Particularidades del crédito de consumo

El crédito de consumo debe constituir en el ámbito financiero del financiamiento una de las operaciones más recurrentes y reconocidas por la comunidad, sin embargo, ello no implica que los usuarios estén familiarizados con sus características y/o particularidades.

 

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Durante el mes de febrero se publicó por parte del Laboratorio de Contenidos del Diario La Tercera, una sugestiva iniciativa de videos de carácter formativo que son presentados por Scotia para ser examinados por los interesados en un breve tiempo de duración, y respecto del cual el trabajo que revisé estaba dedicado a los créditos de consumo (se puede ver en: https://www.latercera.com/laboratoriodecontenidos/noticia/invierte-en-un-minuto-consejos-a-la-hora-de-pedir-un-credito-de-consumo/6I7GPX2QNFBUHD3KMYW2I6CO4Y/).

En tal sentido, del material compartido se puede destacar: a) El énfasis en la responsabilidad del usuario cuando se trata de estudiar y asumir una obligación crediticia; b) Es un financiamiento que sirve para materializar el logro de proyectos, o bien reunir las deudas, cuando son muchas, en una única institución; c) Muchas veces es considerado como una opción de último minuto; d) Poner atención en el valor de la cuota y los intereses incorporados; e) Su plazo comprende generalmente hasta cinco años; f) Los seguros involucrados con la operación constituyen opciones para el usuario, no una obligación, ante eventualidades que puedan surgir en el futuro. Por tanto su contratación debe ser evaluada por cada persona que requiere el crédito; g) Consultar respecto de la posibilidad de amortizar el crédito y las condiciones para ello, especialmente, costos; h) Potencialmente puede ser usado para consolidar deudas; e i) Ante alguna duda, consultar a la persona que lo atiende en la institución financiera. 

Valorando la información anterior, pero con el ánimo de complementar lo mencionado, creo conveniente compartir algunas ideas que considero importantes de atender cuando se trata del crédito de consumo:

