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Sendas perdidas: cuando el sueño de la razón produce monstruos


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11/11/2011

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Sendas perdidas de la razón: cuando los sueños de la razón producen monstruos.[1]

 

1. El hombre es capaz de cultura y de barbarie: “no hay un solo documento que no sea de barbarie:” a) Segunda formulación del imperativo categórico Kantiano: “obra de modo que en cada caso te valgas de la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de otro, como fin, nunca sólo como medio”  (Kant, 2004: 34); b) La dignidad humana: Sí mismo como otro. (Ricoeur, 2003)

 

2.      La justicia de las víctimas: a). Las víctimas se han hecho visibles: es una novedad: víctimas ha habido siempre pero invisibles; b) ¿La justicia es de los vivos?; c) la justicia establece el sentido de los crímenes sin sentido.

 

3. Deber de la memoria (Adorno): a) Para Foucault, la razón es del presente, de lo que está presente; b) Se han hecho visibles: memoria de las victimas; c) La memoria actualiza la injusticia; d) ¿la reparación es la herramienta contra el olvido? Primo Levi: “Los recuerdos que en nosotros yacen no están grabados sobre piedra; no sólo tienden a borrarse con los años sino que, con frecuencia, se modifican o incluso aumentan literalmente” (Levi, 1989: 21) El paso silencioso de la mentira al autoengaño es útil.

 

Mi propósito: bosquejar los trazos iniciales de un modelo teórico que permita discernir los conceptos de justicia, verdad, reconciliación, con relación a los conceptos propuestos por Primo Levi en su obra los hundidos y los Salvados, a saber: memoria, zona gris, vergüenza ajena. (Levi: 1989)

 

¿La  razón es del presente, de lo qué está presente? La pregunta por el reconocimiento de las víctimas hace presente el horror. 1. La razón es propia del hombre. 2. El hombre es capaz de barbarie. Tanto (1) y (2): la razón produce monstruos: “Las primeras noticias sobre los campos nazis de exterminio empezaron a difundirse en el año crucial de 1942. Eran noticias vagas, pero acordes entre sí: perfilaban una matanza de proporciones tan vastas, de una crueldad tan exagerada, de motivos tan intricados, que la gente tendía a rechazarlas por su misma enormidad (…) (Levi, 1989: 9) Así, “(…) la gente diría que los hechos que contáis son demasiado monstruosos para ser creídos (…) Es curioso que esa misma idea (“aunque lo contásemos, no nos creerían) aflorara, en forma de sueños nocturnos, de la desesperación de los prisioneros” (Levi, 1989: 9-10)

 

La verdad descubre el horror; “casi todos los liberados, de viva voz o en sus memorias escritas, recuerdan un sueño recurrente que los acosaba durante las noches de prisión y que, aunque variara en los detalles, eran en esencia el mismo: haber vuelto a casa, estar contando con apasionamiento y alivio los sufrimientos pasados a una persona querida, y no ser creídos, ni siquiera escuchados” (Levi, 1989: 10) La verdad, se dice de muchas maneras: “el vencedor también es dueño de la verdad”.  Levi manifiesta que los mandos de las SS y los servicios de seguridad se dedicaron, con el mayor esmero, a evitar que no quedara testimonio alguno.

 

En Colombia se adoptó un modelo político-judicial para tratar de superar un problema de violencia y violación de las normas elementales de convivencia social que ha afectado a su población durante décadas. Este modelo está encarnado en la llamada “Ley de justicia y paz” (Ley 975 de 2005), “por la cual se dictan disposiciones para la reincorporación de los miembros de grupos armados organizados al margen de la ley, que contribuyan de manera efectiva a la consecución de la paz nacional, y se dictan otras disposiciones para acuerdos humanitarios”.

