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El encanto de la coacción arbitraria


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18/11/2011

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Aunque a muchos de los que alguna vez simpatizamos con el anarquismo nos disguste, no parece haber convivencia y sociedad sin un mínimo de represión y violencia. Al no ser ni dioses ni bestias, como aseveraba Aristóteles,  necesitamos ponernos algunos límites para poder andar juntos, según nos lo dicta nuestra debilidad gregaria. Por tanto, podríamos aseverar que es imposible un régimen de libertades que, paradójicamente, pueda prescindir de la coacción o  de, al menos, un mínimo de ésta. Insisto, aunque les duela a todos los ácratas de este mundo, la finalidad del Estado, como sentenciaba el sabio de Spinoza, parece apuntar a la libertad. Pero esto es una cosa y otra que la convivencia y la sociedad descansen únicamente en la represión y en la coacción descarnada.


Si la libertad es la ausencia de la coacción arbitraria, como aseveró Hayek, entonces un régimen como el cubano ha sido hasta ahora un claro ejemplo de la falta de libertad y un modelo de una coacción antojadiza y caprichosa pocas veces vista. ¿Cómo es posible que a estas alturas de la civilización y la cultura tengamos que asistir al lastimoso espectáculo de una pobre mujer que agradece, saltando de alegría, el que se le permita disponer por fin de su casa? ¿Qué ha cambiado para que esta pobre señora que  por décadas se le ha prohibido que venda su casa , ahora pueda hacerlo? ¿Qué movía al gobierno para mantener tal prohibición y qué lo mueve ahora para eliminarla?

La medida de compra y venta de inmuebles , que entró en vigor el 10 de noviembre y que ha sido publicada en Gaceta Oficial Extraordinario número 35 como el Decreto ley 288, es aplicable tanto a los cubanos que habitan en la isla como a aquellos que se encuentran en el extranjero, y junto con una serie de normativas, como permitir la compraventa de vehículos y limitar los mandatos de los políticos cubanos a diez años , son algunos de los lineamientos provenientes del VI Congreso del Partido Comunista Cubano , celebrado en el mes de Abril en la Habana. Lo que ha podido trascender a los medios es que tanto esta disposición como las otras que hemos mencionado, son parte de un plan para “actualizar” el modelo socialista cubano.

Pero esta explicación, por muy terrible que parezca, todavía nos estaría hablando de  las buenas intenciones de los gobernantes, y  por ello no creo que pueda caer muy bien  entre los que se le ha ido la vida siendo parte de esta ingeniería social. Como decíamos en nuestra columna pasada, el término tiranía fue acuñado por los antiguos para designar el abuso de poder, la crueldad  y la discrecionalidad de un gobernante y su familia, y si en un principio no fue peyorativo, gracias fundamentalmente a Aristóteles, al considerarlo como el peor régimen existente, ha pasado a nuestros días como sinónimo de un gobierno despótico y arbitrario. Por eso Erasmo de Rotterdam, uno de los fundadores de esta modernidad que disfrutamos, cuando escribe  La educación del príncipe cristiano, citando a Aristóteles,  dirá: “Muchísimas son las características que corresponden al tirano. Pero se resumen en tres. La primera consiste en el empeño del tirano para que los ciudadanos no quieran o no se atrevan a rebelarse contra él. La segunda, que no se fíen unos de otros. La tercera, que no puedan maquinar revoluciones. Consigue lo primero intentando por todos los medios que los ciudadanos tengan la menor iniciativa posible y la mínima sabiduría, teniéndolos servilmente o dedicados a ocupaciones sórdidas o sujetos a delaciones o enervados por los placeres. Sabe que los ánimos generosos y elevados soportan a duras penas la tiranía. Logra lo segundo intentando que los ciudadanos disientan entre sí con mutuos odios y que se delaten unos a otros. Alcanza lo tercero mermando a toda costa las riquezas y la autoridad de los suyos…”

En fin, que la coacción arbitraria nunca ha dejado de ser una tentación para los que gustan del poder a todo evento, lo demás parecen ser razones que tratan de cubrir este hecho, todavía más cruel que el que se nos considere simples conejillos de indias  de un experimento.    



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