Las clases sociales en América Latina: privilegios de la clase media



En más de una ocasión todos hemos escuchado del nivel de desigualdad que hay en América Latina; nos dicen que es una de las regiones más desiguales (sino es que la más desigual) del mundo, pero la verdad no es algo que necesiten decirnos, después de todo lo vivimos día con día en carne propia. En la mayoría de las ocasiones ni siquiera es necesario salir de nuestras ciudades para observar los contrastes de las condiciones de vida entre personas de diferentes clases sociales, la carencia y los excesos resaltan sin esfuerzo.  

 


Ahora bien, hay dos cuestiones que quiero tratar; en primer lugar, qué tanto nos identificamos dentro de la clase social correcta, y, en segundo lugar, cuál es el nivel de desprecio que sentimos por aquellos con quienes no la compartimos. Alguna vez en clase escuche decir que en Latinoamérica todos nos sentimos de clase media, lo primero que vino a mi mente fue que era lógico, después de todo, hay una gran parte de la población que pertenece a ella (incluyéndome). Haciendo un análisis más profundo me di cuenta de que la definición de las clases sociales en realidad varía demasiado dependiendo desde donde se observe. Para los mercadólogos la clase media es distinta que, para los economistas, por ejemplo; y mientras puedes llenar algunos cuestionarios para determinar a qué clase perteneces según tu nivel de acceso a ciertas oportunidades, puedes encontrarte con resultados muy diferentes si te basas en datos estadísticos.  

En general, el concepto “clase media” resulta ser ambiguo, y tal vez por eso sentimos que todos cabemos ahí, lo curioso es que ser de clase alta o clase baja resulta igual de ambiguo, pero son pocos quienes se ubican en estas por sí mismos. Esto tiene una explicación relativamente sencilla, pero que nos pone a reflexionar sobre qué resulta más importante para la persona latinoamericana promedio. Por un lado, está la clase baja, 470 millones de personas en América Latina, de las cuales muchas piensan ser de clase media, ¿por qué? Bueno, no se puede negar que existe un nivel de rechazo hacia las personas pobres que nadie quiere vivir. Muchos quizá nieguen esto, después de todo, también hay una gran romantización de la pobreza en los medios, que si bien puede tener un impacto social que desarrolle el conformismo, no tiene el efecto que esperaríamos en la vida política. Vivimos quejándonos del asistencialismo, el señor y la señora contribuyentes no quieren que sus impuestos se vayan a programas que atiendan a personas en situación de pobreza, porque “eso fomenta la holgazanería, si quieren dinero que trabajen como yo, ¿no?” Es cierto que muchas veces los programas sociales no son implementados como deberían, su fracaso es inminente y entonces sí se convierten en un desperdicio de impuestos, pero lo cierto es que el pobre no es pobre porque quiere. Sinceramente, ¿quién quiere ser pobre? 

Por otro lado, ser pobre en América Latina también significa ser criminalizado, porque si se pierde algo seguro fue robado, y quién más va a ser sino aquél que vive en pobreza. Las grandes empresas no permiten que aquellos que laboran en las áreas de producción entren o salgan de su área de trabajo con bolsos o mochilas, porque seguro se llevan algo. Quienes trabajan en la limpieza están en sospecha constante, y si se pierde algo en donde trabajan seguro fueron ellas. ¡No están libres de sospecha en ningún lado! Porque si estamos en el transporte público o en un lugar concurrido basta con solo echar un vistazo alrededor para saber “de quién hay que cuidarse”, o incluso entre lugares, ¿no nos sentimos más seguros en lugares visitados por personas ricas?  

Y no solo es esto, hay también un importante factor a considerar que es la movilidad social, ya que en Latinoamérica la capacidad de movilidad social entre generaciones es menor que el promedio de los países en desarrollo de otras regiones. Una trampa de la que no se puede salir, porque claro, siempre habrá quien diga que le iba muy mal cuando era pequeño, pero salió de ahí “echándole ganas”; no es algo para dudar, pero sin duda casos así son la excepción y no la regla. Ahora, bajo este contexto hay que preguntarnos, ¿realmente quiere alguien ser pobre en América Latina? Lo dejo a su reflexión para pasar al siguiente tema. 

