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La Inspiración al Carajo


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15/11/2011


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Hemos dejado las letras a un lado, las ideas se han posado sobre el retrete y al soltar el agua se han marchado ahogadas entre la peste del hombre y su almuerzo. Después de esto, los versos de los poemas, de los cuentos y los capítulos de las novelas han surgido por arte de magia, la mano se mueve azarosa, tiembla por la cantidad de energía que de ella brota. ¡Hemos creado una obra de arte!, ¡las masas se regocijarán frente a nosotros por tan magnánimo hecho!

 

─¿En qué te has inspirado? (es la pregunta típica del periodista tonto).

─Las musas han venido a mí, ellas han puesto en mi cabeza lo que he escrito (es la respuesta típica de un escritor superficial).

 

Absurda, tonta y poco inteligente es esa respuesta. Las grandes creaciones literarias son pensadas, meditadas, construidas en la cabeza. Con el tiempo, los libros y el día a día se van construyendo obras literarias que tiene una fuerte crítica social. Hay que desconfiar del escritor que le atribuye sus obras a un momento de inspiración, pues esto muestra que lo escrito no fue detenidamente pensado, que fueron versos irresponsablemente.

 

Cuando yo empiezo a escribir no creo en la inspiración, jamás he creído en la inspiración, el asunto de escribir es un asunto de trabajo; ponerse a escribir a ver qué sale y llenar páginas y páginas, para que de pronto aparezca una palabra que nos dé la clave de lo que hay que hacer, de lo que va a ser aquello (Rulfo, El Desafío de la Creación).

 

Lento es el trabajo del escritor; borrador tras borrador, hoja rota tras hoja rota, la responsabilidad ante todo. La creación literaria no es una actividad irracional e inconsciente. Tras cada texto hay algo más, entre líneas están expuestas otras cosas. Un verdadero escritor es consciente de lo que escribe, cada palabra cumple una función que no podrá cumplir en otra línea del texto, cada concepto es manejado detenidamente para fortalecer o debilitar un argumento

 

Pero ¿qué ha pasado con el escritor de hoy?, ¿de dónde salen sus textos?, ¿de los argumentos trabajados fuertemente o de la magna inspiración? ¿La literatura latinoamericana de hoy está al borde del abismo o ya ha caído en él?

 

Al ver los estantes en las librerías creemos estar muy cerca del fin de la literatura latinoamericana. Al escuchar al director de SoHo afirmando que esa no es una revista de entretenimiento sino de literatura, la piel se eriza, y la nostalgia nos invade, volvemos la cabeza a nuestra biblioteca y buscamos en ella alguno que otro texto que nos recuerde las buenas épocas de la literatura latinoamericana, Gabo, Monterroso, Rulfo, Cortázar, Quiroga, Bolaño; tratamos de aferrarnos a ellos e intentamos olvidar a los “grandes” escritores de SoHo.

 

La mano encuentra algo diferente en la biblioteca, en el agáchese, en los estantes escondidos de las librerías, autores lejanos del Jet Set de la literatura, de SoHo y de las revistas “literarias” afines. Encontramos a algún peruano, chileno, colombiano, mexicano; alguien de esta época que ha escrito algo diferente. La literatura no ha caído en el abismo, está en el borde, pero hay un pequeño puente entre montaña y montaña para que la buena literatura que se escribe pueda pasar y seguir su camino.

 

Algunos han acudido a su imaginación, a las herramientas que han construido en la academia y en la vida. Estos escritores han seguido el legado que escritores que les precedieron han dejado, específicamente los del boom latinoamericano. No decidieron ser cortacianos, borgeanos, rulfianos, pero sí tener en cuenta parte de lo que ellos construyeron para seguir escribiendo al mundo, al hombre.

 

Estos autores tomaron la premisa de Monterroso: «en literatura no hay nada escrito» (Decálogo del Escritor), muchos han escrito y reescrito los temas que nos intrigan (hombre, amor, muerte, angustia, soledad, vida, poder, sexo), pero no todo ha sido plasmado en un papel, puesto que cada época y cada lugar son diferentes, y los hombres no son los mismos a través de la historia, aunque los temas serán siempre los mismos, el modo de contarlos cambia, cada generación utiliza de manera diferente el lenguaje, los símbolos no significan lo mismo, cambian de significado. La cuestión es abordar dichos temas de manera diferente. Esto no quiere decir que lo escrito antes no sea válido, por el contrario, ratifican el hecho de que cada época habla diferente.

 

Es cierto que al leer libros como La culpa es de la vaca, Técnicas de masturbación entre Batman y Robín, El Alquimista, Los caballeros las prefieren brutas entre otros tantos miles, pensamos que la verdadera literatura es la que se escribió antes de los años 70, que después todo empezó a degradarse. Cuando se ven esos textos se piensa: ¿es que ya no hay nada que contar, todo está escrito, ya no hay escritores? Eso no es así, mientras exista el hombre, la literatura será parte esencial de él y del mundo en el que habita, pues la necesidad de sentirse contado, de crear nuevos mundos dónde refugiarse de la realidad que nos aplasta y cansa, estará siempre presente.  

