El papá, en dos zancadas

El papá, en dos zancadas

 

. En la parte delantera de su vivienda se encontraba el Viejo. Recostado sobre su hamaca esperaba que apaciguara el calor de la tarde.

Se aproximaba la primavera.  Sentíase alegría en los pueblos cercanos, sus fiestas de retorno y verano entre julio y agosto.

En este barrio tradicional, en una vieja ciudad fundada el 25 de julio de 1536 por un señor llamado Sebastián con apellido terminado en cazar.

En esta ciudad vivía un viejo en compañía de su hijo. Quien siempre lo había acompañado. El apego era mutuo y a partir de la muerte de su esposa, una mujer llena de jubiloso sentido del humor y generosidad.

Era una singular pareja que a pulso y sacrificios consiguieron criar a sus diez hijos, nietos y otros agregados. Con su capacidad de sueños y verraquera, en común, consiguieron realizar sus quijotadas.

Herencia de hábito

Recostado en su “hamaca”, objeto de reposo desde su infancia, toma su descanso ritual todos los días. Desde allí mira hacia el infinito en espera de alguna visita.

Así, hasta caer la tarde noche, después de llegar del Casino del centro de su ciudad, único entretenimiento que le apetecía, después de haber logrado con el fruto de su trabajo una digna pensión.

En otros tiempos prefería ir de caza y pesca. Fueron unos tiempos magnífico, llenos de historias y fantasías que mezclaba con sus relatos de aventuras, las cuales compartió con sus hijos.  

Añoranzas de bellos y gratos recuerdos infantiles.

En el patio trasero donde vivía en un humilde cuarto lleno de cachivaches, varas de pesca y atarrayas, había improvisado una pequeña cocina con ollas, platos, pocillos, cacerolas, jarra para escurrir su coladora cuando preparaba su tinto; un televisor que le había regalado uno de sus hijos, un juego de cubiertos que había adquirido cuando una de sus hijas menores lo llevó en compañía de su esposa a San Andrés, muchos años atrás, y un transistor que le había regalado su compañero y amigo el que siempre lo había acompañados, su hijo mayor, en fin…

Encanto de vivir su vida

El solar trasero de su casa lo compartía con cuatro gallinas y un hermoso gallo brahma armiñado azul, con el cual compartía diálogos austeros. Se emocionaba cuando les echaba el maíz y las sobras de arroz que quedaban del día anterior.

Se había vuelto costumbre el regaño al Rey del gallinero, ya que este no picoteaba hasta que las gallinas no quedaban satisfechas. Estas, llenando su buche, cacareaban, se alejaban de lo poco que quedaba del manjar matinal.

Luego de este rito el gran animal emplumado pegaba el pico contra el suelo terminando hasta con el ultimo testimonio de lo que le habían servido de comer.

Viejos recuerdos

Enjugaba sus lágrimas mirando hacia al firmamento.  Las limpiaba con sus dedos, ya torpes y arrugados.

Con vagos recuerdos, que le venían a la memoria, se tomaba su tinto, no sin antes brindarle a su hijo, el que a veces se adelantaba y se lo servía.

Luego conversaban sobre la actitud del gallo y reían a carcajadas y hasta buñuelo, a veces, le compartían a tan noble animal.

Luego el viejo salía de su vivienda, no sin antes darle una bendición de ademán a su hijo. Este respondía su ritual utilizando la frase de cajón, que tengas un excelente día, mi viejo.

Caminando, mirando el suelo, hacía memoria de su esposa, que colaba el café y le brindaba una arepa de maíz trillado, cocido y molido por ella.

En otros tiempos ese hermoso solar se perfumaba por la cosecha de los diferentes frutos y hortalizas que su esposa cultivaba, al fin y al cabo, eran sus raíces de tradiciones y costumbres campesinas.

Novecientos doce días

Un día cualquiera una pequeña familia, con vínculo de parentesco, a la cual él había ayudado con mucha bondad, se lo llevó, con cuentos fantásticos que solo cabían en su imaginación.