Es importante voltear hacia el otro lado y preguntarnos ¿quién no quiere ser rico, no solo en América Latina, sino en cualquier parte del mundo? Bueno, probablemente la mayoría quiere, pero esto conlleva una gran responsabilidad, y no me malentiendan, no porque paguen más impuestos o tengan el deber moral de ayudar a quien menos tiene, sino porque es una gran carga llamarse rico en una región llena de gente pobre. Cuando hablamos de riqueza en este sentido, es importante recordar que no hablamos de los multimillonarios, sino de aquellos que no son lo suficientemente pobres como para ser clase media, los primeros son otra historia a la que ya llegaré.  

Las personas ricas difícilmente admitirán que son ricas, porque de alguna forma, sienten que viven carencias, ¡y cómo no!, si las carencias en la región son estructurales y hay que vivir en un nivel de privilegio más allá de lo imaginable para no vivirlas. Aun así, no por eso dejan de ser ricos, o dejan de vivir mucho mejor que aquellos que no lo son, pero cuando comparan sus vidas con los ultra millonarios no se sienten en posición de llamarse así, después de todo, no hay que olvidar la alta concentración de riqueza, que por ejemplo en México, apenas beneficia a cuatro familias del país. Por supuesto, si no viven este privilegio, ¿por qué querrían cargar con la responsabilidad de llamarse ricos? Es mejor reconocer que se vive en buenas condiciones pero que se es clase media porque “no tengo una mansión o cuentas millonarias en el extranjero”, porque no soy mucho más afortunado que el resto, porque no me pueden culpar de vivir bien cuando alguien más no lo hace. Es mejor dejar abierta esa puerta de la clase media, no vaya a ser que la necesite para justificarme más adelante… 

Finalmente, estas palabras no buscan culpar a nadie, si se ve con desprecio a una clase social y no se quiere la responsabilidad de formar parte de otra a final de cuentas es resultado de las deficiencias del sistema económico no solo regional, sino mundial, que orillo a los países colonizados a establecer prácticas que terminarían por tener como consecuencia la concentración de riqueza y el desarrollo de estigmas sociales que no desaparecerán hasta que seamos conscientes de ellos, así que vale la pena pensar en eso. mientras tanto porque no respondernos a nosotros mismos ¿qué clase social soy? 



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Las clases sociales en América Latina: privilegios de la clase media


En más de una ocasión todos hemos escuchado del nivel de desigualdad que hay en América Latina; nos dicen que es una de las regiones más desiguales (sino es que la más desigual) del mundo, pero la verdad no es algo que necesiten decirnos, después de todo lo vivimos día con día en carne propia. En la mayoría de las ocasiones ni siquiera es necesario salir de nuestras ciudades para observar los contrastes de las condiciones de vida entre personas de diferentes clases sociales, la carencia y los excesos resaltan sin esfuerzo.  

 


Ahora bien, hay dos cuestiones que quiero tratar; en primer lugar, qué tanto nos identificamos dentro de la clase social correcta, y, en segundo lugar, cuál es el nivel de desprecio que sentimos por aquellos con quienes no la compartimos. Alguna vez en clase escuche decir que en Latinoamérica todos nos sentimos de clase media, lo primero que vino a mi mente fue que era lógico, después de todo, hay una gran parte de la población que pertenece a ella (incluyéndome). Haciendo un análisis más profundo me di cuenta de que la definición de las clases sociales en realidad varía demasiado dependiendo desde donde se observe. Para los mercadólogos la clase media es distinta que, para los economistas, por ejemplo; y mientras puedes llenar algunos cuestionarios para determinar a qué clase perteneces según tu nivel de acceso a ciertas oportunidades, puedes encontrarte con resultados muy diferentes si te basas en datos estadísticos.  

En general, el concepto “clase media” resulta ser ambiguo, y tal vez por eso sentimos que todos cabemos ahí, lo curioso es que ser de clase alta o clase baja resulta igual de ambiguo, pero son pocos quienes se ubican en estas por sí mismos. Esto tiene una explicación relativamente sencilla, pero que nos pone a reflexionar sobre qué resulta más importante para la persona latinoamericana promedio. Por un lado, está la clase baja, 470 millones de personas en América Latina, de las cuales muchas piensan ser de clase media, ¿por qué? Bueno, no se puede negar que existe un nivel de rechazo hacia las personas pobres que nadie quiere vivir. Muchos quizá nieguen esto, después de todo, también hay una gran romantización de la pobreza en los medios, que si bien puede tener un impacto social que desarrolle el conformismo, no tiene el efecto que esperaríamos en la vida política. Vivimos quejándonos del asistencialismo, el señor y la señora contribuyentes no quieren que sus impuestos se vayan a programas que atiendan a personas en situación de pobreza, porque “eso fomenta la holgazanería, si quieren dinero que trabajen como yo, ¿no?” Es cierto que muchas veces los programas sociales no son implementados como deberían, su fracaso es inminente y entonces sí se convierten en un desperdicio de impuestos, pero lo cierto es que el pobre no es pobre porque quiere. Sinceramente, ¿quién quiere ser pobre? 

