¿Por qué es necesaria la Mediación en un Proceso de Divorcio?

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El divorcio no es ninguna epidemia de los nuevos 20’s, pero sí un hecho devastador que influye no solo de manera personal a los cónyuges, sino que además afecta a todo su entorno. Es un proceso de ruptura que trae con ella una gran desestabilización y sobre todo el surgimiento de una crisis, la cual puede recaer en ambas partes o bien, en uno de los cónyuges.

Una crisis es “un estado temporal de trastorno y desorganización, caracterizado principalmente, por la incapacidad del individuo para abordar situaciones particulares utilizando métodos acostumbrados para la solución de problemas, y por el potencial para obtener un resultado radicalmente positivo o negativo”. (Slaikeu, 1988)

En otras palabras, una crisis ocurre tras el surgimiento de un suceso del cual la persona que lo padece desconoce totalmente la forma en que debe manejarlo. La capacidad de una persona y su modo usual de resolver conflictos son insuficientes para abordar el suceso, por lo que la persona que padece una crisis se encuentra en un estado temporal de trastorno y desorganización debido a la incapacidad que siente al darse cuenta que la forma habitual en que resuelve sus problemas es superada de manera excesiva por la situación.

Por lo que el procedimiento de divorcio, la mayoría de las veces, suele llegar a conflictuarse más por la crisis que se genera en las partes, que por el vinculo matrimonial que legalmente será disuelto.

Por lo general, uno de los cónyuges se ve gravemente afectado en sus condiciones psicológicas y emocionales tras el divorcio, que se produce en él o ella una gran incapacidad para resolver el conflicto y sus derivados. Comienza a nublarse el juicio de la persona, hasta llegar a distorsionar el objetivo principal que es la mera disolución del vínculo matrimonial, llevando el procedimiento a una serie de obstáculos como la dilatación del proceso, la negativa hacia una negociación, la falta de reconocimiento de los hijos y sus derechos, el sentido de competencia entre ganador- perdedor, entre otros, los cuales impiden que el objetivo sea resuelto.  

Es por lo anterior, que acudir a un mediador ante el surgimiento de un procedimiento de divorcio, es una manera sana, práctica, efectiva y económica de enfrentar y resolver el conflicto, ya que por lo general, dejar el asunto en manos de los abogados hará que los mismos litiguen en favor de las pretensiones de cada una de las partes, sin que necesariamente exista la intención de generar un acuerdo o negociación entre las partes que resuelva con prontitud el conflicto; o bien, los abogados serán capaces de resolver las pretensiones legales, más no los verdaderos intereses de las partes, los cuales pueden ser atendidos de forma integral a través de una mediación.

Hay que recordar que la mediación es un procedimiento flexible e imparcial, lo que implica que no está sujeto a términos legales como horarios o procesos, y que el mediador actúa en favor de ambas partes y demás terceros involucrados, teniendo como único fin generar la transformación del conflicto.

Un mediador está capacitado para sobrellevar la crisis de las partes, actúa como agente de realidad para ellos haciéndoles ver a través de distintas herramientas, la verdadera razón por la que surge el conflicto y la forma en que pueden salir del mismo hasta conducirlos a una zona de paz.

Por lo que, si estás atravesando un proceso de divorcio o piensas divorciarte próximamente, es recomendable que consultes con un mediador certificado sobre los alcances y beneficios que puede llevar consigo un procedimiento de divorcio a través de una mediación.

UNETE



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