Todos somos el Nuevo Liberalismo

 

. Es necesario darle orientación a un país desorientado. Es necesario recuperar el sentido, la fe, las ganas, devolver los valores al lugar que corresponde, devolver la voluntad por lo colectivo, devolver lo que es nuestro, y nos hace país, y nos han arrebatado la politiquería, la corrupción, el clientelismo. Es hora de creer, de ser, de recuperar. De poner el nombre de la sociedad y del país en alto.

El Nuevo Liberalismo es la opción que la nación requiere. Como uno de los fundadores del partido que libró batallas a pesar de las circunstancias menos favorables, me propongo llevar a la cúspide lo mejor de lo que nos hace región, ciudad, sociedad, nación. Todos somos parte de un lugar: el propósito, entonces, es fomentar el amor por el lugar del que hacemos parte.

Si no ponemos a pensar, el bien difiere en su forma y no en su contenido. Todos queremos un mejor país, una mejor ciudad, un mejor departamento. La expresión más sublime de la política hace del interés individual uno colectivo. Es por esto que el Nuevo Liberalismo es una colectividad en su amplio y profundo significado: un partido que le abre la puerta a todos, que escucha las voces a favor y en contra, en divergencia de perspectivas, que reconoce la necesidad de una comunidad diversa, incluyente, variopinta, que hoy renace con las fuerzas que nunca han fenecido.

Pensar en una sociedad abierta es pensar en una sociedad propositiva y tolerante: la diferencia permite conocernos, conciliar con lo que no estamos de acuerdo, contemplarlo no desde mi lugar, sino desde el otro: revisar aquello que a mi subjetividad le resulta ajeno.

Yo no digo sí o no. Yo digo todo, pues este implica la amalgama de colores, acentos, géneros, orientaciones. Estoy convencido de la necesidad de acabar con el maniqueísmo histórico: ser esto o aquello no implica renunciar a lo otro, identificarse con ella o él no quiere decir que se desestima a quien está en contraparte. Es momento de replantear la forma en que la política tradicional se ha desempeñado y ha hecho del poder un instrumento al servicio de intereses mezquinos. No es momento de atacar, es momento de construir. No es momento de destruir, es momento de avanzar. No es momento de huir, es momento de liderar.

El renacer del Nuevo Liberalismo, en ese sentido, se puede entender como una oposición a las prácticas que satisfacen el individualismo. Para ser país hay que pensar como país, como un territorio donde se abre la posibilidad para todos, y eso implica trabajar en todos los flancos: desde lo mínimo hasta lo colosal, desde lo que parece banal hasta a eso que nadie duda como trascendente, desde la salud que padece el enfermo hasta la expresión cultural que pide la juventud.

Vivimos en un país en crisis, pero yo no le tengo miedo a la crisis: pues ella permite pensar. Y pensar y actuar es lo que necesitamos. Es lo que nos hace falta. Hacer de los marcos constitucionales marcos sociales. Un filósofo griego decía para qué las leyes “donde no hay costumbres”. Es menester incentivar las buenas costumbres. Lograr que las leyes se lleven a su praxis. Que la ley nos ampare en el papel y en el derecho. Que nuestras promesas sean hechos, beneficios generales, victorias populares.

Desde el Nuevo Liberalismo les digo bienvenidos a todos, los invito a formar parte, a creer, a renacer, a recomenzar, a compartir propuestas e inquietudes. Dada la facilidad con que prolifera el pesimismo, hoy el optimismo es impopular. Hoy los saluda la esperanza por una esperanza que renace.

UNETE



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