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De una chispa surge un
pensamiento que ocupa los sueños y los momentos, y deja huella. El recuerdo
provoca una sonrisa, pero también una lágrima. Surgen dudas, ásperas como las
arrugas. Sin embargo, la vista, en parte, siempre calmada en el horizonte,
dibuja un atisbo de felicidad y también de melancolía. Una chispa de
sensibilidad, de pasión y de amor.
La incomprensión de las cosas,
de su sentido, de su ser, levanta siempre conocimiento y, a su vez, desconocimiento.
‘‘Solo sé que no sé nada’’, decía aquel. ¡Qué básicos y sencillos somos!Paralizados por la belleza,
sucumbimos a la sinrazón. De ahí emanan nuestras acciones, hacedoras de
locuras, presentes de nuestras vidas. El regalo del tiempo, esa brisa que corre
presta en línea recta, escapándose a cada instante, mientras nosotros
intentamos refugiarnos en el pasado para alcanzarla, pero ya es demasiado tarde.
Su imparable inevitabilidad nos hace vulnerables, ante todo. Esa chispa también esconde
sensaciones como lo hace el libro, y la piel ilustrada que lo recubre, el suave
tacto de las hojas, la enigmática historia que guarda, floreciente en demasía,
luz eterna de los pensamientos. ¡Qué bello es vivir, y qué
complicado es a su vez! ¡Qué fácil es decir hola, y qué difícil es decir adiós!
¡Qué fácil es dar un beso, y qué difícil es dejar de hacerlo! ¡Qué fácil es
soñar, y qué difícil es despertarse del sueño! ¡Qué fácil es ganar, y qué difícil
es perderlo todo! ¡Qué fácil es ver nacer, y qué difícil es ver morir! ¡Qué
fácil es enamorarse, y qué difícil es olvidarse!No me salen más palabras. Solo
observo, contemplo y escucho en esta preciosa noche. El viento sopla
como un leve aleteo de un ave que recién ha aprendido a volar. El susurro de la
noche se levanta cada vez más ante el inexorable paso del tiempo. La luna asoma
su luz blanca a través de las copas de los árboles escribiendo líneas
cristalinas sobre las hojas. Aúlla el lobo, y sus hermanos y hermanas también
lo hacen, componiendo la bella melodía de la noche. Y yo, aquí sentado, me dejo
llevar. Es hora de soltar mi pluma, parar de escribir, liberar el papel y
empezar a vivir otro instante para reflexionar bajo la luna.