Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   Lectores   ·   Escritores   ·   Libros   ·   Poesía   ·   Periodismo   ·   Lectura   ·   Mundo   ·   Cambio Climático   ·   España   ·   Italia



América Latina republicana


Inicio > Política Internacional
17/11/2011


9091 Visitas



El continente de las Repúblicas sigue siendo por excelencia nuestra conflictiva y constante América, que se extiende desde Estados Unidos hasta el Cabo de Hornos. Sin embargo, lo que resulta una tremenda vindicación, pese a todos los eventos que la han sojuzgado a través de dos siglos, es que hoy América Latina, la parte históricamente más rezagada del continente en relación al tremendo poder y desarrollo de su hermana nación del Norte, es más republicana que nunca. Si miramos la evolución de las repúblicas modernas a escala global, en los últimos 200 años, la gran mayoría no son sino repúblicas nominales, como ocurre recurrentemente en África y en Asia. En esos casos, la condición republicana solo emana del hecho de que no impera la monarquía, pero sus pueblos, sus ciudadanos, poco tienen que aportar en relación a cómo se establecen los mecanismos de representación, aspecto determinante para reconocer en una república su condición de tal. La referencialidad, para entender lo que es una verdadera república, parece ser que se encuentra y se ha encontrado siempre más nítidamente expresada en lo que Europa y América aportan y han podido aportar históricamente. Más, cuando miramos a Europa, vemos que su afirmación republicana ha sido particularmente inconstante, y parece haber estado condenada a un condicionamiento perpetuo. Solo Francia tiene una constancia de más de un siglo de republicanismo concreto en el desarrollo de sus instituciones. Muy poco para haber sido la segunda república moderna. La primera, bien sabemos, radicó en la Nación del norte americano. Ilustrativamente, en la historia política moderna, lo que nos queda de ejercicio republicano europeo, hasta antes del derrumbe de los regímenes del Este y del fin de la URSS, es bastante poco. De hecho, un artículo de Julián Casanova, en el “El País” de España, en abril pasado, ponía en debate el fracaso de las repúblicas del primer tercio del siglo XX, en Europa. Allí ponía en evidencia que, entre 1910 y 1931, en Europa surgieron varias repúblicas, caracterizadas por su condición democrática o por lo menos por sus aspiraciones democráticas. Destaca como muy significativas las republicas alemana, austriaca y checa, aunque la serie había comenzado con el derrocamiento de la monarquía en Portugal, en 1910. Democráticamente subsistió solo la de Irlanda, creada en 1922, y la última que sería proclamada fue la II República Española. Todas ellas, sucumbieron ante el autoritarismo y las dictaduras. De hecho, la república alemana de Weimar y la República Española cayeron bajo las botas del fascismo. Por el Este, los “socialismos reales” se proclamaron repúblicas cuando despojaron a los monarcas vetustos de sus poltronas decimonónicas y los mandaron al exilio, cuando no los mataron, como al Zar de Rusia. Partieron tratando de ser repúblicas, pero terminaron siendo dictaduras, y conservaron solo el nombre de tales poniéndose un apellido ilegítimo - “popular”, “democrática” o “socialista” -, pero el apellido no tenía nada que ver con su verdadero linaje. América, en tanto, consolidó su andar republicano en las dos últimas décadas del siglo XVIII en el norte emancipado, en tanto los países del sur asumieron el mismo desafío, a inicios de la centuria siguiente. Fue la obra y el anhelo de los protagonistas de la independencia. Sin embargo, la restauración del poder de la clase terrateniente colonial y de la influencia del clero papista, de la mano del caciquismo feudal, algunas décadas después, fue dejando el proyecto republicano de la emancipación solo en la simple denominación. Las dictaduras del caciquismo, del militarismo, de los regímenes títeres de los intereses imperialistas, de los autoritarismos de distinto cuño, fueron una lamentable secuela antirrepublicana, que frustraron la voluntad de los padres nacionales. De este modo se inscribe la larga y dolorosa marcha institucional y política de América Latina, que hito en hito fue invocando su origen y construyendo episodios memorables de republicanismo, que, una y otra vez, dictadores civiles y militares se encargaban de frustrar. Pero, de una u otra forma, en el fondo de la conciencia política latinoamericana latió de manera perenne ese origen institucional y político, que los libertadores dejaron señalado de modo definitivo. Y a pesar del condicionamiento al ejercicio republicano que han significado las dictaduras a través de la historia latinoamericana, nunca ninguno de sus pueblos dejó de reconstruir sus bases republicanas, a pesar de las enormes dificultades impuestas por las fuerzas retardatarias, opresivas, dependientes, autoritarias, retrógradas, restauradoras, pro-colonialistas, etc. Hoy, América Latina es más republicana que nunca. En aquellos países donde aún quedan resabios de las antiguas expresiones del conservadurismo y del restauracionismo, de las concepciones autoritarias (más allá de la particularidad de su ideología) y de los pre-determinismos mesiánicos, aún allí, el palpitar republicano que se conjuga con el ejercicio democrático, adquiere día a día nuevos avances. Y en las calles de la mayoría de las urbes latinoamericanas hay un republicanismo que nunca se había dado tan plenamente, y debemos alegrarnos de las fuerzas que lo han impulsado y hacemos votos que lo sigan impulsando. No es la perfección, pero es un estado de institucionalidad representativa que no habíamos logrado plasmar en la dimensión continental nunca antes, y que se hace presente incluso en su más caribeña expresión. Hay falencias, desde luego, y enormes, pero ellas contribuyen a darle una fuerza aún mayor a la constatación de la idea de república, en el debate cotidiano y en la participación ciudadana, en el determinismo de lo público como una cuestión de todos, en el derecho de los pueblos a construir sus manifestaciones concretas de representación. Ese es el camino en que debemos perseverar en nuestros países, haciendo y rehaciendo los espacios de ciudadanía, sin ceder nuevamente ante los mesianismos, los caciquismos o los autócratas. Como consecuencia de ello, en un plano de mucho simbolismo, ojalá podamos decir por muchas centurias en el futuro, que si la república de los antiguos atenienses del tiempo de Pericles pudo encontrar una Tierra Prometida, esta se encuentra por fin en esta portentosa América Latina.

