Alicante es un libro "Nuestros genios! por Miguel Ángel Pérez Oca

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“Alicante es un libro” por Miguel Ángel Pérez Oca.

            Sin los monumentos de Bañuls, sin los edificios de Vidal y sin las pinturas de Gastón Castelló, Alacant no sería Alacant, aunque se llamase igual. En el tránsito del siglo XIX al XX y durante el primer tercio de este último, surgieron en nuestra ciudad un conjunto de personas excepcionales en el arte, en la literatura, en la Economía y el Derecho, como nunca se había dado en nuestra Historia.

            La escuela del pintor Lorenzo Casanova había dado sus frutos en estupendos artistas como Adelardo Parrilla, Cabrera y los escultores Vicente Bañuls (1865-1934) y su hijo Daniel Bañuls (1905-1947). Obras de Bañuls padre son los monumentos a Maisonnave, Canalejas, Chapí, Jorge Juan (en Novelda), los Mártires de la Libertad (destruido por los franquistas) y el conjunto de la “Aguadora” en la fuente de la Plaza de  Gabriel Miró. De su hijo Daniel son, entre otras obras, la fuente de los caballos, en la Plaza de los Luceros.

            Emilio Varela (1887-1951), discípulo de Sorolla, fue un creador excepcional, con un originalísimo manejo del color, que nos dejó paisajes irrepetibles.

            Gastón Castelló, maravilloso dibujante y pintor, nos dejó la estampa de nuestros personajes genuinos. Sus obras son nuestra imagen, sobre todo en el gigantesco tríptico de la escalinata del Ayuntamiento, o los murales de la antigua Estación de Autobuses. Fue un pionero de la construcción de “fogueres” y presidió durante años su Comisión Gestora, pese a haber sido represaliado durante la primera posguerra.

            Un arquitecto imprescindible fue Juan Vidal Ramos (1888-1975), que dio rostro a nuestra ciudad con edificios como el Mercado de Abastos, la Diputación Provincial, el Hospital Provincial (ahora Museo Arqueológico), la Casa de Carbonell, la casa de Lamagniere y la Casa de Socorro.

            Otro gran arquitecto había sido José Guardiola Picó (1836-1909), autor de la Casa de Alberola, con su cúpula de escamas metálicas, en la avenida de Ramón y Cajal, que en la época del “desarrollismo” fue partida en dos para construir en medio una casa “moderna”, en un crimen urbanístico solo comparable a las dos inmensas paredes medianeras del rascacielos de la Rambla.

            El más importante de nuestros músicos fue Oscar Esplá (1886-1976), autor de música sinfónica de fama mundial, como su “Don Quijote velando las armas” o la “Nochebuena del Diablo”.

            El maestro Latorre fue el autor de la música del Himno de Alicante, y don Luís Torregrosa del himno a “Les Fogueres de Sant Joan”.

            Otros músicos destacados fueron  José Juan Pérez, el director Spiteri, José Tomás, y el pianista Soriano.

            En Literatura destaca sobre todos Gabriel Miró (1879-1930), autor de novelas inmortales, como “Las cerezas del cementerio”, ”El Obispo leproso”, “El libro de Sigüenza”, “Años y leguas” o “Figuras de la Pasión del Señor”.

            Carlos Arniches (1866-1943), autor teatral costumbrista, padre de sainetes de ambiente popular madrileño, con su lenguaje castizo; que ya tiene mérito que un alicantino nacido junto al mar y valenciano parlante en familia, fuera “el escritor que enseñó a hablar madrileño a los madrileños”.

            En nuestra ciudad vivió y murió, en 1917, el escritor Joaquín Dicenta, autor del drama social “Juan José”, que durante muchos años se representó todos los 1 de Mayo. Hoy esta obra no sería aceptada por contener un crimen pasional que podría calificarse de asesinato machista. Y es que las mentalidades cambian con el tiempo, generalmente para bien.

            En el terreno académico, tenemos al genial economista Germán Bernacer, profesor de la Escuela de Comercio y Jefe de Estudios del Banco de España, con sus famosos trabajos sobre una “Economía libre, sin paro ni crisis”.

            Rafael Altamira (1866-1951), jurista e historiador del Derecho, fue uno de los fundadores del Tribunal Internacional de La Haya y juez titular del mismo. Estuvo propuesto para el Premio Nobel, pero, desgraciadamente falleció antes de la fecha del fallo. Se le dedicó una calle que la dictadura franquista no se atrevió a cambiar.

            Todos estos eminentes personajes tuvieron un centro de confluencia en el Ateneo Científico y Literario que presidía el también escritor Eduardo Irles.

            Nunca se ha dado, ni antes ni después, una más genial constelación de intelectuales y artistas de primer orden en esta ciudad.

UNETE
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