. Además, debe sacar de su letargo a un pueblo que ha sido engañado con políticas que no solucionan los problemas del país, sino que, por el contrario, los acrecientan.
Pese a que el actual gobierno se ha desligado, en ciertos aspectos, de un uribismo que dejó al país lleno de corrupción, parapolitica y que se enfrascó en hacer más desiguales, a nivel social y económico, a los colombianos, no ha salido de la derecha que sigue ayudando solamente a los sectores más favorecidos de la nación. Una pequeña muestra de lo anterior son dos de sus ministros, Frank Pearl y María Fernanda Campo, el primero encargado del ministerio del Medio Ambiente y la segunda del de Educación; ninguno de los dos ha tenido la más mínima experiencia en las áreas a las que fueron designados y los dos vienen del sector privado. Pearl primero fue presidente de Valores Bavaria y asesor de otra serie de compañías y Campo se desempeñó como presidenta de la Cámara de Comercio de Bogotá. Los dos tienen un enfoque netamente económico y no uno social, y este es el que necesita Colombia actualmente. Dos pruebas más del poco interés social del actual gobierno es la gran fuerza con la que está promoviendo la explotación minera en Colombia, la cuarta locomotora económica, como la llama Santos, la cual dejará sumida en la pobreza a las regiones en donde se lleva a cabo dicha actividad. La otra prueba es la poca inversión que el gobierno le está haciendo a la educación, al sector agropecuario, a ciencia y tecnología, entre otros sectores, en comparación a la gran inversión que se le está haciendo al sector minero, petrolero, con una gran deducción de impuestos, de infraestructura y el sector militar. Frente a este panorama, un poco desolador de por sí, se necesita una oposición fuerte que trate de cambiar el rumbo que el gobierno le quiere dar a Colombia. No me refiero a una como la del expresidente Uribe, la cual es causada por una gran herida en el ego. Hablo de una oposición que se interese en los problemas sociales por los que está pasando el país; ¿y qué mejor oposición que una nacida de la izquierda democrática? Pero es precisamente aquí donde surge el problema. ¿Qué partido o movimiento político es el que mejor representa a la izquierda democrática? Me atrevo a decir que en la actualidad ninguno ha sabido llevar de manera adecuada dichas banderas. Uno de los partidos que se declara como el único de izquierda democrática y de oposición, ignorando con esta afirmación a los demás que desean caminar por la misma senda, es el Polo Democrático Alternativo. Es un error que sus dirigentes hagan esa declaración, cuando se ha visto que el partido no ha querido salir del radicalismo acomodado en el que se encuentra. Un radicalismo que es liderado por sectores de la Anapo y el Moir. Sus directivas no han querido repensar el partido y, además, no han tenido en cuenta las voces de muchos de sus militantes que desean que el Polo salga de las discusiones egocentristas de sus directivas y se centre en la realidad nacional. Aunque sea difícil de creer, otro de los partidos que dice ser de izquierda, o por lo menos socialdemócrata, es el Liberal. De por sí, es miembro pleno de la Internacional socialista, mientras que el Polo es observador. La propuesta para que los liberales entraran a la línea socialdemócrata fue del ex presidente Alfonso López Michelsen. Dicha idea fue acogida por algunos sectores, pero en la actualidad son más los dirigentes de este partido que se oponen a ella, que los que la apoyan; aunque no hay que negar que ese es un gran gancho para que los jóvenes se sumen sus huestes. Pero no es lógico que este partido se declare socialdemócrata cuando siempre ha estado cómodo en la derecha, hoy no tan radical como antes, pero siempre lejos de lo que es la socialdemocracia. Otro partido que tiene un ala de izquierda es el Verde, y no precisamente encabezada por Luis Eduardo Garzón, el cual sigue el mismo camino de José Obdulio Gaviria, sino por una gran cantidad de militantes que han comprendido que la solución de buena parte de los problemas del país está en lo social. Aunque en la actualidad esa ideología peligra dentro del partido, no solamente por haber hecho una alianza con el expresidente Uribe para llegar a la alcaldía, la cual afortunadamente no consiguieron, sino por las pretensiones de la senadora Gilma Jiménez, la cual, al parecer, quiere que le den la dirección del partido, pues, según ella, es la que más votos aportó en las últimas elecciones. Si eso llega a hacerse realidad, uribe ya tendría otro lugar al cual llegar tranquilamente si le siguen dando la espalda en la U, pues esta senadora es una de sus fervientes admiradoras, al igual que el ex alcalde Peñalosa y el representante Prada. Otro de los que hasta el momento se ha autodenominado como de izquierda democrática es el nuevo movimiento encabezado por el alcalde electo de Bogotá, Gustavo Petro. Progresistas está integrado en gran parte por disidentes del Polo y de otras variantes de izquierda del país. Pero su verdadera línea solamente se podrá conocer cuando el movimiento tenga unas directivas formales y después de que Petro se posesione como alcalde. Con el panorama de los partidos de izquierda, o de los que pretenden serlo, no es posible ejercer una oposición solida al actual gobierno. Antes, es necesario repensar la izquierda colombiana y cuestionar las bases sobre las cuales se fundamentó. Hay que ser conscientes que esas bases no eran lo suficientemente solidas y lo que se hizo fue traer un modelo que “funcionaba” en Europa, pero que no ha dado frutos en Colombia. Repensar la izquierda colombiana es ver que en el siglo XXI no puede funcionar un modelo que ni siquiera funcionó en los años 60, menos cuando los sistemas económicos que se desarrollan en la actualidad no tienen entre sus planes lo social. Hay que actualizar la izquierda, sacarla del radicalismo en la que ha estado sumida. Su discurso debe dejar de ser excluyente y debe exponerse en un nivel en que todos los ciudadanos puedan comprenderlo. Para poder replantearla adecuadamente, es necesario tener en cuenta los discursos de los intelectuales colombianos que están dispuestos a aportar herramientas para el nuevo camino que se tiene que tomar. La izquierda debe aterrizar sus ideas, además de ser consciente que Colombia es un país en el cual es necesario trabajar de la mano con sectores sociales, gubernamentales, sociedad civil; que es necesario trabajar a la par y en conjunto con las ideologías de centro, de derecha, con la religión y con otra infinidad de sectores. Pero esto no se podrá llevar a cabo si los dirigentes de los partidos no están dispuestos a dejar sus egos a un lado, aceptar que el poder colombiano requiere un relevo generacional y que las bases ideológicas de la izquierda deben ser cuestionadas y replanteadas. Mientras esto no sea así, la oposición que le haga la izquierda colombiana a un gobierno de derecha y a políticas perjudiciales, no dará frutos que favorezcan a la mayoría de los colombianos. Así que replantear la izquierda colombiana es más necesario hoy que nunca, aunque algunos digan que esta pasa por un buen momento. Si no se hace una reflexión académica, de campo y que aterrice a la izquierda en la actualidad colombiana, el futuro que le espera es su desaparición, o en el peor de los casos, que se convierta en el objeto de burla de los colombianos. Twitter: Miguel_AngelCPágina Web: Palabras-Sucias.com