Por otro lado, ser pobre en América Latina también significa ser criminalizado, porque si se pierde algo seguro fue robado, y quién más va a ser sino aquél que vive en pobreza. Las grandes empresas no permiten que aquellos que laboran en las áreas de producción entren o salgan de su área de trabajo con bolsos o mochilas, porque seguro se llevan algo. Quienes trabajan en la limpieza están en sospecha constante, y si se pierde algo en donde trabajan seguro fueron ellas. ¡No están libres de sospecha en ningún lado! Porque si estamos en el transporte público o en un lugar concurrido basta con solo echar un vistazo alrededor para saber “de quién hay que cuidarse”, o incluso entre lugares, ¿no nos sentimos más seguros en lugares visitados por personas ricas?  

Y no solo es esto, hay también un importante factor a considerar que es la movilidad social, ya que en Latinoamérica la capacidad de movilidad social entre generaciones es menor que el promedio de los países en desarrollo de otras regiones. Una trampa de la que no se puede salir, porque claro, siempre habrá quien diga que le iba muy mal cuando era pequeño, pero salió de ahí “echándole ganas”; no es algo para dudar, pero sin duda casos así son la excepción y no la regla. Ahora, bajo este contexto hay que preguntarnos, ¿realmente quiere alguien ser pobre en América Latina? Lo dejo a su reflexión para pasar al siguiente tema. 

Es importante voltear hacia el otro lado y preguntarnos ¿quién no quiere ser rico, no solo en América Latina, sino en cualquier parte del mundo? Bueno, probablemente la mayoría quiere, pero esto conlleva una gran responsabilidad, y no me malentiendan, no porque paguen más impuestos o tengan el deber moral de ayudar a quien menos tiene, sino porque es una gran carga llamarse rico en una región llena de gente pobre. Cuando hablamos de riqueza en este sentido, es importante recordar que no hablamos de los multimillonarios, sino de aquellos que no son lo suficientemente pobres como para ser clase media, los primeros son otra historia a la que ya llegaré.  

Las personas ricas difícilmente admitirán que son ricas, porque de alguna forma, sienten que viven carencias, ¡y cómo no!, si las carencias en la región son estructurales y hay que vivir en un nivel de privilegio más allá de lo imaginable para no vivirlas. Aun así, no por eso dejan de ser ricos, o dejan de vivir mucho mejor que aquellos que no lo son, pero cuando comparan sus vidas con los ultra millonarios no se sienten en posición de llamarse así, después de todo, no hay que olvidar la alta concentración de riqueza, que por ejemplo en México, apenas beneficia a cuatro familias del país. Por supuesto, si no viven este privilegio, ¿por qué querrían cargar con la responsabilidad de llamarse ricos? Es mejor reconocer que se vive en buenas condiciones pero que se es clase media porque “no tengo una mansión o cuentas millonarias en el extranjero”, porque no soy mucho más afortunado que el resto, porque no me pueden culpar de vivir bien cuando alguien más no lo hace. Es mejor dejar abierta esa puerta de la clase media, no vaya a ser que la necesite para justificarme más adelante… 

Finalmente, estas palabras no buscan culpar a nadie, si se ve con desprecio a una clase social y no se quiere la responsabilidad de formar parte de otra a final de cuentas es resultado de las deficiencias del sistema económico no solo regional, sino mundial, que orillo a los países colonizados a establecer prácticas que terminarían por tener como consecuencia la concentración de riqueza y el desarrollo de estigmas sociales que no desaparecerán hasta que seamos conscientes de ellos, así que vale la pena pensar en eso. mientras tanto porque no respondernos a nosotros mismos ¿qué clase social soy? 




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