. Los medios de desinformación acomplejan a las nuevas generaciones quienes no se sienten a gusto en su ambiente familiar y buscan algo más. El deseo por encajar en el modelo social predominante presupone la idea de inferioridad de lo nuestro frente a lo ajeno. El desprecio por el hogar desencadena un ciclo que corroe el sentido de pertenencia en los chicos.En lo que va del siglo XXI se ha visto como los modelos de democracia que se creían estables fueron sucedidos por regímenes oscuros cuyos métodos de gobierno en nada se asemejan a nuestra cultura. Si escrutamos el origen de este limbo histórico nos hallamos con lo que diría Arturo Uslar Pietri acerca de América Latina la cual en su opinión nunca fue parte integra y pura de eso que los historiadores denominan "Occidente".
Pero el problema no se queda allí. La desnaturalización de los valores absolutos (aunque algunos nieguen su existencia) no solo es consecuencia de un origen propio de nuestro subcontinente sino que obedece a un proceso de aniquilamiento cultural de los valores. La contracultura, aquellos movimientos e ideologías dirigidos a revertir las buenas costumbres y enaltecer la llana rebeldía sin causa, han socavado a las nuevas generaciones y en esto, los medios de información, juegan un papel estelar.
La Sociedad y en especial la Familia han sido victimas de un proceso que busca consumir las buenas costumbres y la ética y sustituirlas, por la viveza. La superficialidad del carácter ha procurado dar caducidad a los sentimientos que ennoblecen al ser humano. Ante estas amenazas contra la salud de los niños y niñas, debemos usar la Educación en Valores como pilar para proteger a la comunidad.Las simpatías para con los demás no pueden volvernos pusilánimes a la hora de defender nuestra creencias. Nuestra fe hacia una sociedad ética no debe verse desestabilizada por circunstancias particulares de nuestro tiempo. Frente a quienes se trasnochan por devolver nuestras comunidades a la era de las cavernas, debemos ennoblecer cada vez más, a imagen del hombre moderno, socializado y civilizado. No podemos dejar que grupos subversivos y con un pensamiento culturalmente violento destruyan nuestros sistemas sociales, nuestras instituciones e hijos. La cultura debe ser defendida a través de los medios culturales y desde donde mejor, que desde la familia: la fábrica de la cultura.