Odio y supremacismo con silencio cómplice

No hay que buscar la confrontación. Se trata de que en los centros educativos se respete el cumplimiento de la ley; en este caso el cumplimiento de la sentencia que garantiza ese 25% en español.

 

. Se trata de que en los centros educativos se respete el cumplimiento de la ley; en este caso el cumplimiento de la sentencia que garantiza ese 25% en español.

No se puede esperar más. La defensa de los niños en Cataluña es una necesidad. Ya es un tema de Estado. Sabido es que el Gobierno «Frankenstein» se ha desentendido de los problemas de represión que practica el supremacismo, las amenazas a las familias, el odio contra los niños castellanoparlantes, la persecución a todo lo español, las instituciones y las tradiciones españolas. El defensor del menor está obligado a actuar contra los padres que utilizan los medios a su alcance para el logro de sus fines políticos. El declive de la democracia española empezó por la degeneración de personajes y partidos que han aterrizado en el escenario político, y que enarbolaban las banderas socialista y comunista.

Admirable es la postura de la Asamblea por una Escuela Bilingüe de Cataluña, así como la de Impulso Ciudadano. Ambas han hecho que las familias empiecen a perder el miedo. Entienden que la libertad no llega sola; de ahí que su revolución por la libertad en Cataluña haya empezado a implantarse en los centros educativos. No se trata de buscar la confrontación sino más bien al contrario: se trata de que en los centros educativos se respete el cumplimiento de la ley; en este caso el cumplimiento de la sentencia que garantiza ese 25% en español.

Pongámonos por un momento en el lado opuesto. ¿Qué pasaría si en vez de pedir el respeto por ese 25% de español en los centros educativos, fuese un 25% o más de catalán? ¿Se imaginan cómo reaccionarían los energúmenos independentistas, progolpistas, nacionalistas y antisistema? Sin duda dejarían de cumplir la ley, como incumplieron el 1-O y llamaron «democrático» a lo que fue un esperpento donde votaba el ciudadano con su perrita: ella también votaba como se vio en las imágenes de TV. A eso llamaron «legalidad del 1-O» y a eso llaman «voluntad del pueblo catalán». 

Supongo que nadie esperará nada de quien es incapaz de razonar con personas que intentan dar normalidad a la represión y al acoso a un niño de cinco años. Y todo ello para imponer una lengua que únicamente se habla allí, y en muchos casos se habla mal, con muchas deficiencias o echando mano de cientos de vocablos de otras porque el catalán tiene sus limitaciones. Y lo mismo que normalizan el acoso y la represión a un niño, lo hacen con los adultos; es decir, no dudan en normalizar la fuerza para imponer una ideología, religión, norma o decisión. Lo peor de todo es que, a la vez que reprimen, ellos mismos se victimizan con peregrinos argumentos, anclados en el más vetusto sentimiento de falsa raíz nacionalista.

También me cuesta entender cómo los diarios gubernamentales de inclinación siniestra o ultrasiniestra silencian el acoso fascista al niño de Canet de Mar y a su familia. ¿Por qué ocultan el linchamiento que sufre el menor por pedir un 25% de clases en español? A nadie debe sorprender que cientos de familias catalanas silencien sus deseos de cumplir la legalidad. Pocas familias se atreven a pedir la educación en español en esa Cataluña denigrada y degenerada por el independentismo progolpista, a la vez que dan la cara. Hay miedo a ser apuntado con el dedo y quedar señalado «per sécula». Así llevamos muchos años. Y es el momento de cambiarlo. Al catalán que se siente también español, porque lo es, hay que recordarle las palabras de Carlyle: «Puede ser un héroe lo mismo el que triunfa que el que sucumbe, pero jamás el que abandona el combate».

Incluso, es el momento de poner orden: lo están intentando varias familias, lo han intentado asociaciones y agrupaciones, no dejan de hacerlo Ciudadanos y VOX. El PP se limita a hablar, pero no actúa. Del Gobierno mejor no hablar: su actitud es calificada, incluso en Europa, de «despreciable ante el sufrimiento de miles de familias en Cataluña». No faltan voces autorizadas que reclaman a la Comisión Europea una revisión a los falseados Presupuestos Generales del Estado, donde se beneficia a Cataluña en detrimento de comunidades mucho más necesitadas y abandonadas por la Administración socialista. Si Nadia Calviño habla poco de las ayudas europeas es porque, de momento, el freno está echado.

Esta vez se lo han tomado en serio todos los diputados de @Cs_Europa. No han dudado en remitir una carta a la comisaria @VeraJourova; en ella denuncian la realidad del momento: la violación de los derechos fundamentales del alumnado catalán, además de la represión y violencia dialéctica, junto al acoso que está sufriendo la familia del niño de Canet. Se trata de que se abra una investigación formal sobre los hechos, así como la pérdida de derechos y libertades en Cataluña, donde el abandono del Gobierno central es un hecho, movido por intereses personalistas de un enfermo que figura como presidente.

Muchas otras voces se levantarán contra el totalitarismo. Nadie va a volver a pasar por la resignación ni la humillación. Si el Gobierno no asume su responsabilidad por incompetencia y negligencia, ni el jefe del Estado toma carta en el asunto, debe ser el pueblo quien actúe. Eso sí, cuando el sentir democrático salga adelante, ni Gobierno ni Jefatura del Estado deben ponerse medallas que no son suyas y que no han conseguido por simple cobardía. Esas instituciones han decidido vivir de rodillas, pero el pueblo expresa a diario su deseo, que no es otro que vivir de pie y hacer frente a las adversidades.

Cuentan quienes presenciaron la manifestación terrorista contra ese 25% en español que se gritaban consignas a favor de «Terra Lliure»: energúmenos con deseos de terrorismo en Cataluña, de manifestación de odio y de confrontación permanente. No quiero imaginarme qué pensará el mundo empresarial catalán, o el que pretenda establecerse allí, cuando contemple la confrontación que piden ERC, JxCAT, la CUP y otros grupúsculos donde no faltan catetos y bestias influyentes que piden a sus sicarios que se reúnan para tirar piedras a la casa de un niño de 5 años.

Un insigne catalán que seguía de cerca los violentos acontecimientos decía que «Lo que sucede en Canet de Mar es la perpetración de un delito de odio. Esa transgresión está impulsada por las propias autoridades autonómicas, sin que falte cobertura y complicidad del Gobierno español». El independentismo ha entrado en «posición locura»: esa no es otra que la suma del supremacismo más el odio. El silencio de Pedro Sánchez «El mentiroso», con más inclinación a mantenerse en el poder que en defender a las familias y las necesidades españolas, recuerda lo peor de otras épocas.

¡Lo que era Barcelona y el estercolero en el que la han convertido Ada Colau y su mugrienta tropa, además del independentismo y el ruin nacionalismo!

UNETE



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