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SEGOB herencia envenada y las similitudes entres Salinas y Calderon


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21/11/2011

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Confesiones.


 

 

Como resultado del trágico fallecimiento de francisco Blake Mora, después del luto correspondiente y de muchas consultas, el presidente Felipe Calderón designo la sema pasada como su quinto secretario de gobernación, situación que no se veía desde la época de la revolución, tiempo en el que la inestabilidad política exigía de mucha rotación de funcionarios, a Alejandro Poire Romero, para ocupar la titularidad de esa secretaria de estado.

Poire quien se desempeñaba como secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional y secretario técnico del Gabinete de Seguridad, así como vocero en materia de seguridad, es sin duda el secretario de gobernación que arriba a esa posición con el curriculum político más discreto en muchas décadas, con la salvedad de que su llegada no formaba parte de un plan diseñado ex profeso, sino mas bien para ocupar la obligada vacante.

Después del fatal suceso en el que Blake Mora perdiera la vida, Calderón se vio obligado a replantear su estrategia personal y reestructurar su equipo, después de tres bajas demasiado sensibles, en la misma cartera, dos por fallecimiento, las de Juan Camilo Mouriño y de francisco Blake y una más, por razones políticas pero igual de dolorosa, la de Fernando Gómez Mont.

Sin muchas cartas sobre la mesa, Calderón se inclinaba para nombrar en gobernación, en principio a Roberto Gil Zuart, su actual secretario particular, malogrado candidato oficial para dirigir acción nacional y  el principal operador político de confianza que le queda, sin embargo este le manifestó que prefería ser coordinador general de la inminente campaña presidencial de Josefina Vázquez Mota, que si no sucede algo extraordinario será la candidata de acción nacional para la presidencia.

Siendo así, el filtro se hacía todavía más estrecho, quedando finalmente entre el gobernador de Baja California  José Osuna Millán y el propio Poire.

De tal suerte que el presidente, sin una definición propia, una que fuera lo suficientemente convincente para el mismo, se avoco a un sondeo de opinión con varios de los principales líderes políticos, empresariales y sociales, en su mayoría afines a él todavía, pero sin excluir a actores fundamentales como los protagonistas de los partidos rivales, que son con los que el nuevo secretario tendrá que interactuar.

No precisamente buscando democratizar el nombramiento, sino en la búsqueda de consensos que el permitan un mínimo margen de maniobrabilidad tanto a él como al nuevo titular, porque tratándose del cierre de la administración, se hace de urgente necesidad que exista la interlocución valida y no las descalificaciones.

En muchos casos las voces consultadas, coincidieron en apuntar que Alejandro Poire, a pesar de la exposición que ha tenido últimamente no contaba con la experiencia suficiente, la pericia y las tablas que se requieren para una tarea de esta magnitud, incluso que como lo apuntábamos, por la limitacion de su hoja de servicios previa, no estaba a la altura de la posición. En política para ser hay que parecer.

Pero de alguna manera esas reflexiones no significaron un impedimento insalvable, sobre todo en comparación con algunos de sus antecesores, que llegaron al despacho del antiguo palacio de Cobián, en circunstancias similares de reconocimiento público y político, en este caso peso la cercanía y también la falta de opciones tangibles.

Poire recibe una herencia envenada, bajo la sombra de dos trágicos accidentes, pero sobre todo porque esta oportunidad, no le representara personalmente en las circunstancias actuales, ninguna probabilidad de crecimiento político efectivo, al contrario tendrá que ser el frente del gobierno en el proceso electoral del año próximo, en donde desde ahora se puede anticipar la derrota contundente de su partido acción nacional, lo que de suyo significa un fracaso para Calderón.

Así que aun si hiciera un buen trabajo, en el pecado llevara la penitencia, porque lo que cuenta al final es el resultado y no se ve como este se pueda revertir. Si Poire hace correctamente su trabajo institucional, eso no beneficiara en nada a su jefe nominal en materia de la competencia electoral, siendo que este  es por descontado el líder de su partido y quien cargara con el peso  y gran parte de la responsabilidad de la derrota.

Bajo esta perspectiva y en atención de la fulgurante irrupción de Poire en este gobierno, vinculada principalmente al tema de la guerra al narcotráfico, la apuesta tiende a privilegiar este aspecto, es decir que el nombramiento se circunscribe a darle más valor a esa asignatura, el mensaje oficial corresponde pues a que la prioridad será la de continuar la guerra con todas sus consecuencias, por encima de cualquier otro tema, sin embargo tomando en cuenta el poco tiempo que Poire ha permanecido en todos, los muy diversos cargos que ha ocupado, en ninguno ha permanecido lo suficiente como para considerarlo un experto, mucho menos para ofrecer resultados importantes en ellos.

Ahora bien independientemente de la designación de Poire, los elementos de análisis de situación, nos conducen casi por descontado a una circunstancia en el pasado reciente, que implica una serie de similitudes, que sin ser obligadamente iguales, exponen un cierto parecido, en ambos casos de descomposición y cuyo final, uno que ya conocemos por ser historia y el otro en proceso de escribirse, que a su vez se presenta sombrío y poco alentador.

Me refiero específicamente al final del sexenio de Carlos Salinas de Gortari y al actual de Felipe Calderón, ambos arriban a los Pinos como resultado de procesos electorales manchados por la ilegitimidad, en ambos casos en contra de candidatos surgidos del partido de la revolución democrática, Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador respectivamente.

Los dos, Salinas y Calderón transitaron sus mandatos bajo la pesada sombra de fallos electorales controvertidos, en la conciencia ciudadana de la falsedad de sus triunfos.

Ambos perdieron aun en coyunturas diferentes sus candidatos para sucederlos, Salinas a Luis Donaldo Colosio, cuyo asesinato sigue sin resolverse y Calderón a Juan Camilo Mouriño, quien si bien no alcanzo por una cuestión de tiempo a ser candidato debido a su prematura muerte, era sin duda el Delfín del régimen y su postulación solo dependía de las fechas para consumarse.

Los dos perdieron a sus principales operadores políticos, Salinas a su ex cuñado José Francisco Ruiz Massieu, también asesinado y Calderón a Blake en las circunstancias que todos conocemos y que al final de cuentas, se había convertido en su mejor hombre.

Los dos tuvieron que enfrentar una guerra, que ellos mismos provocaron, Salinas con el levantamiento armado de los zapatistas en Chiapas y Calderón en contra de la delincuencia organizada. Los dos perdieron sus guerras.

En ambas coyunturas se observo una devaluación del peso frente al dólar, mucho más grave en el final del sexenio de Salinas que en comparación a esta ocasión, en que el incremento en la paridad cambiaria oscila en los dos pesos, si bien propiciadas por factores diferentes uno eminentemente local y cuya responsabilidad recayó indiscutiblemente en el gobierno y el otro como resultado de los efectos de la crisis financiera en Estados Unidos y Europa, pero de cualquier manera devaluaciones al fin y al cabo.

Como lo apuntábamos, la designación de Poire en gobernación y las coincidencias de los tramos finales de los mandatos de Carlos Salinas y Felipe Calderón, son dos situaciones aparte, sin embargo en este último caso mas allá de lo anecdótico y valorando como termino el primero y las secuelas que hasta ahora producen sus efectos, no queda más que esperar que el siguiente desenlace sea de igual a peor, tal vez mucho peor, si no en la parte económica si en la social y política, porque hoy la lucha contra la delincuencia se avizora como el más grave síntoma de una enfermedad incurable, terminal, que contagia y se arrastra sin posibilidad de hacerle frente.

 

guillermovazquez991@msn.com

twitter@vazquezhandall

 



Etiquetas:   Política

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