 

“La verdad que dicha ley puede pretender garantizar, es la “verdad judicial”, no lo que los textos jurídicos llaman “la verdad real”, precisamente en oposición a la verdad judicial. Sin embargo, parece obvio que tanto las víctimas, o mejor: los familiares de las víctimas, cuya defensa constituye la motivación principal de la ley, así como la opinión pública en general, vale decir, la sociedad civil, lo que esperan es que se esclarezca la verdad pura y simple, no una verdad judicial que en principio no tiene que coincidir con la verdad de los hechos, o “verdad real”. (Botero, 2008: 2) Es natural y obvio que la fuente esencial para la reconstrucción de la verdad en los campos esté constituida por las memorias de los sobrevivientes. Sin embargo, para los familiares de las víctimas el esclarecimiento de la verdad ha sido escrita por quienes no han llegado hasta el fondo. El olvido, en algunos casos, por el concepto de “vergüenza ajena” puede ser simulado. En otros, el lenguaje se vuelve un instrumento de poder: se manipula el recuerdo, se fabrica una verdad.

 

La verdad se empieza a descubrir desde el pasado. Pues bien, dentro de los aspectos de justicia transicional encontramos la justicia penal (retributiva). En este mismo orden de ideas, ¿de qué damos cuenta en el pasado?: se pregunta en primer lugar por la memoria, por el dolor de las víctimas. ¿Dónde están? Desde allí se hace la primera noción de verdad. En tal sentido, hay que dar cuenta que tanto los vencedores como los vencidos, son dueños también de la verdad. Pero, ¿Quiénes son los vencidos y los vencedores?

 

Hay que constatar en principio, dolorosamente, que el ultraje es incurable: se arrastra con el tiempo. Sin embargo, frente a esta impunidad: el opresor sigue siéndolo, y lo mismo ocurre con la víctima: no son intercambiables, el primero debe ser castigado y execrado (pero, si es posible, debe ser comprendido); la segunda debe ser compadecida y ayudada; pero ambos, ante la impudicia del hecho que ha sido cometido irrevocablemente, necesitan un refugio y una defensa, y van, instintivamente, en su busca. No todos, pero sí la mayoría; casi siempre durante toda la vida. (Cf, Levi, 1989: 23)

 

Los victimarios. Los mandos de las SS y los servicios de seguridad se dedicaron, después, con el mayor esmero, a evitar que quedara testimonio alguno. Ellos saben todo. Manipulan la verdad como quieren, justifican las fosas comunes de alguna manera. Simplemente: borran toda evidencia. Y sus respuestas frente al holocausto, son simples: “lo hice por que me lo mandaron”; otros (mis superiores) han cometidos actos peores que los míos” Sobre este asunto es posible determinar el paso silencioso de la mentira, aquí el autoengaños es útil. Han manipulado en cierto sentido el recuerdo; el pasado ha sido fabricado a su gusto y han terminado por creérselo. Muchos de los opresores han sido ejecutores diligentes, y por su diligencia han sido elogiados y ascendidos. No han sido autónomos en sus decisiones, otros las han tomado. Por eso no son responsables y no pueden ser castigados. (Levi: 1989, p. 26) Es cierto: la reconstrucción del pasado, observación para todas las memorias, es posible distorsionarla, al igual que alterar los motivos, pero como lo menciona Levi, es difícil negar que se ha cometido determinada acción.

 

La verdad descubre el horror. La memoria colectiva al igual que todo cometido en el exterminio masivo nazi, evidencian el escenario cruel que se le puede hacer a la condición humana. Por otro lado, la reparación busca no repetir el horror. Es un elemento de derecho, dirigido a la víctima. Simplemente es el escenario de la solidaridad. Empero, dentro de la disertación que hace Levi sobre la importancia del otro, valdría la pena preguntarnos ¿por qué la reparación (elemento de derecho) cobra sentido después de que la injusticia contra la dignidad de la persona se ha cometido?

