¿Existen las "palabras tritónicas"?

«En español, las palabras tritónicas no existen», afirma un usuario en una red social. 

 


Parece que se han puesto de moda en redes sociales los llamados grupos de gramática. No quepa la menor duda que en espacios interactivos de Internet hay personas que, a pesar de no ser profesionales, manejan unos conocimientos de la gramática del español admirables. Sin embargo, no falla lo que pareciera ser una regla de oro cuasicientífica: cuanto más saben, más reticentes son a la hora de aceptar un argumento crítico a la normatividad impuesta por la Academia (RAE), por mucho uno se prepare un alegato lingüístico avalado con demostraciones científicas.

Hace unos meses me topé con una entrada en Facebook que decía: «¡NO EXISTEN LAS PALABRAS TRITÓNICAS!». Y razón no le falta a quien la publicó, pero habría que ir más allá… Me parece demasiado simple, como argumento, sostener que las llamadas palabras tritónicas no existen porque en español no hay ninguna palabra que se profiera con tres acentos simultáneamente. Tampoco existe acento tonal en nuestro idioma y hoy en día a nadie le extraña oír hablar de las palabras tónicas o de acento tónico, a pesar de que, insisto, la lengua española no se rija por un esquema acentual tonal, como en el chino mandarín, sino de intensidad. En nuestra lengua no diferenciamos distintas expresiones léxicas según se adopte un nivel tonal distinto.

El acento en español cumple una función demarcativa y distintiva; esto es, según la intensidad con la que se pronuncie una sílaba dentro de una palabra, se hará alusión a una expresión distinta y, por tanto, a significados diferentes. Las siguientes expresiones, similares formalmente, según cómo se pronuncien, los significados son distintos: PÚblico (sust.), puBLIco (1.ª persona del presente de indicativo de presentar) y publicó (3.ª persona del pretérito perfecto simple de indicativo de presentar). Cada voz, con un acento de intensidad distinto, en la primera, segunda y tercera, respectivamente, representa un significado distinto en castellano.

Siendo rigurosos, en sentido estricto, el sintagma preposicional no existe. Por definición, un sintagma es una palabra o conjunto de palabras que poseen la propiedad de actuar como núcleos, es decir, no se pueden eliminar, pues sus propiedades sintácticas determinan que actúen como la pieza léxica más importante; lo que sí son prescindibles son sus complementos. Por ejemplo, en el sintagma en la casa de Madrid, el complemento de Madrid actúa como complemento del nombre casa, que es el núcleo. Se podría prescindir de este adyacente, pero no de casa. Esto no sucede con un sintagma preposicional como en Madrid, ¿la preposición es el núcleo del sintagma? No, no lo es. La preposición se comporta como un índice funcional; lo que quiere decir es que contribuye a aportar la información del rol sintáctico y semántico de un determinado grupo de palabras.

Tampoco existen las oraciones subordinadas, lo siento. Volviendo a ser precisos con la lengua, una oración es un enunciado cuyo núcleo es una categoría verbal. Si dentro de las categorías de las palabras el verbo es el más importante, ¿cómo es posible que se subordine a otras categorías gramaticales o a otro verbo? Realmente, cuando se habla de oración subordinada (sustantiva, adjetiva o «adverbial») se alude a un fenómeno conocido como transposición. Lo que se subordina no es un verbo, sino la categoría a la que transpone ese sintagma. Veámoslo con un ejemplo: en Quiero que seas feliz, el segmento resaltado en negrita actuaría, según la terminología común de gramática, como oración subordinada sustantiva de CD, pues se puede sustituir por un pronombre de esta función (Lo quiero) o por cualquier otra expresión nominal (Quiero tu felicidad / eso / esta cosa). Ahora bien, la conjunción que sirve para convertir la oración (queseas feliz en un SN: la transforma, la cambia... Por fuera se comporta como un SN, pero por dentro mantiene las propiedades inherentes de la categoría que representa (sintagma verbal). Por tanto, lo que se subordina es un SN, no un SV u oración, y la terminología más pedantemente precisa sería oración transpuesta léxicamente a la categoría de SN (trasposición léxica nominal); claro, solo de pensarlo, aburre: demasiado largo, ¿no? Más sencillo, oración subordinada sustantiva (¡fin!).

Como se puede deducir, no son pocos los términos que, convencionalmente, se manejan en la actualidad para aludir a conceptos de la lengua, aunque no todos tan precisos a efectos lingüísticos. A pesar de ello, se asientan en el uso por alguna razón. Aunque en opinión de algunos especialistas las palabras tritónicas representen una aberración terminológica, no considero que lo sea tanto si se atiende a la gran cantidad de tecnicismos aceptados en la gramática, los cuales habría que analizar más detenidamente (sobre todo el llamado sintagma preposicional: ¡qué dolor!).

A fin de cuentas, la lengua no solo se rige por el purismo lingüístico y el lenguaje científico-literal, sino que también intervienen otros usos apartados de la norma, como los fenómenos que sirven para edulcorar la lengua (por ejemplo, los tropos, las figuras retóricas o los recursos estilísticos). Estos instrumentos desvían el lenguaje del uso cotidiano y lo enriquecen con ciertas licencias que afectan a la estética del discurso (oral o escrito). Si una mente prodigiosa ha tenido la habilidad de nombrar estas expresiones paronímicas (público, publico publicópalabras tritónicas, no creo que lo haya hecho pensando en la idea de que el español posea, precisamente, tres acentos simultáneos. Veo más probable que su inventor, empleando un lenguaje figurado, denomine a este tipo de palabras con esta etiqueta tan polémica. No es ni más ni menos que un uso especial del lenguaje; quizá un uso metafórico, sinecdótico o antonomásico de expresión paronímica en el que se selecciona una parte o un rasgo característico de la palabra (por ejemplo, la cualidad fónica, el acento tónico que las tres voces poseen) por el todo.

¿No son las palabras tritónicas voces que se relacionan formal y paradigmáticamente y, además, poseen un esquema acentual en tres posiciones distintas con significados diferentes? Pues, probablemente, de aquí venga la denominación de palabras tritónicas, de un uso no literal del lenguaje, sino figurado, en el que se designa una palabra que se relaciona con otra pareja de voces del español. En conjunto forman un trío de voces tónicas o acentuadas.

Así que nos comamos tanto la cabeza, por favor. Uy, lo siento; no era mi intención… Esta frase no debería haberla escrito: uno no se puede comer la cabeza a sí mismo, ¿no? ¿O sí?

 

UNETE



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