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El ‘handicap’ de la ciencia


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22/11/2011


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La mayoría de las comparaciones son injustas, descontextualizadas y demagógicas, pero a veces son la única herramienta que tenemos para medir el valor de las cosas. Por eso, voy a echar mano de una comparación que han realizado los sindicatos para denunciar la situación que vive el Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia (CIPF), y lo hago sólo como muestra de la desconsideración que sufre la ciencia en España.


 

Los medios de comunicación apenas le han hecho caso a este asunto, pero un expediente de regulación de empleo (ERE) ha dejado en la calle a 114 trabajadores de este centro, que se dedica a estudiar enfermedades como el cáncer o el alzhéimer y se ve obligado a cerrar 14 líneas de investigación. Pues bien, los representantes sindicales han denunciado que la Generalitat Valenciana, la misma administración que ha hecho este recorte, ha invertido tres millones de euros en organizar un torneo de golf, cantidad suficiente, según ellos, para que el CIPF siguiera funcionando con normalidad al menos en 2012.

 

Insisto en que esta comparación debe ser injusta, descontextualizada y demagógica, desconozco en qué circunstancias y bajo qué criterios se ha tomado cada una de las dos decisiones y supongo que no las han tomado las mismas personas. Tampoco quiero hacer de ello una crítica política, como han hecho los sindicados. Simplemente, me parece un reflejo de la idea de progreso que se ha tenido y se tiene en este país, que en parte nos ha conducido a la actual crisis económica y que, a pesar de todo, no tiene visos de cambiar en un futuro próximo.

 

Entiendo por qué se han podido invertir tres millones de euros en organizar un torneo de golf. Aunque minoritario, este deporte, como muchos otros, tiene un gran atractivo social y una gran repercusión en los medios de comunicación, de manera que organizar una competición atrae ingresos directos e indirectos y supone un escaparate para el lugar donde se celebra, lo que a la larga puede repercutir en el turismo. Por lo tanto, se supone que ayuda a crear empleo ahora y en el futuro (aunque esto es mucho atribuirle a un simple torneo de golf).

 

El problema es apostar por esta clase de inversión, que sólo genera empleo temporal poco cualificado, como el sector de la construcción, cuyo desmoronamiento explica buena parte del paro en España al margen de la crisis internacional. El producto de este trabajo es pobrísimo: ofrecer un servicio efímero al turista o, en el caso de la construcción, dejar hecho un bloque de pisos al que no se le sacará más rentabilidad una vez construido y vendido, salvo especular con contratos de alquiler.

 

Por el contrario, el empleo que genera la ciencia es el más cualificado, fruto de muchos años de inversión pública en educación. Este trabajo genera conocimiento, que se transforma en productos innovadores y patentes. En el caso del CIPF, es investigación sanitaria que podría transformarse en medicamentos y potenciar una industria farmacéutica que apenas existe en este país y eso sin contar con la rentabilidad social que supone avanzar en la lucha contra las enfermedades. Pero apliquemos eso a cualquier otro sector: alimentación, automoción, informática… En todos hay investigación científica que genera conocimiento y ,a su vez, productos innovadores de mucho más valor que los que ya existen.

 

Entonces, ¿qué le lleva a los políticos a invertir más en un torneo de golf que en investigación sanitaria? Arrastramos desde hace décadas la idea de que este tipo de cosas traen el progreso por sí solas: que construir una autovía donde no pasan coches, ubicar un nuevo aeropuerto donde no hay pasajeros u organizar cualquier evento movilizará la economía. Y eso es cierto en parte, pero los países más ricos del mundo no se limitan a copiar infraestructuras y servicios: inventan. ¿Nadie le ha explicado a los políticos que eso sólo es posible invirtiendo en investigación?

 

Quizá el problema sea que los frutos de esta inversión sólo se recogen a largo plazo y no son tan palpables y vistosos como un edificio, no ofrecen la posibilidad de cortar una cinta encima de la vía por la que pasará un tren de alta velocidad ni de entregarle un premio a Sergio García. No nos engañemos: sólo nos importa la imagen, las apariencias.

 

Sin embargo, la inversión en ciencia y tecnología es la única opción de cambiar el modelo productivo. Hay que estimular la innovación de emprendedores y empresas y, para los grandes proyectos científicos como la investigación sanitaria, hay que aumentar los fondos públicos.

 

También los políticos lo dicen, pero parece que a la hora de la verdad no están muy convencidos y que puede pasar mucho tiempo hasta que ellos y la sociedad en general cambien de mentalidad. Si es así, llegaremos otra vez tarde, como pasó con la Revolución Industrial. Además, para salir de esta crisis volveremos a confiar en el ladrillo y los hoteles y no será suficiente.

 

El golf es uno de los deportes asociados con el término ‘handicap’, que indica la desventaja que tienen unos jugadores con respecto a otros, pero quien juega con ‘handicap’ en España es la investigación científica y es el país entero el que está perdiendo la partida.



Etiquetas:   Política

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3 comentarios  Deja tu comentario


Jorge Barrios Muriel, Medicina Te felicito por esta columna compañero. Tienes toda la razón del mundo. Desgraciadamente los que mandan en este país viven en un planeta a años luz de la realidad de una política eficaz y eficiente. No se dan cuenta que para que un país crezca debe haber buenos profesionales, y todo empieza por la educación, ¿Donde va un país en donde el 95% de los alumnos que se presentan selectividad aprueban? Así estan las universidades... llenas. ¿Para qué? Ah si para generar aún más paro.
Bueno qué decir de un país en donde solo se comenta que ha hecho una tal Belén Estevan o qué peinado lleva Cristiano Ronaldo.
Si no se invierte en ciencia nunca habrá progreso, y sin progreso un país se estanca y se endeuda por que hay que importar todo lo que se necesita. Asi es España... y así nos la están contando...


José Pichel Andrés, Periodismo Gracias Andrés. No he querido entrar en el tema de la fuga de talentos, pero en estos momentos es una de las pocas salidas que les quedan a los jóvenes investigadores españoles que quieren hacer ciencia básica. En el aspecto personal no es malo irse fuera y formarse, más bien todo lo contrario, pero como país lo lamentable es que no vuelvan.


Andrés Rivera, Otra José, concuerdo plenamente con tu preocupación.
La desinversión en un centro de investigación no sólo evitará los retornos futuros que la industria de la salud puede generar sino que además sigue marcando un referente respecto a la gestión de talento español y la continua fuga de profesionales hacia otros países.





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