Solo jugaban con su nobleza, ya que siempre apoyando necesidades de espíritu generoso; pero le tocó empezar de nuevo y resignado a pagar servicios públicos, arrendo y otras obligaciones sin quejarse jamás.

Recordando con asombro en sus tiempos de señorío o de juventud; criando hijos y visitando los lugares de sus afectos y emociones disfrutando de sus copas o cerveza helada para la sed;

pero tenía la buena costumbre ayudar a los demás, y sus años le marchitaron su fuerza natural convencido de estar haciendo bien las cosas y no alcahuetear; equivocado o no esa era su vocación social, tal vez recordando su vida llena de penurias y resistencia social.

Así de este modo se quedó ayudando a fervorosos fieles del señor, acompañando en sus caminos a los fieles servidores de la iglesia local acompañando los domingos con cantos y alabanzas al padrecito y su comunidad, lo cual reconocía que en un tiempo ocupo su vida al servicio social y comunal

Pequeña familia

A esta pequeña familia Dios los bendice con la presencia del abuelo, quien con engaños y triquiñuelas tomó las riendas de atribulaciones que la familia adquirió del pueblito lejano donde un día vivió.

Transcurrido un corto tiempo esta familia encontró una pequeña arista de vínculo eclesial. Consiguiendo en corto tiempo de pequeño equilibrio económico, pero fue fugaz…

Rodeados de familias locales y contando con su abuelo, el tiempo musical, fiestas, juegos, siguieron con la dicha del abuelo bonachón, preparando al encierro y del día sin retorno a su vieja casa en compañía de su hijo y demás, sin vaticinar el abuelo lo que se avecinaba para él.

Claramente ellos no podían perder la economía y de bienestar social que habían conseguido para estar emparrandados cada ocho días hasta el amanecer, confrontando los afectos de los otros hijos y su compañero de habitación, con rivalidades en injurias, y sin darle la razón, el hijo mayor decía yo le he hecho compañía desde niño sin faltar un día, reconozco que imperfectos somos y solo digo sin ironías que probando teorías las humanas son y no son tardías en juicios, envidias y alegrías familiares y sociales, debemos de saber que siempre tenemos rivalidades y envidias a granel.

Creer

Injustamente se creyó que, por sus creencias espirituales acomodadas, se les depositó confianza y se falló, creyendo ciegamente en la buena fe, voluntad y espiritualidad se delegó, que jamás unos familiares cercanos traicionarían a la vez;

no se esperaba nunca que las actitudes en quienes practican y predican con fuerza vanaglorias de bondad y humanidad, quedando al descubierto resultados adversos a su prédica espiritual.

Confianza

Siguiendo sin entender esta razón de desconcierto, que se equivocaron a diario sirviendo esto de herramienta o experiencia para informar o denunciar que debemos destruir los horrores cotidianos que aprendamos al nacer, ya que ni la crianza inyectada con amor a cada hijo o persona funciona con todos a la vez, aquí tenemos un pequeño relato de vida escondida tras la máscara de la personalidad, lo mejor es razonar el porqué de las cosas?, cuál es nuestro amor propio? a grandes rasgos se podría definir el respeto y los valores míos y de otros quedaron olvidadizos o torpes a la vez.

Sintiendo la terrible nostalgia de haber perdido a su viejo, sin haberse muerto, negando oportunidades de quererlo y mimarlo; en los dos últimos años de vida que le quedaban para andar; nunca pudo disfrutar de su antiguo espacio con sus hijos, y otros hijos también, que en alguna visita le decía  “me voy pa´, mi rancho no joda harto estoy acá”… y no le cuentes a nadie pero hace algo ya!, algunos lo escuchaban pero era tarde, ya se había convertido de la noche a la mañana en un ser sin caminar, con gran tristeza reclamaban, siendo expulsados y maltratados que a la justicia se acudió, acompañado de otros, pero la justicio cojeo.

