Morir-se

El único homenaje respetuoso que se le puede hacer a un difunto y a quienes lo querían es el silencio.  

 

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Si la muerte es inexorable ¿para qué explayarse en locuacidades inútiles?

A las personas creyentes les cuesta más relacionarse con morir, por sus actitudes ante el dolor y con la creencia de que sufrir tiene un propósito y que ayuda a expiar y eso da puntos en el más allá. Ideas que sin compartirlas, las respeto.

Quizá repasando otras fuentes y ampliando nuestras guías como por ejemplo el libro tibetano de la vida y la muerte encontremos algo de ritualidad, para no caer ni en los excesos religiosos, ni ser tan prosaicos como lo somos los no creyentes.

Una de las consecuencias más lamentables de nuestra reticencia a hablar de la muerte es que hemos perdido nuestros rituales comunes y nuestro lenguaje compartido en torno a la muerte. Sea que vayamos al Nirvana o simplemente como la evidencia materialista muestra, volvemos al origen de ese polvo de estrellas, partículas fundamentales en un basto universo en el que hasta la nada esta habitada. Así que ante la muerte una cierta ritualidad se espera y la modernidad nos ha privado de ella.

En lo personal, de esas lecturas omito las creencias y las vidas venideras y los demás paraísos, pero si acojo, como buen racionalista materialista, todo aquello que me ayude a construir un sentido de lo ético, eso si alejado de la concepción moralizante y moralizadora. 

Philosopher, c'est apprendre à mourir, he puesto en mi whatsapp, como frase de actualidad, Filosofar es aprender a morir, la invitación es aprender a ver la muerte desde dentro, como si se estuviera en el proceso mismo de morir. Pero en la grandeza del genio y del conocimiento, que puede aclarar muchas dudas, y generar una vivencia extática que ilumine, aunque con luz difusa, psíquica, el panorama de lo desconocido. 

Un antiguo texto judío, "El Tratado de los Padres", afirma que el sabio es alguien que puede aprender de cualquiera. Un filósofo debe comenzar siempre por escuchar la realidad, y más especialmente por escuchar a los humildes lidiando con el material y con la práctica, de lo contrario corre el riesgo de perderse en las brumas de una conceptualidad incorpórea. Pero su tarea es también hacer posible levantar el morro del manillar, y cuestionar junto a la ciencia el destino a alcanzar, e incluso el destino a cumplir. Porque en suma, una persona intelectualmente inquieta es ante todo alguien que cuestiona, que pregunta en permanencia y cuando encuentra una respuesta, vuelve a preguntar ¿no es así?.

Ella misma está asumida por el misterio del In-der-Welt-sein - estar en el mundo-. Y las respuestas están en todo, en todos.

Llegados a este estadio de la reflexión, podremos decirle a quien se empeñe en estar en nuestro lecho de muerte, incluido el medico de cabecera, que no podremos recibirlos tal día como ese, ya que estamos ocupados, en la importante tarea de morirnos.

Fernando Pessoa dedico a la muerte el poema, "La Partida" en donde expresa la grandeza de ese momento:

"Extiendo los brazos hacia ti como un niño

 Desde el cuello del ama ante el aparición de la madre…

 Por ti dejo contento mis juguetes de adulto,

 Por ti no tengo parientes, no tengo nada que me prenda

A este prodigioso, constante y enfermizo universo…

Todo lo Definitivo debe estar en Ti o en parte ninguna".

Pensar y reflexionar en silencio, lo que, toda la sabiduría sobre la muerte nos enseña, seria un buen tributo. Y así el difunto podrá descansar en paz y nosotros entender el sentido de aquella dosis de lucidez consignada en la filosofía oriental o en los libros del Chilam Balam o en los poemas y Cantos de Huexotzingo, entre otros. Y de paso, honrar por fin a nuestros muertos y a nuestra propia muerte, tal como lo hace este poema que se le atribuye a Tecayehuatzin:

"Toda luna, todo año,

todo día, todo viento

camina y pasa también.

también, toda sangre llega

al lugar de su quietud".

Lo efímero de nuestra vida, logra todo su sentido, los puntos de inflexión se tornan comprensibles y nuestro pequeño ser se trasforma en eternidad.

Tal vez así perdamos la mala costumbre de asomarnos al abismo de la muerte y experimentar el repentino goce de comprobar que el difunto no es uno. 

Todos conocemos ese instante de dicha suprema y egoísta que nos hace tan humanos. La muerte ajena como un espectáculo propio de los dioses del Olimpo. 

Exacerbada hoy por la virtualidad: visitas virtuales, pésames públicos en redes sociales, ceremonias fúnebres 2.0

La banalidad de nuestra finitud, lo más inapelable y acaso lo más importante que nos sucede en el breve tránsito por la tierra, convertido en  algo distante, impersonal, etéreo y acaso inexistente. 

Como si, lo único importante de la vida, que es morir, se hubiera convertido en un Reality Show de compulsivos likes. Triste devenir de lo que cierra el círculo y le da sentido a la vida. 

Sin sentido la vida, es solo todo lo demás; anécdotas, hermosas o terribles, pero anécdotas al fin y al cabo, con el pulgar señalando "me gusta" o sin ellos.

Así, se infiere del poema "Epitafio" de Juan Gelman 

"Un pájaro vivía en mí.

Una flor viajaba en mi sangre.

Mi corazón era un violín.

Quise o no quise. Pero a veces

me quisieron. También a mí

me alegraban: la primavera,

las manos juntas, lo feliz.

¡Digo que el hombre debe serlo!

Aquí yace un pájaro.

Una flor.

Un violín".

Aquí un video, de Gelman dedicado a la poesía ( y la muerte de su tío Juan)

Por el momento me quedo en el silencio, dialogando con mis muertos, que tiene mucho que contarme.

"No perdono a la muerte enamorada,

no perdono a la vida desatenta, 

no perdono a la tierra ni a la nada.

                    … 

A las aladas almas de las rosas

de almendro de nata te requiero

que tenemos que hablar de muchas cosas

compañero del alma, compañero".

Al menos el poeta Miguel Hernández en su poema "Elegía", incluido en su libro "El rayo que no cesa"., rompió el sacrosanto mutismo, para decir algo mas importante que el silencio, al que exhorto en esta entrada. Siempre hay buenas excepciones.

En definitiva, y para los escépticos más recalcitrantes, si la muerte es una ilusión se plantea así su contrapartida: la vida es, entonces, otra ilusión. Por lo tanto, esta entrada es un desvarío y usted no esta leyendo este texto. ;-)  

Joan Manuel Serrat - Miguel Hernández (1972) - 2. Elegía 

Serge Laurens, Lyon. Anne Holoceno 12021

UNETE



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