 

Es cierto: las sendas perdidas de la razón desvían sus horizontes en el concepto que muy bien Hannah Arendt supo modificar: el totalitarismo. Además, las instituciones de justicia, no han propiciado correctamente una ética que se inscriba en la obtención de formas que hagan posible la no repetición de los actos de barbarie. Por lo visto, empiezan a tener sentido en el momento que se consolidan las comisiones de verdad, esto es, a partir del conocimiento de los crímenes de lesa humanidad, desaparición forzada, hechos violentos, entre otras.  Sin embargo, después de lo sucedido en los campos de exterminio, Max Weber abre campo al análisis de una “ética preventiva. Es un hecho lamentablemente: la justicia transicional empieza a operar acto seguido según se descubran violaciones a la convivencia social. En tal sentido, ¿Sobre que causas se pueden hacer un proceso de verdad, justicia, reparación? Aún así: los análisis estructurales sobre verdad, justicia, reparación y reconciliación buscan no repetir el horror. ¡Nunca más!  

 

La verdad abre paso para que la justicia distributiva sea correspondida en la reparación de las víctimas: lo justo o correcto con respecto  a la asignación de bienes de una sociedad. Orientada por principios normativos diseñados para guiar la asignación de los beneficios. En un sentido romántico, la alteridad, la relación cara-cara, es la que permite evidenciar el reconocimiento del otro. La victima y el victimario constituyen el si mismo como otro. La empresa de ver al victimario como ese otro es indescifrable, sin embargo, es el paso a la reconciliación, al perdón. A pesar del término reconciliación, la reparación respectivamente debe dirigirse al reconocimiento de la pérdida: reparación de muebles e inmuebles. El desplazamiento forzado en Colombia a causa de la violencia pide una reparación material.

 

Ciertamente, la justicia transicional no rompe con el pasado, lo hace presente. La identidad que genera la memoria colectiva, se asienta desde los sobrevivientes: todos, tanto víctimas como victimarios, tienen vivencias comunes. De todas formas, ¿Es posible desde la memoria construir una identidad tanto para las victimas y los victimarios? ¿Habrá también semejanzas entre ellos?

 

El concepto de la zona gris, hace aserción a un plano de contornos mal definidos que separa y une al mismo tiempo a los bandos de patrones y de siervos. A pesar del dolor, las torturas, el poder, todos se piensan entre sí, todos se vuelven reales. Es la ambigüedad que irradia los regímenes fundados en el terror y la sumisión. Simple: la alteridad de quien no tiene escapatoria frente a las posibilidades de supervivencia: nuestra capacidad de juzgar tropiezan cuando se encuentran con la Escuadra Especial. (Levi, 1989: 53) En este sentido, ¿qué papel juega la justicia penal, si lo que se quiere es juzgar el pasado, a  los culpables de los crímenes? Todos existen. Todos dan cuenta entre sí. Así sea para hablar del otro con relación a la barbarie, la tortura, la faceta indigna de la humanidad. Todos son victimas y victimarios. Se pide justicia, sin embargo, a raíz de los testimonios de los sobrevivientes de los campos de exterminio: la necesidad está por encima de la ley.





La memoria hace presente el sufrimiento. Esto es: “hacer hablar el sufrimiento es la condición de toda verdad” (Adorno)

 

En el capítulo la Zona gris, Primo Levi señala que el concepto de poder está orientado a doblegar la resistencia. Genera privilegios. Aún así, la ambigüedad es constante. En este sentido, ¿qué papel juega la justicia transicional frente a episodios donde la única manera de sobrevivir, era aceptando de cierto modo, el papel de ser privilegiados en las Escuadras Especiales; dónde simplemente las mismas víctimas para sobrevivir dieron exterminio a sus semejantes para la supervivencia personal? ¿Cómo levantar juicios frente a estos episodios?