 

Las vanguardias literarias de hoy tienen que continuar con la ardua tarea de ir contra el sistema, de crear, no sólo mundos posibles, sino que a través de estos la crítica social debe estar siempre presente. No se puede pretender solamente cambiar el mundo, es necesario escribirlo, contarlo.

 

La toma de posición de los autores de hoy en día debe estar fuertemente cimentada y no tener como pilar la inspiración, concepto que hace que la literatura sea una creación irracional, inconsciente y por ende irresponsable. La literatura creada de manera responsable está lejos de la inspiración. La labor de los escritores de este siglo es pesada, no buscar arduamente la fama y tratar de que las leyes del mercado no corrompan su obra:

 

Las leyes del mercado son inexorables, y no somos los escritores de cuentos ni los poetas ─hermanos en este negativo destino─ quienes vamos a cambiarlas. Pero como decía el Eclesiastés refiriéndose a la Tierra, generación va y generación viene: mas el cuento siempre permanece (Monterroso, Discurso de recepción del premio Príncipe de Asturias).

 



Hay mucho por escribir. El trabajo ahora es crear nuevas formas de hacerlo, buscar maneras diferentes de crear mundos, zafarse de los modelos que se han utilizado hasta ahora. La literatura ha tomado un nuevo camino, pero muchos no se han dado cuenta de ello. Así lo afirma Monterroso hablando del cuento, «ciertos cuentistas aún no se han enterado de su evolución, y al escribirlos todavía siguen el cumplimiento de antiguas reglas, como aquella de la exposición, el nudo y el desenlace, cuando no la del final sorpresivo» (Discurso de recepción del premio Príncipe de Asturias). La teoría que actualmente acompaña la literatura tiene nuevos argumentos, nuevas estructuras, es claro que no se deben ignorar las teorías precedentes, pero tampoco hay que aferrase a ellas.



 

Los cuentos de Jorge Franco son muestra de lo viva que se encuentra la literatura en Latinoamérica, es uno de esos escritores nuevos que ha tomado un camino diferente en este arte. Quizá él haga parte de las vanguardias actuales, aunque no es muy claro por dualismo en el que se encuentra su literatura, entre novelas de fama escritas para cine y entre los cuentos con una nueva perspectiva.

 

Franco se ha dado cuenta de lo que Monterroso decía en uno de sus discursos: «La vida es triste. Si es verdad que en un buen cuento se encuentra toda la vida, y si la vida es triste, un buen cuento será siempre un cuento triste» (Discurso de recepción del premio Príncipe de Asturias). Quizá una de las cosas que le falta a Franco es una toma de posición, frente a la literatura, mucho más clara y no tan disimulada, como lo ha hecho hasta ahora.

 

Es otra la postura de Roberto Bolaño, una más cruda, dispuesto a defender su literatura y la literatura. Fuerte crítico de escritores de poco talante, de escritores de pluma ligera. Así lo muestra en una de sus últimas entrevistas:

 

─¿No cree que si se hubiera emborrachado con Isabel Allende y Ángeles Mistretta otro sería su parecer acerca de sus libros?

─No lo creo. Primero, porque esas señoras evitan beber con alguien como yo. Segundo, porque yo ya no bebo. Tercero, porque ni en mis peores borracheras he perdido cierta lucidez mínima, un sentido de la prosodia y del ritmo, un cierto rechazo ante el plagio, la mediocridad o el silencio (Bolaño, 2003: La última entrevista de Roberto Bolaño «Estrella distante»).

 

Ya que los críticos que los medios promueven no tiene el suficiente filo en su lengua y sus palabras para poder llamar a las cosas como son, es deber de los escritores ser capaces de criticar a otros escritores contemporáneos, sin temerle a las maquinarias industriales que respaldan al criticado.

 

Función principal de los escritores de las nuevas vanguardias es ir contra los discursos de poder y no dejar que la literatura que construyen sea absorbida por ellos, crear literatura donde la realidad se vea fuertemente influenciada por la subjetividad de los personajes, donde la fantasía sea el lente que muestre la realidad en la que vivimos.

 

Escribir no es una facultad puesta en la cabeza de ciertos hombres por los dioses, la inspiración ya no es un argumento válido en el cual el autor puede esconderse. La literatura es una labor que se debe desempeñar de modo responsable y riguroso. Escribir es algo que cualquiera puede hacer, pero escribir bien son muy pocos los que logran hacerlo, puesto que para ello se necesita de un discurso lo suficientemente sólido en el cual basarse, es un trabajo arduo, aunque no lo parezca, escribir es un arte; «ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche» (Monterroso, Decálogo del escritor).





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Etiquetas:   Escritores   ·   Literatura   ·   Literatura Latino Americana   ·   Política   ·   Sociología

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