Irreparable

Con mucho desconsuelo lamentaban el día que permitieron que se lo llevaran a un examen que nunca finalizó. Añorando rememorar y reír como antes, y mucho menos recordar los cuentos y adivinanzas que el viejo les contaba en sus inocentes infancias y adolescencia; sin volver a compartir los mimes para calmar un poco sus dolencias y aflicción;

congoja dejan que no le hayan permitido permanecer un buen tiempo al lado de los que los extrañarían después que se lo llevaron, pues en rancho había buena sazón, cuando iban de visita llevando leña seca y poner al fogón, sancocho de gallina con buen cilantro y cimarrón, que comían también los vecinos porque se hacía por montón.

Recuerdo también algunas visitas viéndolo encerrado entre rejas en compañía de extraños sin ninguna razón y dijo:

No me dejen hijos míos, llévenme a donde vayan, como si fuera mascota, o mejor las mochilas que un día llevaban en los hombros cuando salíamos de casería y a pescar; llévenme siempre, no te voy a molestar, seguro que no te pediré golosinas y ninguna bebida en particular, recuerdo que alguna vez visitamos hermosos lugares, llévenme otra vez; como cuando los llevaba en la niñez, les prometo que no molestare; sí, sé que estoy viejo y un poco sordo a la vez, tampoco camino, pero saben, que no soy pesado, mi piel se me ha arrugado y se ha pegado a mis frágiles huesos todos lo saben también, porque siempre compartimos espacios juntos, y a la vez, recuerdo que un día nos encontramos en el rancho y a conversar pues ese día tomamos unas chelas y conversamos hasta llegar el amanecer.

Dice el viejo

No me vayan a obligar a dormir pues me queda poco tiempo, y lo quiero extender, pues mi sueño es mío, y yo veré que hago con él, no permitas que me encierren, me duele saber que ya no puedo correr… y no vienen, qué amargor siento, y disgusto a la vez.

He tratado de ser fuerte pero, sabes, siento que el alma se me debilita cuando ella me regaña o su hijo me grita también, como si fuera culpable de algo.

Soy consciente que, a veces, me quejo más por atención que por mis dolencias. Tal vez, ya que llevo mucho tiempo de invisible, o transparente u objeto de una sala o alcoba, tal vez, donde ya nadie me ve.

Me doy consuelo al mirar el engaño de unas luces que me quedan en el recuerdo. Relaciono ya sin lucidez la tradicional Noche Buena o uno de esos bares que de mozo visité.

Tal vez sea que por falta de atención y ejercicio mi cuerpo se fue muriendo hasta atrofiar músculos y tendones, también.

No, no estoy molesto, es la misma soledad que siento aun estando acompañado.

Mi mente, a veces, no es tan clara.

Quiero que no se enojen, si no les miro, es que ya no vienen, y tengo rabia de que no hayan venido; así le tengan prohibido, vengan que los extraño también.

Yo no he prohibido si ellos lo dicen, es mentira y no les crean. Los recuerdo, pórtense tranquilos, y pórtense bien, que un día voy a estar dormido.

Les pido que no me hablen con engaños porque sé que me han mentido, ya sea por no querer tener conflictos.

Lo más seguro, hijos míos, es que de aquí no voy a salir sino dormido.

Sé que tienen enojos y amargura por mi tristeza y soledad, de la impotencia de no permitir estar allá en mi rancho otra vez.

Por eso les ruego no me dejen. Por ahora solo vago en pensamientos y poderles decir, que tienen razón en sus reclamos.

Cuando he oído decir que repito como loro lo que me hacen decir, “estoy bien, me tratan bien”, cuando preguntan cómo estoy, ja, ja, ja, ja y esto no es nada, hijos, cuando he querido hablar y me sacuden y me dicen que estoy delirando o “no le pare bolas que está muy viejo”, que me volví loco, cansón y mentiroso.

Cuando se retira la preguntona, me dicen que solo puedo hablar cuando permiso me den, ja, ja, ja, ja soltando la segunda carcajada que retumbo de asombro a los presentes.

