Carta dirigida a los intelectualoides académicos



A mis amigos que se hacen llamar intelectuales por haber escrito un texto cualquiera, y por esgrimir argumentos cuestionables en él basados en tal autor y en tal otro, y hacer un texto absolutamente coherente, a veces lleno de silogismos, y por eso se hacen pasar por hombres que pertenecen a cierta entelequia y a una élite a la cual solo algunos elegidos pueden ingresar, como los que son citados con frecuencia en tal texto o en tal otro, a esos hombres va dirigida esta carta.

 


A ustedes, hombres y mujeres que se hacen llamar intelectuales y por ello, hasta cierto punto, gente importante, habrá que preguntar si también ustedes son gente útil.

¿Quiénes son estos seres? Usualmente son hombres y mujeres que hablan con desdén de la literatura y hablan con cierto esnobismo de la ciencia, y comparan a esta y aquella como si fuesen disímiles y no formasen parte del conocimiento humano.

Tanto la ciencia como la literatura no dejan de ser formas de conocimiento, si bien aquella está más sometida a reglas de argumentos y contra argumentos, de conocimiento "teórico" basado en hipótesis, a veces cuestionables, la literatura no deja de ser un campo de conocimiento humano, a veces demasiado humano, a veces es más próxima a la verdad que la verdad científica, a veces la literatura nos aproxima a nuestros errores y a las tragedias humanas más de lo que puede explicar una ciencia social en tomos enormes y aburridos. Ya lo decía el gran estagirita, un hermoso verso puede explicar toda una vida heroica que varios tomos de Plinio El Viejo.

Estos hombres y mujeres "científicos" que usualmente desdeñan a la literatura tienen que recurrir a la herramienta de trabajo de ella para poder expresar sus argumentos: la palabra, la sintaxis, la buena frase. Y en esto, no nos dejemos engañar, muchos de los científicos manifiestan su talón de Aquiles pues carecen del talante del escritor de fuste. Muchos "científicos" que pretenden expresarse lo más racionalmente posible fallan en la escritura de una frase, cosa que sería imperdonable en un auténtico escritor. Los invito a leer a los "intelectuales" de la arquitectura, Ludeña o Acuña, cualquiera de ellos, en algún texto, manifiesta , siempre, esta carencia.

Por ejemplo Ludeña emplea siempre neologismos absurdos como post barriada, barriadización o cosístico, términos que no encajarían en el diccionario porque nadie entendería el significado de estos términos

Así, podríamos recurrir a cualquier obra de estos intelectualoides de la ciencia arquitectónica, escritores "de fuste" peruanos sobre historia de la arquitectura que tienen taras de escritura en sus obras, y aún así desdeñan, y con creces, la literatura, de la cual más bien deberían aprender de los grandes escritores a construir una buena frase con palabras habituales y dejar de plantear neologismos, pues esto es un atributo de auténticos intelectuales como Unamuno, quien acuñó el término "nadería" como la esencia de la nada. El maestro español fue autor de obras sobre la tragedia humana, escritor de la metafísica ahíta de catolicismo, escritor incomparable a nadie de los llamados científicos de nuestro medio. ¡Aprended "científicos" del maestro Unamuno antes de desdeñar a un auténtico escritor y maestro de la literatura!