, descubrimos a un escritor que
pareciera que está escribiendo hoy, absolutamente contemporáneo y actual es su
prosa.
En los años
veinte participó en París del grupo pictórico Montparnasse, junto a Henriette
Petit, José Perotti, Luis Vargas Rosas, Manuel Ortiz de Zárate y Julio Ortiz de
Zárate.
Sus primeros
trabajos se acercaban más al creacionismo de Huidobro, pero con DIEZ, se aleja de este último y afirma
la radicalidad de su prosa. Y desde 1937, hasta su muerte se aboca a escribir
su novela capital Umbral, la que es
publicada en forma completa en 1996, 42 años después de la muerte de Juan Emar.
DIEZ, es un texto
disruptivo y transgresor en cuanto a la forma de contar las historias, pues
rompe, para la época, con las formas, el lenguaje y los temas. Es por esto, que
al ser leída hoy, nos parece actual. Desde un pájaro que habla, a la
descripción de detalles y sensaciones vamos encontrando en este libro. Diez cuentos,
diez historias contiene DIEZ,
relatos que sorprenderán al lector por el juego que practica al escribir Emar,
se entretendrá y descubrirá a un escritor perdido en la historia, opacado por
el canon.
A menudo hablamos de las formas, del ritmo, de los personajes, hablamos
de los elementos que componen un relato, y lo clasificamos como bueno o mal
escrito. Con Juan Emar, hayamos a un escritor que escribe, que simplemente
escribe, que nos cuenta sus fantasías, que juega al escribir, que se
entretiene, que ensaya con cada relato.
Es grato encontrar escritores así, porque, finalmente, es eso lo que
debiera buscar el escritor con su trabajo, ensayar formas, descubrir tonos
nuevos. Al escribir, el juego debe estar presente, la sátira que es, de plano,
escribir.
Con esta reedición de DIEZ,
se recupera y reivindica a uno de los grandes, se nombra y resignifica a Juan
Emar, escritor chileno, perdido en el fondo de una biblioteca, perdido, en el
fondo de nuestra historia.