Meditando en torno a la ley fintech

El proyecto de ley presentado simboliza un gran avance en la regulación existente en nuestro país. Esperemos tenga la amplitud y alcance que permita una mirada futura para el desarrollo prometedor de este sector.

 

. Esperemos tenga la amplitud y alcance que permita una mirada futura para el desarrollo prometedor de este sector.

En el último mes hemos podido visualizar diferentes miradas en torno al reciente proyecto ingresado al Congreso para su aprobación.

Sin duda, es un avance significativo, permitiendo reparar en algo el retraso que nuestro país evidencia en torno a lo que acontece, sin ir muy lejos, en otras economías latinoamericanas.

Ahora bien, cuando se trata de identificar el aporte de la industria Fintech, se podría contemplar: a) incentivar la competencia; b) agilizar la industria financiera apoyada en la tecnología; c) estimular la dinámica de negocios, particularmente mipymes; d) fomentar la inclusión financiera llegando con productos y servicios a sectores no bancarizados; e) incrementar la oferta de productos y servicios; f) acceso a productos y servicios a costos más bajos que la industria financiera tradicional; y g) alinearse con una generación que mira con cierto reparo a la industria financiera tradicional, esto son, los millenials.

De acuerdo a sitio web Finnovista (2021), en Chile, a marzo del año actual, el total de Fintech llegaba a 179 (no se consideran las con sede central fuera del país). También se señala un crecimiento anual entre 2019 y 2020 de un 38%. Asimismo, se puede rescatar que porcentualmente operan en las siguientes áreas: a) Pagos y remesas (23%); b) Gestión de Finanzas Empresariales (20%); c) Préstamos (13%); d) Tecnologías Empresariales para Instituciones Financieras (10%); e) Puntaje, Identidad y Fraude (7%); f) Seguros (7%); g) Gestión patrimonial (6%); h) Crowdfunding (5%); i) Gestión de Finanzas Personales (4%); j) Trading y Mercado de Capitales (3%), y k) Bancos Digitales (2%)

Ahora bien, las líneas operativas Fintech, y apoyados en lo que señala David Igual (2016), tienden a girar en: a) Pagos y transacciones económicas; b) Financiamiento de particulares y empresas; c) Participación en proyectos de inversión; d) Seguridad y control de fraudes; e) Banca de información y asesoramiento personal; f) Inversión y gestión de patrimonios; g) Análisis de datos (big data); y h) Criptomonedas y blockchain.

Como señala un antiguo refrán: “las cuentas claras mantienen la amistad”.

En tal sentido, estar en conocimiento de las reglas y consecuencias que surgen de operar en determinados espacios de la vida cotidiana, debe promover un sentido de compromiso y responsabilidad de los actores involucrados ante los efectos que puedan surgir de ello, evitando las negaciones y falta de respuesta ante situaciones reñidas con lo que se puede considerar el buen hacer.

Lo anterior toma mayor valor cuando como usuarios se encuentran comprometidos nuestros recursos monetarios, o bien la seguridad de nuestros datos, por ejemplo. Sin embargo, también es necesario se brinden desde distintos actores de nuestra sociedad los conocimientos y habilidades, tanto tecnológicas como financieras, que les permitan a los potenciales usuarios actuar y tomar decisiones de manera eficaz y eficiente.

Por lo anterior, esperamos que su eventual aprobación, no sólo incorpore los aspectos regulatorios necesarios que permitan y aseguren el desarrollo, funcionamiento y competencia de los modelos Fintech actualmente operativos en nuestro país, sino también de aquellos que son incipientes o que pronto se instalarán.

Dura tarea, pues normalmente la tecnología se mueve más rápido que la regulación.

Mauricio Andrés Burgos Navarrete

Director de la carrera de Auditoria e Ingeniería en Control de Gestión, Facultad de Administración y Negocios, Universidad Autónoma de Chile (Sede Temuco)

UNETE



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