Si sólo fueran los culos, con perdón, los adheridos a la poltrona del que un día sabremos fue poder secuestrado, sólo tendríamos que preocuparnos de que se despegaran o, en todo caso, asegurarse de que se pegaran al banquillo de los acusados que espera a no pocos facinerosos de estos años del socialismo zapaterista.



