Esta semana tuve que despedir a un amigo, condiscípulo y compañero de ruta de toda la vida. Y, en su despedida, recordé este artículo publicado en las redes sociales en ocasión de partidas abruptas de personas que le dieron rostro y paisaje al Siglo XX y que se van apagando en el derrotero inevitable, lo único seguro que tenemos.