Etiquetas:   América Latina   ·   Independencia

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

3 comentarios  Deja tu comentario


Sergio Rozas O, Buen tema plantea don Sebastián, la República y lo republicano. Tengo una razonable duda respecto de cuál es nuestra "hermana nación del norte" ¿EEUU, México o Canadá? No voy a aventurar juicios pero creo que una de ellas nunca ha sido nuestra "hermana". Y claro, el menor de los males y el mejor de los bienes dimana de la República, de lo que conceptualmente involucra. Sueño de todo ciudadano que crea que la libertad puede ser algo más que una estatua frente a las variables aguas que nos señalan con toda claridad lo efímero del presente. No sé si nuestro país está en el contexto de lo que es una República, si vamos hacia allá o si venimos de ella. Me quedo con la expresión de "repúblicas nominales".
Cuando tenemos leyes que permiten sistemas, como el binominal, que distorsionan la voluntad popular y otras que facultan para designar a dedo los diputados y senadores; cuando las regiones están sujetas al arbitrio del gobierno central; cuando los plebiscitos son vistos como un atentado al "orden establecido"; cuando se homenajea a un sepulturero de la libertad; cuando tenemos reservaciones indígenas en nuestros suelos (como una de nuestras probables hermanas); cuando el clamor popular por una educación digna y de calidad se ahoga entre las cuatro paredes de los intereses creados; cuando están hipotecadas las pensiones de los ciudadanos; cuando las prestaciones de salud se transforman en un escandaloso negocio; cuando cuatro mil y tantas familias rigen los destinos de más menos 3.500.000 familias de nuestra “República”, no puedo menos que preguntarme si en algo me he perdido que no logro encontrar en mi patria las bondades de la vida republicana. Concuerdo sí en que la República debiera ser el deseo de todo ciudadano, obviamente la República que alguien soñó en los albores de la cultura occidental.



Carlos Cárdenas Olivares, Medicina La República tiene por base al ciudadano, y éste no puede ser tal si no es educado en materias cívicas. En Chile, hace pocos días atrás, la derecha política negaba su voto para llevar a cabo una adecuada educación cívica. A este grupo de poderosos no les interesa un pueblo ciudadano conocedor de sus derechos y deberes. Toda república tiene por base la democracia, por lejos el mejor gobierno ciudadano inventado a la fecha. Cuando esto no se entiende, ha lugar a todo tipo de totalitarismos y dictaduras que sólo llevan a la disminución y atropello de la dignidad humana. Con todos sus bemoles, la democracia constituye las repúblicas como tales y hacen posible un orden sociopolítico que no deviene de lo Alto, sino de los hombres de carne y hueso que se saben mortales y que desean realizar lo mejor de sus posibilidades en este mundo, conviviendo lo más armonicamente con los otros ciudadanos.


Eduardo Gallardón, Que oportuno hablar de “republicas” estos días, cuando no por los continuos y globales movimientos sociales se ha empezado a tambalear los principios de este modelo de orden ciudadano, sino que ha sido por la presión de los mercados que han obligado a la emblemática Italia a delegar el poder estatal –anulando de paso el principio de representatividad- en un grupo de técnocratas.

Dicho esto, Europa pierde día a día su valor como referencia de una verdadera república.





Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
19285 publicaciones
4838 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora