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Los corales a su vez, son animales marinos que viven asociados a una microalga
conocida como zooxantela, la cual es responsable por el color de los mismos y
provee aproximadamente el 95% de la alimentación del coral. De los arrecifes de
coral, los seres humanos recibimos muchos beneficios, algunos de ellos, fuente
de alimento y medicina, sumidero de gases invernaderos y rompeolas natural. Los
huecos o grutas que se forman en los arrecifes de corales proveen un hábitat
para otros organismos marinos que conforman la dieta de muchas personas, como
por ejemplo las langostas, pulpos, cangrejos y moluscos.
Sin embargo,
los corales se enfrentan a peligros que amenazan sus vidas, provocados por la
inconsciencia y/o desconocimiento de muchos seres humanos. Algunos ejemplos de
cómo dañamos a los corales son los derrames de aguas negras, aceites, abonos y
plaguicidas en el océano, la pesca en forma excesiva, la sedimentación que es
producida a su vez por la erosión del suelo que se forma por el movimiento de
terreno para las construcciones y desarrollos. Estos son solo algunos ejemplos
de todo el daño que les ocasionamos a los corales. Ahora bien, ¿cómo podemos
ayudarlos? Si es cierto que contamos con la “Ley para la Protección,
Conservación y Manejo de los Arrecifes de Coral en Puerto Rico” (Ley Núm. 147
de 15 de julio de 1999, según enmienda) es claro que debemos poner de nuestra
parte y ayudar en la medida que podamos a estos organismos. Entre estas
actividades están las limpiezas de costa, disponer correctamente de los
materiales reciclables, conservar el agua, ya que de esta manera, menos aguas
usadas regresan al océano, compartir el conocimiento e informar sobre la
importancia de los corales en la comunidad y muy importante, saber escoger
líderes gubernamentales que apoyen y respeten la biodiversidad de Puerto Rico.