¿Inclusión o autodiscriminación de las mayorías? Tendencia autodestructiva.

Algo extraño está pasando en nuestra sociedad cuando las grandes mayorías están permitiendo y apoyando que se generen leyes y acuerdos que vulneran sus propios derechos a favor de las más pequeñas minorías. 

 


Cuándo la mayoría de la población viene siendo discriminada por ser parte de la mayoría y sin ninguna otra razón.

Hoy los más discriminados de la sociedad y por tanto más vulnerados por la ley en nuestro país son las personas de mediana edad, varones, heterosexuales, blancos o mestizos y cristianos. 

Estando aún más discriminados aquellos que cumplen varios o todos estos requisitos simultáneamente. 

El espíritu de la democracia es el mandato de las mayorías a favor de sus propios intereses y de los intereses de la sociedad en común, aunque, es moralmente inaceptable la “discriminación” sin importar a quién beneficie o a quien perjudique.

Incluir es “Poner una cosa en el interior de otra o dentro de sus límites” por tanto dar cabida dentro de la sociedad a las minorías y a todos; consiste en permitir que todos puedan entrar sin distinción; por tanto, crear leyes y permitir que haya ciudadanos con privilegios sobre otros es moralmente perverso.

Crear leyes y políticas que sean incluyentes implica hablar de un somos todos, creando una identidad de cuerpo... Dónde ninguna razón exista para que se permita la discriminación. 

Esta fue la manera como Nelson Mandela, en Sudáfrica, luego de tomar el poder tras muchos años te discriminación de los blancos hacia los negros, adoptó una política inclusionista, hablando de ciudadanos, indistintamente de su raza; creando cohesión de país.

Incluso adoptó el RUGBY, el deporte nacional de los blancos como deporte nacional y se vistió con los colores del equipo que hasta entonces era visto como el símbolo del apartheid y por tanto de la discriminación; convirtiendo el deporte en un símbolo que generó cohesión de nación.

Cuándo nosotros dividimos a la sociedad o permitimos que sea dividida de acuerdo con su sexo, su género, edad, raza, creencias políticas, condición económica o por cualquier otro factor que pudiéramos identificar; no estamos creando inclusión, estamos creando exclusión y finalmente dividiendo la sociedad en grupos de interés.

En una audiencia pública, hace unos años, donde se trataba la manera como debería ajustarse el modelo del sistema de salud para los colombianos, una representante de las negritudes en el departamento del Cesar se levantó para preguntar: “Falta incluir algo que beneficie alas negritudes”. Esto me cuestionó porque no se buscaba incluir a las personas de raza negra en el modelo, sino darle privilegios por encima de los demás ciudadanos; por lo que lo que se buscaba no era inclusión, sino exclusión de los diferentes.

Hace unos años, en Estados Unidos, un hombre fue acusado de discriminación sexual, por parte de un hombre gay; ante esta acusación fue inmediatamente apartado de su cargo y por cuatro meses afrontó un proceso sin que se aportaran pruebas de la acusación. 

La causa de la acusación y argumentos aducidos por el demandante se basaba en que durante los periodos de descanso, el acusado en la sala de descanso sacaba de su morral una biblia y rezaba el rosario.

La ex esposa de un conocido, en Colombia, lo acusó de abuso sexual contra su hija menor de edad; no hubo pruebas pero él perdió el derecho de ver a su hija y estuvo a punto de ser encarcelado. Su hija ya era mayor de edad cuando fue declarado inocente.

En ambos casos el acusador quedó impune.

Muchos de nosotros podríamos pensar que la discriminación de la mayoría es un principio de justicia; pero por el contrario en lugar de generar equidad, genera inequidad; en lugar de generar justicia genera injusticia y en lugar de generar cohesión social, destruye los fundamento de la sociedad.

En la historia, el gobernante romano Julio César y el emperador Napoleón Bonaparte utilizaron la máxima: “Divide et vinces, divide ut imperes y divide ut regnes” que podemos traducir como: “divide y vencerás, divide para gobernar y divide para reinar”. Esta máxima nos pone a pensar cuales son los intereses de quienes en lugar de incluir y generar cohesión; separan y atomizan la sociedad, vendiéndonos la idea de que para incluir a las minorías debemos oprimir a las mayorías amplificando la inequidad, atomizando la cohesión social y haciéndonos vulnerables ante la opresión de tiranos perversos que desean oprimirnos y destruir lo que hemos construido por centurias con tanto esfuerzo y sacrificio.

Lograr que las personas que conforman la mayoría de la sociedad luchen por permitir que se vulneren sus propios derechos; posiblemente es uno de los avances más audaces de la ingeniería social moderna; consiste en lograr que las personas que conforman el grueso de la sociedad, pensando en un principio utópico de justicia, pongan su futuro en manos de las minorías, quienes no siempre tienen los mismos deseos altruistas y que aprovechan el poder excepcional que se les brinda, encontra de unas grandes mayorías que obraron insensatamente

UNETE



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