Reducción presencial bancaria



La reducción en el tamaño físico de las entidades bancarias, tanto en sucursales como en personas, forma parte de un panorama que con mayor o menor intensidad, parece una constante en el sector financiero.    

 


El funcionamiento tradicional de una entidad bancaria ha consistido en disponer de una infraestructura física que cobija una serie de actividades ligadas esencialmente con captaciones, como libretas de ahorro y depósitos a plazo, así como con colocaciones, como cuentas de crédito, tarjetas de crédito, préstamos de consumo, préstamos comerciales, crédito automotriz y crédito hipotecario para la vivienda.

En todas ellas, los procesos y servicios han sido matizados esencialmente con el aporte y la presencia de las personas que colaboran en las actividades del banco, permitiendo concretar alguna de las antes nombradas.

La reciente noticia sobre el cierre de 22 sucursales por la parte de Scotiabank, que impacta en la desvinculación de alrededor de 600 personas, quizás uno lo asocie de manera natural a los efectos de la pandemia y a la revolución tecnológica y su emplazamiento con fuerza en esta temporada de casi dos años de confinamientos, y en las que como usuarios nos hemos visto incentivados, a gusto o no, a realizar muchos trámites de manera virtual.

No obstante, se debe reconocer que de un tiempo a esta parte, las instituciones bancarias ya venían con distinto grado de avance implementando y operando sobre canales digitales en la internet buscando mejorar su competitividad, así como optimizar su funcionamiento para adecuarse a las exigencias de los usuarios y aquellos potenciales, entre los cuales los nativos digitales, como los millenials aparecen como un foco de atención interesante de captar.

Al respecto, al realizar un breve recorrido por las cifras disponibles en la página web de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), en torno a los bancos, sus sucursales y su personal en nuestro país durante los últimos casi seis años, nos permite reforzar la idea anterior planteada:

·        En el año 2016 operaban 23 entidades bancarias, con un total de 2.207 sucursales y 59.390 empleados en sucursales y cajas auxiliares.

·         En el año 2017 operaban 20 entidades bancarias, con un total de 2.108 sucursales y 59.739 empleados en sucursales y cajas auxiliares.

·         En el año 2018 operaban 19 entidades bancarias, con un total de 2.003 sucursales y 58.748 empleados en sucursales y cajas auxiliares.

·         En el año 2019 operaban 18 entidades bancarias, con un total de 1.885 sucursales y 58.093 empleados en sucursales y cajas auxiliares.

·         En el año 2020 operaban 18 entidades bancarias, con un total de 1.788 sucursales y 55.512 empleados en sucursales y cajas auxiliares.

·         En agosto 2021 operaban 18 entidades bancarias, con un total de 1.665 sucursales y 54.661 empleados en sucursales y cajas auxiliares.

Como se puede evidenciar, la reducción en el número de sucursales, así como en el de personas ha sido una constante, pero con una marcada intensidad en los últimos dos años. Sin embargo, no se trata de un fenómeno solo local, tiene carácter global. Basta revisar información de otras economías, y nos encontraremos con situaciones similares.

Complementando, señalar que la arremetida de las Fintech en el último tiempo, así como la potencial incursión de las denominadas BigTech en el sector financiero son presiones no menores para contemplar ajustes y reacomodos en la manera en cómo se están haciendo las cosas. Como bien señala un refrán popular: “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”.

Finalizando, bien por los usuarios que seguramente a raíz de estos ajustes esperan recibir una mejora en las prestaciones que brinda el banco, pero lamentable por quienes serán desvinculados, disminuyendo a un más el número de personas ligadas a la operatoria de las sucursales, y que probablemente ya son afectados por el fantasma del desempleo y la búsqueda de una potencial actividad de reconversión laboral. 

Mauricio Andrés Burgos Navarrete



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La reducción en el tamaño físico de las entidades bancarias, tanto en sucursales como en personas, forma parte de un panorama que con mayor o menor intensidad, parece una constante en el sector financiero.    

 


El funcionamiento tradicional de una entidad bancaria ha consistido en disponer de una infraestructura física que cobija una serie de actividades ligadas esencialmente con captaciones, como libretas de ahorro y depósitos a plazo, así como con colocaciones, como cuentas de crédito, tarjetas de crédito, préstamos de consumo, préstamos comerciales, crédito automotriz y crédito hipotecario para la vivienda.

En todas ellas, los procesos y servicios han sido matizados esencialmente con el aporte y la presencia de las personas que colaboran en las actividades del banco, permitiendo concretar alguna de las antes nombradas.

La reciente noticia sobre el cierre de 22 sucursales por la parte de Scotiabank, que impacta en la desvinculación de alrededor de 600 personas, quizás uno lo asocie de manera natural a los efectos de la pandemia y a la revolución tecnológica y su emplazamiento con fuerza en esta temporada de casi dos años de confinamientos, y en las que como usuarios nos hemos visto incentivados, a gusto o no, a realizar muchos trámites de manera virtual.

No obstante, se debe reconocer que de un tiempo a esta parte, las instituciones bancarias ya venían con distinto grado de avance implementando y operando sobre canales digitales en la internet buscando mejorar su competitividad, así como optimizar su funcionamiento para adecuarse a las exigencias de los usuarios y aquellos potenciales, entre los cuales los nativos digitales, como los millenials aparecen como un foco de atención interesante de captar.

Al respecto, al realizar un breve recorrido por las cifras disponibles en la página web de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), en torno a los bancos, sus sucursales y su personal en nuestro país durante los últimos casi seis años, nos permite reforzar la idea anterior planteada:

·        En el año 2016 operaban 23 entidades bancarias, con un total de 2.207 sucursales y 59.390 empleados en sucursales y cajas auxiliares.

·         En el año 2017 operaban 20 entidades bancarias, con un total de 2.108 sucursales y 59.739 empleados en sucursales y cajas auxiliares.

·         En el año 2018 operaban 19 entidades bancarias, con un total de 2.003 sucursales y 58.748 empleados en sucursales y cajas auxiliares.

·         En el año 2019 operaban 18 entidades bancarias, con un total de 1.885 sucursales y 58.093 empleados en sucursales y cajas auxiliares.

·         En el año 2020 operaban 18 entidades bancarias, con un total de 1.788 sucursales y 55.512 empleados en sucursales y cajas auxiliares.

·         En agosto 2021 operaban 18 entidades bancarias, con un total de 1.665 sucursales y 54.661 empleados en sucursales y cajas auxiliares.

Como se puede evidenciar, la reducción en el número de sucursales, así como en el de personas ha sido una constante, pero con una marcada intensidad en los últimos dos años. Sin embargo, no se trata de un fenómeno solo local, tiene carácter global. Basta revisar información de otras economías, y nos encontraremos con situaciones similares.

Complementando, señalar que la arremetida de las Fintech en el último tiempo, así como la potencial incursión de las denominadas BigTech en el sector financiero son presiones no menores para contemplar ajustes y reacomodos en la manera en cómo se están haciendo las cosas. Como bien señala un refrán popular: “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”.

Finalizando, bien por los usuarios que seguramente a raíz de estos ajustes esperan recibir una mejora en las prestaciones que brinda el banco, pero lamentable por quienes serán desvinculados, disminuyendo a un más el número de personas ligadas a la operatoria de las sucursales, y que probablemente ya son afectados por el fantasma del desempleo y la búsqueda de una potencial actividad de reconversión laboral. 

Mauricio Andrés Burgos Navarrete




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