  • Es un producto de financiamiento que está orientado particularmente al segmento de las personas, cuyo sentido de otorgamiento es para responder a necesidades no comerciales (consumo), por ejemplo, la adquisición de un refrigerador.
  • Su pago o devolución se pacta en cuotas.
  • El número de cuotas mínimas para estructurar la devolución del crédito normalmente suelen ser tres.
  • De acuerdo con la Comisión para el Mercado Financiero CMF), se trata de un crédito que normalmente no supera los cuatro años para pagarlo.
  • Tener en cuenta que las instituciones al proporcionar el crédito podrían utilizar distintas alternativas de pago (amortización), pero la más frecuente en el medio nacional corresponde al denominado método francés, el que contempla el pago de una cuota de manera constante en el tiempo, ya sea en pesos, UF u otra alternativa.
  • Potencialmente, el costo de un crédito de consumo suele ser mayor que en el caso de un crédito de tipo comercial.
  • La tasa de interés de la operación crediticia en la que hay poner ojo es la que está expresada como CAE (carga anual equivalente), ya que incluye no sólo los intereses del crédito de manera pura, sino también los gastos y seguros asociados, permitiendo de esta forma tener un panorama más preciso del costo real del crédito.
  • La tasa de interés vinculada al crédito podría ser establecida sobre base de pago anticipado, o bien, vencida. Recomendable es consultar al respecto; en todo caso, el costo por concepto de interés, pensando en el valor de una misma tasa, bajo pago anticipado produce una menor carga total de intereses a pago; sin embargo, no es la modalidad más recurrente.
  • Es conveniente cotizar en distintas instituciones a fin de encontrar la opción más adecuada, probablemente la menos costosa, y para lo cual uno se puede apoyar en el buscador de opciones que el Servicio Nacional del Consumidor (SERNAC) ha dispuesto para la comunidad en: https://www.sernac.cl/app/comparador/.
  • El valor de la cuota a pago, por lo general, se resguarda que no debe superar el 25% del sueldo líquido que pueda demostrar el solicitante.
  • Para pedir el crédito es preciso demostrar una fuente de ingresos “relativamente estable “ en el tiempo, ya que no debemos olvidar que el crédito hay que pagarlo, y por tanto la entidad lo trata de asegurar, dentro de lo posible, que ello ocurra sin contratiempos.
  • No olvidar que si no pagamos una cuota del crédito en el periodo mensual pertinente, es probable que esa morosidad sea informada y comunicada a la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), lo que aparecerá reflejado en los informes de deudas a los que las instituciones tengan acceso, para fines de estudio y seguimiento.
  • La amortización que se puede realizar sobre un crédito de consumo puede ser total, o bien parcial, lo cual debe indagarse con la entidad que se esté negociando.
  • La entidad financiera si observa que la operación de crédito es interesante, pero el solicitante exhibe algún nivel de riesgo, o bien el valor solicitado es algo elevado, podría eventualmente requerir una garantía, la cual en lo esencial podría ser un aval, una prenda, o una hipoteca. Eso si, cada una de ellas tiene sus particularidades y costos, de distinta índole, involucrados.
  • Tratándose del diferimiento en el tiempo para comenzar a pagar un crédito, también conocido como “periodo de gracia”, debemos tener en cuenta que generalmente este periodo de no pago genera intereses, los cuales impactan en el costo total del crédito, y por supuesto en el valor de la cuota a pago.
  • La edad máxima para pedir un crédito de consumo en Chile no se encuentra establecida desde el punto de vista normativo, por tanto cada institución define una política al respecto.
  • Reforzar la idea de leer las cláusulas del pagare que se esta firmando, lo cual naturalmente no podemos considerar una tarea muy entretenida, sin embargo, ello nos permite dimensionar el carácter de los derechos y obligaciones que sustentan la operación que se está en vías de firmar.
  • Tratándose de las consolidaciones de créditos hay que tener cuidado al usar este tipo de créditos, ya que dado que se debe asumir su pago en un periodo de tiempo de no más de cuatro años, entonces, cuando las deudas son numerosas y de alta cuantía, no debemos olvidar que hay que pagar en cuotas, por tanto la precaución y responsabilidad debe centrarse en que el valor de cuota a pago no sea muy alta, y no rebase el 25% de nuestros ingresos líquidos mensuales. Si ello llegase a producirse, entonces habría que contemplar otro tipo de crédito que pueda asumir tiempos de pago más extensos. A modo de sugerencia y reforzamiento se puede revisar un artículo que preparé hace un tiempo atrás titulado “Reflexiones en la renegociación de créditos” (se puede leer en: https://www.reeditor.com/columna/21848/11/economia/reflexiones/la/renegociacion/creditos).
  • Siempre es conveniente preguntar, aun cuando podamos pensar que lo que preguntamos es básico, ya que la respuesta a esa duda, pueda marcar la pauta de nuestra toma de decisión.
  • Por último, las consultas que se vayan a realizar sobre un producto o servicio financiero, sea el que sea, idealmente es recomendable realizarlos antes de asumir un compromiso. Una vez la obligación o servicio esta en funcionamiento, puede ser muy tarde y lamentable para el usuario.  
La educación financiera constituye un atributo, que al igual que otros, debemos ir reforzando y actualizando en el tiempo a fin de poder tomar decisiones que sean pertinentes a nuestras verdaderas necesidades. Por tanto, es relevante desarrollar una capacidad de análisis y juicio financiero que permita evitar quedar expuestos a los discursos e intenciones equivocadas respecto de lo que el usuario desea.

De la misma forma, las instituciones dedicadas a este tipo de operaciones no suelen ser muy generosas en la disposición de información, particularmente digital en los tiempos actuales, mostrando en su propaganda esencialmente lo positivo, y no lo negativo o riesgoso o los puntos de atención.

Por lo anterior, todo lo que sea sumar y permitir ampliar las capacidades de la comunidad interiorizándose del quehacer de los productos y servicios financieros es una acción que se debe reconocer. No obstante, en la construcción de este conocimiento y capacidades también es importante evitar los extremos, es decir, no abusar de la simpleza, omitiendo algunos aspectos que pueden ser relevantes en el análisis y toma de decisión, y por otra parte, exagerar la entrega de información, obstaculizando o desanimando a quienes deseen progresar en sus habilidades.

¿Cuál es el límite, entre uno y otro? Lamentablemente, no es una respuesta sencilla de encontrar, sin embargo, lo peor que podría suceder sobre una entidad financiera es que no genere aportes en aras de favorecer la capacidad decisional de sus usuarios financieros.

Mauricio Andrés Burgos Navarrete

Director de la carrera de Auditoria e Ingeniería en Control de Gestión, Facultad de Administración y Negocios, Universidad Autónoma de Chile (Sede Temuco)

UNETE



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