Ofertón de producto bancario para jóvenes

La oferta de productos bancarios, particularmente cuando involucran compromisos de pago, deberían contemplar ciertas medidas de resguardo, ya sea en los requisitos, o bien en su funcionamiento, a fin de evitar situaciones incómodas tanto para el usuario como la entidad financiera. 

 


En un comercial difundido por una popular radioemisora nacional y vinculado a una conocida entidad bancaria se invita a jóvenes entre los 18 y los 24 años para que obtengan una cuenta corriente sin costo de mantención mensual, y en condiciones de acceso bastante particulares.

Al escuchar la propaganda me produce algunas inquietudes mentales. El haber tenido experiencia laboral en el mundo financiero y bancario, y disponer de algún conocimiento de cómo funcionan algunas cosas, permite poner en modo dudas, ciertos aspectos.

Indagando en las particularidades del producto aludido en el sitio web de la entidad bancaria (https://banco.santander.cl/personas/planes/cuenta-corriente-life) se resalta entre otros que posee costos claros y transparentes, así como el que no se cobre por transferir ni por retirar dinero de los cajeros dentro del país, y por último, la guinda de la torta, el no solicitar sueldo o antigüedad para su obtención. Adicionalmente, se menciona que dispone de una tarjeta de debito para realizar compras físicas o electrónicas en comercios nacionales e internacionales. Cabe precisar que este producto también comprende otros rangos etarios, y entre los cuales, los adultos mayores también constituyen un foco de atención especial.

Seguramente detrás de esta estrategia comercial de la institución, se encuentra la idea de generar una mayor bancarización y procurar llegar a más usuarios, especialmente aquellos no atendidos, lo cual se alinea con los llamados hacia la inclusión financiera que surgen de distintas organizaciones a nivel de global.

De la publicidad, recordemos que el producto “gancho” (atractivo) corresponde a la cuenta corriente. Sin embargo, a mi parecer, pensando en el mercado objetivo al que se dirige, esto es público de 18 a 24 años, especialmente en la mitad inferior del rango, se constituye en una zona de alto riesgo, impacto y cuidado. ¿Por qué?

En primer lugar, las cuentas corrientes se encuentran vinculadas al DFL 707 de 1982 que corresponde a la Ley de Cuentas Corrientes Bancarias y Cheques, y de la cual podemos rescatar algunos lineamientos tales como:

a) En su Artículo 1° se precisa que “La cuenta corriente bancaria es un contrato a virtud del cual un Banco se obliga a cumplir las órdenes de pago de otra persona hasta la concurrencia de las cantidades de dinero que hubiere depositado en ella o del crédito que se haya estipulado.”

b) En el Artículo 3° se señala que “El Banco podrá permitir que su comitente gire en exceso del monto del crédito estipulado o de su haber en efectivo.”

c) En el Artículo 10° se indica que “el cheque es una orden escrita y girada contra un Banco para que éste pague, a su presentación, el todo o parte de los fondos que el librador pueda disponer en cuenta corriente. El cheque es siempre pagadero a la vista.”

d) En su Artículo 22° se señala que “el librador deberá tener de antemano fondos o créditos disponibles suficientes en cuenta corriente en poder del Banco librado.”

Así, lo que se ha tratado de plantear con mostrar algunos de los artículos que componen la ley, es resaltar que la tenencia de una cuenta corriente implica asumir una serie de derechos, pero también un conjunto de responsabilidades, lo cual consideró que va con quien ofrece, así como con quien ofrece.

Por otro lado, de las normas compartidas debe quedar claro que el no disponer de los recursos líquidos para pago de los cheques que uno ha girado, nos exponemos a que los cheques no sean pagados por el banco, y por tanto sean protestados, lo que probablemente generará una serie de molestias y repercusiones que pueden trascender a una amplia gama de actividades: financieras, comerciales y laborales.

Del mismo modo, puede ser cuestionable la idea de entregar un producto como la cuenta corriente sin la exigencia de sueldo, tratándose de un producto que por naturaleza descansa en disponer de recursos monetarios para responder a los eventuales documentos girados, máxime si dentro de la oferta del producto, no va aparejada una cuenta de crédito como respaldo.

Asimismo, debemos recordar que potencialmente la tarjeta de débito es un producto que para que opere y funcione como medio de pago debe disponer del dinero en la cuenta corriente, esto ya que no se trata de una tarjeta de crédito.

Por último, sin el ánimo de ser grave con el escenario, la educación financiera en nuestros jóvenes no es precisamente parte de las cualidades y atributos que disponen. Prueba de ello son los deficientes resultados obtenidos en la última Prueba PISA Financiera aplicada en el 2018, y cuyos resultados fueron conocidos a principios del 2020, resaltándose que en promedio el puntaje obtenido fue de 451 puntos, ubicándose por debajo del promedio alcanzado por los países OCDE que fue de 505 puntos y de los 478 puntos que en promedio alcanzaron los 20 países que participaron en la encuesta.

Sin duda es meritorio que las instituciones se abran a la posibilidad de llegar con productos bancarios a segmentos no atendidos, pero de la misma forma como se pregona algunas características del producto que se ofrece, también se esperaría que al alero de una entrega de información responsable, completa y pertinente a los usuarios, tal como lo plantea el documento “Recommendation on principles and good practices for financial education and awareness” publicado por la OCDE en el 2006, también incluya los riesgos que conlleva, ya que de la revisión realizada en la página web del producto no aparece visible.

En consecuencia, se debe suponer que la transferencia de información sobre el producto se produce en la atención que el ejecutivo(a) de la institución proporciona al usuario, ya sea presencial o virtual, o bien en la información complementaria, de manera física o digital, que se le pueda proporcionar al interesado, ojalá antes de que tome la decisión.

Esperemos que sea así, para que no repita la historia como en otras situaciones de la vida en que el remedio puede ser peor que la enfermedad. No vaya a ser que los supuestos beneficiarios de la oferta, así como los oferentes, analizando cada uno en el tiempo, resulten decepcionados y/o arrepentidos de la operación que se ha realizado.

Mauricio Andrés Burgos Navarrete

Director de la carrera de Auditoria e Ingeniería en Control de Gestión, Facultad de Administración y Negocios, Universidad Autónoma de Chile (Sede Temuco)

UNETE



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