Politicas publicas para erradicar la pobreza extrema en la poblacion

Resumen: A nivel mundial existe un consenso sobre la lucha contra la pobreza como un objetivo primordial de las políticas públicas. En ese sentido, la «pobreza» se convierte en un tema prioritario en la agenda gubernamental y su reducción o erradicación se torna relevante en las metas de las políticas públicas. Sin embargo, la existencia de diversos «referenciales» y modos de operativizar la pobreza, son una limitante a la hora de formular e implementar las políticas. En este contexto, se encuentran políticas que difieren tanto en su contenido como en la población objetivo catalogada como «pobre». Lo que explica de algún modo por qué las políticas al no tener un consenso, no logran el impacto esperado, y la pobreza se constituye en una situación pertinaz, difícil de resolver.

 

. En ese sentido, la «pobreza» se convierte en un tema prioritario en la agenda gubernamental y su reducción o erradicación se torna relevante en las metas de las políticas públicas. Sin embargo, la existencia de diversos «referenciales» y modos de operativizar la pobreza, son una limitante a la hora de formular e implementar las políticas. En este contexto, se encuentran políticas que difieren tanto en su contenido como en la población objetivo catalogada como «pobre». Lo que explica de algún modo por qué las políticas al no tener un consenso, no logran el impacto esperado, y la pobreza se constituye en una situación pertinaz, difícil de resolver.
 

Palabras clave: Políticas Públicas: Referencial: Pobreza: Pobres.

 

Introducción: En la Cumbre del Milenio de la ONU celebrada en 2.000 en Nueva York, 149 países ratificaron el compromiso de combatir la pobreza en el periodo 1990 y 2015 a través de la reducción a la mitad del porcentaje de personas cuyos ingresos fuesen inferiores a un dólar por día. A partir de ese escenario, la lucha contra la pobreza, se inscribió en la agenda gubernamental y en el objetivo común de muchos países a nivel mundial. Y su reducción o erradicación en la meta de las políticas públicas. No obstante, existe un debate continuo sobre las nuevas conceptualizaciones de la pobreza y sus métodos de medición, lo que conduce a que varios grupos de personas sean caracterizadas como «pobres», generando diferentes políticas para la reducción de la pobreza. Pero, a pesar de la variedad de perspectivas, cada vez más las reflexiones frente a este tema tienden a preocuparse por mirar la pobreza más allá de un enfoque economicista, traducido en bajos ingresos e insuficiencia de bienes materiales, hacia una mirada más sociológica, que incluye aspectos cualitativos relacionados con los derechos, las capacidades y titularidades. Esto repercute directamente en la formulación, implementación y evaluación de las políticas públicas. A nivel mundial existe un consenso sobre la lucha contra la pobreza como un objetivo primordial de las políticas públicas. En ese sentido, la «pobreza» se convierte en un tema prioritario en la agenda gubernamental y su reducción o erradicación se torna relevante en las metas de las políticas públicas. Sin embargo, la existencia de diversos «referenciales» y modos de operativizar la pobreza, son una limitante a la hora de formular e implementar las políticas. En este contexto, se encuentran políticas que difieren tanto en su contenido como en la población objetivo catalogada como «pobre». Lo que explica de algún modo por qué las políticas al no tener un consenso, no logran el impacto esperado, y la pobreza se constituye en una situación pertinaz, difícil de resolver.

Un desarrollo integral en una democracia real requiere políticas públicas que accionen lo planificado o planifiquen lo accionado, gobiernos y administraciones responsables, más participación y menos lamentos, políticas públicas que busquen el bien común y privilegien a los más débiles, representados que voten buenos candidatos y boten malos gobernantes, representantes que atiendan las prioridades de la gente y no de los dirigentes. Hay que mejorar lo que hay y no empezar siempre de cero, diagnosticar y decidir participativa y políticamente, sin cegueras ni  improvisaciones, dirigir y difundir con productividad y transparencia, sin inercias ni demagogias, continuar lo bueno, a pesar del autor.