 

La zona gris, da que pensar: “cuanto más dura es la opresión, más difundida está entre los oprimidos la buena disposición para colaborar con el poder” (Levi, 1989: 39-40) En efecto, la culpa máxima cae sobre el sistema, sobre la estructura del Estado totalitario. Bien lo sabía Manzoni: “los provocadores, los avallasadores, todos aquellos que, de alguna manera, cometen injusticias, son culpables no sólo del mal que cometen sino también de la perversión que provocan en el ánimo de los ultrajados” (Levi, 1989: 40) La condición de ultraje no excluye a la de culpables y, muchas veces, la culpa es objetivamente grave, pero no sé de ningún tribunal humano en el cual se pueda delegar su valoración (…) (Levi, 1989: 40)

 

Precisamente por estas definiciones Primo Levi señala la existencia de una violencia inútil: mandar gente desnutrida a palear estiércol o a romper piedras sólo tenía una finalidad terrorista. Por lo demás, según la retórica nazi y fascista, heredera en esto de la retórica burguesa, el trabajo ennoblece, y por consiguiente los innobles adversarios del régimen no son dignos de trabajar en el sentido usual del término. (Levi, 1989: 113) Su trabajo debía ser doloroso: no debe dejar sitio a la profesionalidad, debe ser el de las  bestias de carga, tirar, empujar. Era una vida hobbesiana. Incluso, la violencia del tatuaje era gratuita, era un fin en sí misma, era un ultraje. Sin más, la elección impuesta desde arriba era una máxima cargada de sufrimiento físico y moral.

 

La justicia penal, sanciona el delito. Pero, emitir juicios de valor, incluso de sanción frente a aquellas personas, en la gran mayoría de sus casos, donde su comportamiento le les ha sido férreamente impuesto, es difícil de desengranar. Las Escuadras Especiales de las que nos habla Primo Levi, estaban formadas, en su mayor parte por judíos. Es la sombra de la destrucción de sí mismos. Sobre este caso, donde ser privilegiado,  resaltaba cierta cobardía, ¿cómo? ¿Tendrían que sancionar a las víctimas también? ¿Quién tiene escapatoria frente a la justicia penal? Agrego algo más: a estos sujetos, se le ofrecen la supervivencia, y le proponen, o mejor dicho, le imponen una tarea atroz pero imprecisa. “Éste es, me parece, el verdadero Befehlnotstand, el estado de constreñimiento como consecuencia de una orden, y no el que invocaban sistemática y desvergonzadamente los nazis arrastrados a los tribunales y, más tarde, pero siguiendo su huellas, los criminales de guerra de muchos otros países. El primero es una elección que no tiene escapatoria, es la obediencia inmediata o la muerte; el segundo es un poder intrínseco al centro del poder (…)” (Levi, 1989: 55)

 

La resistencia, posibilidad de alterar este estado de constreñimiento, habría sido útil en este escenario de no racionalidad. Sin embargo, no todos tienen la capacidad de elegir. Las víctimas no tienen conciencia, no saben nada. Experimentan la dinámica del terror.  Ellos han perdido la dignidad, la condición humana. La conciencia se ha esfumado, ha dimitido. Así pues, la perdida de conciencia, se origina desde la barbarie. Se habla desde aquí de un silencio ajeno, de la vergüenza. Es cierto: en el campo de exterminio nazi, incluso en campos cercanos como la realidad colombiana, la vergüenza y el sentido de culpa ha sido el horizonte común para los sobrevivientes. Es la vida no merecida: “sobrevivían los peores, es decir, los más aptos; los mejores han muerto todos” (Levi, 1989:) Es el paso a la indignidad de haber sobrevivido. Víctimas y victimarios: “¿Es que te avergüenzas de estar vivo en el lugar de otro? Y sobre todo ¿de un hombre más generoso, más sensible, más sabio, más útil, más digno que vivir que tú? (Levi, 1989: 75)

 

Al igual que las víctimas, los victimarios, sienten vergüenza. Ellos dejaron de ser humanos. Tampoco tienen razón. A pesar de que saben todo, y que su interés se funda en la maquina del terror, conocen la verdad. Y toda verdad genera responsabilidad. Ellos en ese momento, tenían la facultad de elegir. Por lo visto, pierden su dignidad, son bárbaros, se vuelven lobos. Con su crueldad rompen con la condición humana. Es el escenario de la violencia inútil: la relación de superioridad justifica que yo viva. En conjunto, la justicia penal, tampoco está autorizada para juzgarlos. Pero, cómo regular la impunidad, como propiciar la sanción a los autores de las masacres, de la violencia, de la tortura.  

