Prisioneros del Silencio:



¿Tal vez en la analogía de nuestras vidas, muchos pasamos por trabajos o situaciones que conmocionan nuestros sentidos y nos hacen reflexionar, el valor de lo que hacemos, el mundo material versus la vida humana? La última es sin duda una pérdida mayúscula irreemplazable.                                                                   

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El aceleramiento, las largas horas de trabajo y el poco tiempo disponible, disminuye la posibilidad de brindar el tiempo y cuidado, no solo de nuestros hijos si no de nuestros adultos.

¿Cuál es la perspectiva social y económica de Estados Unidos y otros países ante esta necesidad?

Los recursos económicos, individualmente disponibles, seguros médicos, tanto públicos como privados, la asistencia de cuidadores formales, que brinden atención calificada e  informales, los cuales ejercen o han ejercido esta función a un bajo presupuesto, sin contar con las certificaciones o permisos pertinentes para desarrollar esta función, las residencias asistida las 24 horas del día y las corporaciones de intercambio cultural que brinda la oportunidad a latinoamericanos, dispuesta a desempeñar el cuidado de ancianos y niños en Estados Unidos a cambio de estudios a nivel profesional.

 

Los riesgos no conocen de licencias o certificados. La pregunta es: ¿A quién le estamos confiando la vida de nuestros seres queridos?  Un ejemplo de pacientes con condiciones especiales, son los diagnosticados con Alzheimer. 

 

Según the catalyst más de 6 millones de estadounidenses, la mayoría de 64 años o más, viven con esta condición. Una enfermedad con deterioro cognitivo, progresivo e irreversible, que conlleva constantes cambios de humor, agresividad, depresión, alegría, insomnio y la inevitable pérdida de las funciones del cuerpo, hasta llegar a la muerte, un proceso desgastante tanto, físico, como psicológico, para el cuidador y familiares, quienes tendrán repercusiones a largo plazo en su estado de salud.

Síntesis de un cuidador de Alzheimer: Como humanos es casi imposible desconectar el corazón de nuestro cerebro, la esperanza de supervivencia es un sentimiento arraigado a nuestro ser y aunque resulte irrelevante, siempre se espera que la persona mejore, aún, cuando su estado, se deteriora cada día y su memoria semántica, se esfume dejándonos con simples  interpretaciones de lo que se cree que esa persona necesita o siente, aceptar y resignarse a una pérdida nos incendia lentamente, no solo porque se percibe cierta soledad, ya que no todos los miembros de la familia serán capaces de asumir tal responsabilidad, duplicando las cargas horarias y las dolencias  corporales individuales que implica tal lucha, así también, los efectos  subyacentes: como la ansiedad, depresión, nervios, daños físicos a largo plazo  y psicológicos como aislamiento social, deterioro irrevocable de la convivencia conyugal entre otros.

 

La vocación de servicio, dedicación, empatía, solidaridad, paciencia son dones poco comunes en la actualidad, pero requisitos claves para trabajos, en los cuales se debe aseverar con seguridad la tranquilidad, salud y felicidad de otra persona.                                                                    El amor será sin duda la mejor medicina o terapia que estas personas necesitan.

                                                                                                                                          Una sociedad que Etiqueta tal responsabilidad subestima el valor inmensurable de esta faena. 

 

Un escrito dedicado a las personas que cuidan con amabilidad, amor y compasión a personas en estado crítico, sólo ellos contemplan cada suspiro como un gesto de bondad.    

 

Para: Ada Rodríguez.

 

Centro de ayuda para personas con alzheimer y sus cuidadores:

Alzheimers.gov

800-272-4380






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