Desde entradas más humanas y sociológicas, un autor como Amartya Sen, aborda la pobreza como «una carencia de dotaciones iniciales de los individuos, que pueden poner en acción capacidades que hacen posible el ejercicio de derechos a través de los cuales es posible obtener una mejora de la calidad de vida de las familias» 4). Perspectiva que condujo a Sen a proponer el enfoque de «capacidades y derechos», como una alternativa diferente de ver la pobreza. Bustelo (2000:15) bajo una mirada psicológica, argumenta que «el pobre no es tan sólo pobre porque tiene carencia de bienes materiales, sino porque además es hecho pobre para constituirlo como dependiente de quien le da la dádiva y administra favores.

Diferentes pobrezas, diferentes pobres, diferentes mediciones: En el análisis de las políticas públicas, una primera inquietud que surge es conocer la situación percibida como insatisfactoria o «problemática». En el caso de las políticas de lucha contra la pobreza, preguntarse qué se entiende por pobreza o cómo se concibe a los pobres es el punto de partida para comprender, en primera instancia, cuáles son las orientaciones que tienen las políticas en esta materia. Encontrar una respuesta no es fácil y depende de la representación social y política que se haga del problema y de la población objetivo, o sea de la «pobreza» y de los «pobres», lo cual, a partir de la perspectiva de Pierre Muller corresponde al «referencial» de la política pública, que tiene que ver con «una imagen de la realidad sobre la cual se quiere intervenir. Es en referencia a esta imagen cognitiva que los actores van a organizar su percepción del problema, confrontar sus soluciones y definir sus propuestas de acción».

Desde entradas más humanas y sociológicas, un autor como Amartya Sen, aborda la pobreza como «una carencia de dotaciones iniciales de los individuos, que pueden poner en acción capacidades que hacen posible el ejercicio de derechos a través de los cuales es posible obtener una mejora de la calidad de vida de las familias». Perspectiva que condujo a Sen a proponer el enfoque de «capacidades y derechos», como una alternativa diferente de ver la pobreza. bajo una mirada psicológica, argumenta que «el pobre no es tan sólo pobre porque tiene carencia de bienes materiales, sino porque además es hecho pobre para constituirlo como dependiente de quien le da la dádiva y administra favores».

¿Erradicar, reducir, luchar o superar?, Las políticas públicas definen, «obligatoriamente, metas u objetivos por lograr, definidos en función de normas y valores»  Por lo tanto, es clave revisar las denominaciones que adquieren y los objetivos que pretenden. En el caso de las políticas de lucha contra la pobreza se observa que común e indistintamente se utilizan en los objetivos términos como «erradicar», «reducir», «superar», etc., sin caer en cuenta que tras estos apelativos existen propósitos concretos que van desde la eliminación de la pobreza, hasta el cumplimiento gradual de metas de reducción. Así lo demuestra Verdera, en un esfuerzo de clasificación de las denominaciones de las políticas de lucha contra la pobreza

¿Qué son las políticas públicas?, Respecto del concepto de políticas públicas, se las distingue en comparación con la planificación estratégica y las políticas de Estado, estableciendo las relaciones correspondientes entre aquellas y estas. En cuanto a las metodologías, se plantean los cuatro grandes momentos de las políticas públicas según el modelo relacional: el análisis de las políticas existentes como alimentación de los procesos subsiguientes, el diseño (diagnóstico y decisión), la gestión (dirección y difusión) y la evaluación de los resultados conseguidos como retroalimentación de dichos procesos.

En particular, se habla de un “nuevo municipalismo” que parte de la reivindicación municipalista y evoluciona por medio de tres grandes oleadas. Las dos primeras olas se han caracterizado, respectivamente, por administraciones municipales prestando servicios urbanos y por gobiernos municipales buscando desarrollos locales. La “tercera ola del municipalismo”, en cambio, está determinada por asociaciones intermunicipales que administran y gobiernan regiones territoriales (áreas metropolitanas u otras).