 

Verdad, Justicia y Reparación conceptos que en el panorama colombiano han generado mayor difusión en torno al proceso de desmovilización de los grupos paramilitares, de propagación para la consolidación de una ley para las víctimas, disposiciones para acuerdos humanitarios, entre otros. En efecto, la pertinencia de estos temas en nuestro entorno social, generan las condiciones reales para que las sociedades logren reconocer el daño que la violencia socio política deja en las víctimas y en la convivencia social. Quiero señalar que la constitución de un reconocimiento reciproco en medio de las sociedades, debe asociar el principio de justicia, entendido como aquel que exige el igual respeto e igual derecho para todos; el principio de solidaridad que resalta la preocupación por el bienestar del prójimo, así como  también de reparación material.

 

En  síntesis, Primo Levi, genera otro tipo de planteamientos que en algunas esferas no se analizan: el sentido profundo de la memoria de las víctimas y de los victimarios; las ambigüedades que se generan en escenarios como la zona gris, o la violencia inútil; la vergüenza ajena, la pérdida de conciencia y la dignidad humana.

 

Finalmente:

 

             La verdad: Ya no: ¿qué has hecho? Sino: ¿Quién eres? (Juan José Botero)

 

Bibliografía:

 

 

-          BOTERO, J, La verdad se dice de muchas maneras. En: Memorias: III Tercer Congreso Iberoamericano de Filosofía, Medellín, 2008.

-          LEVI, Primo, “Los hundidos y los salvados”, De la traducción: Pilar Gómez Bedate, (1989).

-          MATE, Reyes, “Sendas perdidas de la Razón, (Cuando el sueño de la razón produce monstruos) en: Ideas y Valores, Universidad Nacional (Bogotá), pp.76-92, (1996).

-         KANT, E. (2004) Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Ed. Porrúa.

-         RICOEUR, P, (2003) Sí mismo como Otro. (Trad) Agustín Neira Calvo. Siglo XXI de España editores.

[1] Quiero dar crédito aquí al profesor Reyes Mate del Instituto Superior de Investigaciones Científicas de Madrid por la aserción del titulo de la siguiente disertación.  Cfr. MATE, Reyes, “Sendas perdidas de la Razón, (Cuando el sueño de la razón produce monstruos) En: Ideas y Valores, Universidad Nacional (Bogotá), pp.76-92, 1996. La frase de Goya al pie de uno de sus aguafuertes más conocidos tiene, como es sabido, una doble interpretación. Los sueños pueden ser diurnos y nocturnos. En los nocturnos, la imaginación manda sobre la razón. Si hay monstruos será por ausencia de la razón. En los diurnos, la razón proyecta sobre el futuro sus deseos y esperanzas. Si hay monstruos será por la ausencia de la razón. Queda la pregunta: ¿Es por presencia o ausencia de la razón que se dan los monstruos?

 

Así pues, si de sueños se trata, quizás ayude el que tuvo Sócrates en Cármides o De la Sabiduría. Sócrates se imagina un mundo organizado científicamente con más y mejor salud, mejor aprovechamiento de las riquezas, más y mejores bienes materiales. En un momento, sin embargo, le asalta la pregunta: si el hombre vivirá mejor y si será más dichoso. La respuesta de Sócrates no despeja el interrogante: “quizá no haya otro ideal que no sea el de la ciencia, pero me gustaría saber un detalle: ¿a que ciencias te refieres?” Sócrates da a entender que existen dos tipos de ciencia: una que hace a los hombres más dichosos y otra que les hace más desdichados

 







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