Bendito Dios, el
Eterno Padre
que, cariñoso,
compuertas abre
brotando el
agua, nueva alborada
por el torrente
de la cascada.
En su desplome se adhiere al río,
los borbollones
en desvarío
causan estruendo,
fragor, poder,
la magia,
hechizo, de un renacer.
Surgen espumas blancas fragantes,
burbujas, pompas, frescas radiantes,
en la corriente que bien contenta
por la bajada recia, irredenta.
Va serpenteando en sus fugas locas
chocando fuerte contra las rocas,
mientras que el viento silba en concierto,
musicaliza un destino cierto.
El medio
ambiente y la ecología
tornan realista
la apología
de vida, linda
naturaleza,
que nutre el
bosque con entereza.
La flora emerge
en aquel paisaje
sin querer
nunca saber de estiaje,
así que viste
muy colorida
en sus dominios
de orgullo henchida.
Toda la fauna feliz se encanta
en la barranca del “río que canta”,
el Cupatitzio, lugar sagrado
del bello Uruapan enamorado.
Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
Parque Nacional de Uruapan, Michoacán de Ocampo, México, a 21 de octubre . . .
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