Qué ironía, dónde iré a parar.

Siento lástima por ellos, porque de estas costumbres no lo harán con nadie más, no creo que tengan otra oportunidad o quién sabe, si entre ellos se lo harán, algunas veces me hago el dormido, oyendo sus planes a lo Maquiavelo.

Sí, es triste hijos, escucho cosas y algo comentan sobre mí y la miseria que tengo pues no tengo nada, porque todo lo he dado; algo han cambiado respecto a lo insignificante dejado, también han abusado de préstamos, lo he escuchado; cambiando las cosas, que hice en el pasado para seres que queridos dejar un bocado; por eso les digo no me dejen hijos míos.

Ya ni dolor siento, le he dicho a Dios en mis silencios que no son los dolores físicos los que me matan, son las tristezas del alma…canción que escuchaba con alegría y nostalgia.

Lo que un día forjé y fuimos forjando redes que nos vamos atando, unos con otros, es difícil aislarnos y más difícil dejar de mirar con compasión, cuando afloran los sentimientos hacia lo forjado.

En este sentido debemos intentar que otros se comporten adecuadamente, sin irrumpir en sus creencias e imperfecciones intrínsecas. Sin la importancia de nuestras imparcialidades, sin sesgos de ningún tipo.

Todo es efímero, hasta la vida misma, solo es tiempo de esperar.

En visita todos al viejo, un día cualquiera de agosto, y preocupados por sus dolencias y bienestar, le conversamos sobre su estado, y como el tiempo nos desdibuja no solo corporal, pues nuestros sentidos van perdiendo su sentido y nuestra piel se convierte en dobleces hermosos que armonizan con el tiempo vivido.

Lo duro es el vacío dejado por los que amamos; pero inconfundible armonía sinfónica cuando recordamos y recorremos lo vivido buscando dentro de nuestros pensamientos el recreo primaveral de nuestra estancia en esta vida pasajera.

Su suave sonrisa estiró un poco su piel y asintiendo con un movimiento de su cabeza nos dimos cuenta que disfrutaba nuestra conversa y en tierno abrazo de reconciliación y perdón de almas perdidas por algunos afanes triviales, empezamos una pequeña oración la cual sentía que seguía al tener su rostro iluminado de agradable sonrisa y a alguien le tomaba la mano apretando suavemente sin hacer daño.

Empezamos la oración, Padre nuestro que estas en el cielo…tú que todo lo sabes y no te podemos mentir, en este momento te pedimos que nos perdones y me ayudes a llegar donde ti, que los seres cercanos que se han ido adelante me lleven de la mano en el hermoso encuentro tuyo y de nuestra madre María, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo y perdona todas mis culpas… amén.

Aceptando a la expiración con esta ayuda de sus hijos, quizás estaba confundido, pero no se podía cambiar las cosas y con el dulce agradecimiento y el perdón, le proporcionaron el camino de regreso donde se encuentra hoy disfrutando, satisfecho con el agrado de haberlos perdonado, bendecidos y diciendo: los quiero hijos.

¡Qué gran amor escondido y lo has dejado para el final, nunca es tarde dejarlo escapar, en este su momento de paz y armonía espiritual! En la Pachamama como tributo de amor y de paz.

Al separase el espíritu de tu cuerpo, y saber de tu ausencia, no sabía cómo reanimarme y reaccionar. Debía sentir alegría por el cese de tus dolencias pero, por otro lado lo difícil de haber vivido obligados lejos de tu presencia. Los que te amamos te extrañaremos al no poder verte más.

Fuiste y seguirás siendo un ser sin igual. Seguirás viviendo en nuestros corazones, con los más hermosos recuerdos que compartimos. Perennes agradecimientos a todos los que nos acompañaron en tan difícil e ineludible suceso, también a los que por diversos motivos no alcanzaron a llegar, un fuerte e inmenso abrazo fraterno.

UNETE



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