La pobreza ha aumentado considerablemente en algunos de los países más ricos del mundo. La pobreza que enfrenta la infancia en América Latina es desproporcionada en comparación con la pobreza adulta. Esta afirmación se ve corroborada con datos de la UNICEF (2005), en los que se observa que un 44% de la población de América Latina y el Caribe vive por debajo de la línea de la pobreza, mientras que el 56% de los menores de 19 años son pobres. Uno de los aspectos que subraya la relevancia de este tema, es la disminuida investigación sobre este fenómeno. La temática de las “personas en situación de calle” ha sido de mucho interés tanto para los medios de comunicación, como para grupos filantrópicos en los últimos años. Sin embargo, no es una temática suficientemente estudiada, a pesar de los innumerables grupos y personas particulares que buscan “intervenir” para “ayudar” a las personas que se encuentran en dicha situación. A pesar de la “visibilidad práctica” del fenómeno (basta con recorrer las calles, especialmente durante las noches), no existía una “visibilidad oficial”, sino hasta este último mes del 2005, en el que se conocieron los resultados del primer catastro nacional de personas en situación de calle, organizado por Mideplan en conjunto con un grupo de organizaciones de la sociedad civil. Ahora, específicamente lo referente a la adolescencia en situación de calle es un terreno de todas formas muy desierto, no encontrándose prácticamente ni estudios, ni sistemas de intervención, ya que en general han sido los niños en situación de calle, los grupos donde se establece una mayor cobertura, o personas adultas, especialmente adultos mayores. Esta situación muchas veces lleva a la generación de epítetos infundados acerca de sus situaciones y problemas, interviniendo de maneras erróneas en dichas situaciones, desconociendo importantes realidades y recursos que posibilitarían mejores acercamientos a la temática. De hecho, ya la denominación de “niños de” o “en la calle” o “en situación de calle” genera muchas discrepancias. son difíciles de describir y de pensar, es necesario sustituir las imágenes simplistas y unilaterales (las que principalmente transmite la prensa), por una representación compleja y múltiple, fundada en la expresión de las mismas realidades, pero en discursos diferentes, a veces irreconciliables”.

Producto de ello resulta significativo conocer cómo se configura la identidad de dichos jóvenes, considerando que han tenido un proceso de desarrollo y socialización en una situación de extrema exclusión y vulnerabilidad, como la vida en la calle. En este sentido, conocer cómo son y cómo relatan sus propias historias; cómo construyen una imagen y concepto de sí mismos y de los demás; cómo van encontrando sentido en ambientes tan precarios y amenazantes; cuáles son sus intereses, pasiones; conocer si existe un proyecto vital y cómo está configurado; en fin, reconocer cómo se estructura la identidad de una persona que vive un importante periodo de su vida alejado de la familia, del hogar y del resto de las instituciones sociales (como la escuela), que son consideradas claves en el desarrollo de dicho proceso. Y de esta manera, reconocer cuáles son los elementos en juego, como base de la decisión de salir a la calle, especialmente considerando que tanto su desarrollo físico como psicológico, probablemente, no era el adecuado para llevar una vida independiente y autónoma, tan tempranamente.

Desde nuestra perspectiva, la generación de ingresos no trae implícito que automáticamente se dará la satisfacción de las necesidades básicas y de las capacidades de las personas, porque la gente puede percibir diferentes tipos de pobreza que no pueden resolverse necesariamente a través de la generación de ingresos. Por ejemplo, en el escenario rural, muchos pobladores cuentan con ingresos que, si bien les permiten solventar algunas necesidades básicas, debido a la complejidad del territorio en que se mueven no pueden acceder a educación, a servicios de salud o a factores de producción como la tierra. En otros casos (como en Colombia) su libertad, sus capacidades y titularidades se ven limitadas por los actores al margen de la ley (guerrilla, narcotraficantes, paramilitares) que interactúan a diferente nivel e inciden en la gobernabilidad de los territorios rurales.

UNETE



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